NUEVO DIGITAL Internacional - Graves insultos de Jesse Jackson al candidato demócrata: El activismo 'afroamericano' de los sesenta, en caída libre ante un perfil postracial de Barack Obama que, sin embargo, no logra cerrar el abismo entre razas
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Graves insultos de Jesse Jackson al candidato demócrata: El activismo 'afroamericano' de los sesenta, en caída libre ante un perfil postracial de Barack Obama que, sin embargo, no logra cerrar el abismo entre razas

Graves insultos de Jesse Jackson al candidato demócrata: El activismo 'afroamericano' de los sesenta, en caída libre ante un perfil postracial de Barack Obama que, sin embargo, no logra cerrar el abismo entre razas

21.07.08 • 02:34 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Jesse Jackson tiene el don de la ubicuidad. Ese, o cualquier otro que le permita codearse con los monarcas saudíes que daban lecciones al mundo de “moderación, ponderación y tolerancia” (ND) en la Conferencia Interreligiosa de Madrid mientras, al mismo tiempo, metía la pata hasta el fondo en los Estados Unidos, con los canales de noticias echando fuego con su nombre en pantalla. Y, además, utilizando un lenguaje poco apropiado para un reverendo. Jackson pronunció en referencia a Obama la palabra más prohibida y maldita en el inglés americano, tan maldita que, sea cual sea su contexto, sólo es nombrada con su inicial. Y, por si fuera poco, al virtual candidato demócrata le debieron pitar los oídos con las alusiones del activista ‘afroamericano’ a lo que le cortaría de su anatomía, y que no eran precisamente las orejas, sino lo que el argot callejero utilizado por Jackson denomina como “nueces”. En concreto, 'dos' nueces. Ni una más, ni una menos.

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Si Martin Luther King tuvo un sueño, lo que tiene Obama no son sino pesadillas, y las peores no surgen de las fantasmagóricas acusaciones sobre su supuesta condición de musulmán en el armario, tan burdas que hasta políticos republicanos de postín como el propio alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se están uniendo en su descalificación (ND). Por el contrario, son los reverendos negros del racismo negro los que peor se lo están haciendo pasar desde los púlpitos más brutalmente cristianos. El nerviosismo ante un negro que no es lo suficientemente negro está desembocando en el pánico que precede al desmoronamiento de una época, la de los derechos civiles y el victimismo ‘afroamericano’ convertido en arma arrojadiza contra los Estados Unidos descritos como una nación de blancos poderosos y un enorme rebaño de pieles oscuras brutalizadas por la crueldad de los “demonios de ojos azules”, como decía Malcolm X (ND).

La traición de un Tío Tom

Con el súbito y abrupto movimiento reivindicativo de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos comenzó una especie de extraña alianza entre los emigrantes musulmanes en Estados Unidos y la no menos extraña secta islamista del ultrarracismo de la Nación del Islam (con quien el ‘sufismo’ de la Junta Islámica española estrechó inquebrantable coalición hace un par de años (ND)), y que, con lentitud y en los últimos tiempos, pretende cercarse a un sunismo más homologable con el islam internacional, en un intento de absorber a la emigración árabe en Estados Unidos y acogerla bajo el ya tradicional paraguas de la reclamación de los 'derechos civiles' (ND).

Pero si en el ámbito de la hereje desviación islámica del activismo negro estadounidense las cosas están revueltas en una incontenible espiral degenerativa que está culminando su habitual parafernalia escénica mafiosa en escisiones dedicadas al asesinato de periodistas molestos, como sucedió con Your Black Muslim Bakery (ND), las cosas en el lado cristiano no están mucho mejor. De hecho, están mucho, mucho peor, como se está demostrando con los constantes sobresaltos que los popes del activismo negro de iglesia y godspell de rítmicas palmaditas están inflingiendo a Barack Obama, el hombre al que muchos negros cómodos con la discriminación positiva tradicional explotada por Hillary Clinton odian tanto que están dispuestos a votar al republicano McCain antes que al negro que no es demasiado negro, o que es casi blanco, un inesperado Tío Tom a punto de sentarse en la Casa Blanca y no en la Casa Negra que sus padres hubieran soñado bajo tres kilos de pelo ‘afro’.

Jackson, contra las 'nueces' de Obama

Muchos pensaban que las cosas no podían ir a peor tras los iracundos sermones del odio negro antiamericano lanzado por el pastor que le casó y que bautizó a sus hijos. Pero, en efecto, podían ir a peor. Ahora ya no era un influyente pero semidesconocido clérigo tonando barbaridades de odio y rencor contra unos Estados Unidos que se “merecieron” el 11-S, sino uno de las grandes eminencias del activismo ‘afroamericano’ más tradicional y, lo peor de todo, más ‘moderado’. Pero poco moderado debía estar Jesse Jackson cuando reconoció a otro invitado ante los micrófonos de la Fox -no cerrados durante una pausa publicitaria- que le gustaría “cortarle las pelotas” (“cut off his nuts”) a Obama por “hablar en tono condescendiente” a los estadounidenses negros. Primero se supo eso y el reverendo se disculpó. Pero poco días después se conoció la secuencia completa de los comentarios despectivos de Jackson, y, en ellos, utilizaba la palabra más maldita del inglés americano, la palabra que sólo se menciona por su inicial, ‘the N-word’. Y la palabra era “niggers”.

En una frase difícil de traducir puesto que en español, el ‘negro’ peyorativo y el ‘negro’ descriptivo coinciden, sin que exista palabra distinta para el extremadamente despectivo ‘nigger’, Jackson dijo: “Barack...he's talking down to black people...telling niggers how to behave” (“Barack… habla con condescendencia a los negros… le dice a los ‘niggers’ cómo comportarse”). Y es entonces cuando remató que le gustaría cortarle las “nueces” a la entrepierna del candidato demócrata (Vídeo). El significativo desliz fue denunciado por el mucho más vitriólico, Al Sharpton, sin duda el monarca absoluto del racismo negro cristiano desde el odio de altar. “Estoy muy decepcionado”, dijo el ‘otro’ reverendo, de quien sí se podían esperar exabruptos similares, y no del relativamente aflautado Jackson. Pero el problema es que Jackson venía no sólo de condenar a la Palabra-N, sino de echar todo el fuego del infierno sobre el racismo de dos hombres, un locutor y un actor, que se habían atrevido a utilizarla. En broma, pero la habían utilizado. En otras palabras, eran blancos.

Historia reciente de los más estruendosos 'niggers'

Primero fue el monologuista Michael Richard (el gigantesco, excéntrico y tierno 'Kramer' de 'Seinfeld') el que, en medio de un show de monólogos, pronunció repetidamente la palabra ‘nigger’ en un enfrentamiento con un grupo de, precisamente, alborotadores "negros", lo que derivó en una extremadamente tensa situación que empeoró cuando se dirigió varias veces a uno de los espectadores revoltosos con la aun más despectiva pronunciación de guetto negro de 'nigga' (Vídeo - secuencia completa - subtitulado en inglés). Más tarde fue la pesadilla padecida por el locutor Don Imus después de que se refiriera en plan jocoso a unas jugadoras negras de baloncesto con los no menos callejeros ‘bitches’, ‘hos’ y ‘niggas’ que, por otra parte, pueden ser escuchados en cualquier rap negro que se precie (ND). A diferencia de los raperos negros, Richard fue obligado a humillada petición de perdón en programa de máxima audiencia (vídeo) -de la que ahora se resarce el propietario del club donde fue pronunciada la palabra entre acusaciones de "hipocresía" hacia el reverendo-, y más tarde se disculpó personalmente con Sharpton y con el propio Jackson. Por su parte, Imus, fue despedido ignominiosamente en medio de un linchamiento general del cristianismo negro aliado con el agnosticismo blanco progresista. Ya durante el acoso y derribo de Michael Richard, el propio Jesse Jackson había propuesto que se “prohibiera” la palabra “nigger”.

Y ahora... Primero, antes de emitirse el vídeo, el activista 'afroamericano' negó que hubiera utilizado la palabra. Después, probando su propia medicina, se vio obligado a emitir un comunicado desde Madrid, en una pausa del constante besamanos al rey saudí durante la Conferencia Interreligiosa, declarándose “profundamente apenado” por “el dolor y el disgusto” causado por sus “hirientes palabras”. “Realmente no hay justificación para mis comentarios y espero que la familia Obama y el público de Estados Unidos me perdone”, concluía. Sin embargo, no iba a ser el único escándalo en que se iba a ver envuelto el candidato demócrata esos días. Y, como siempre, lo peor iba a llegar de nuevo desde el ‘fuego amigo’ de lo más ‘chic’ de la ultra-progre-sía neoyorquina. En concreto, del New Yorker, y de la portada de su último número, una portada en la que, en el habitual tono de ironía-sátira-mordacidad esteticista de alto nivel se describía a un Barack Obama con un atuendo típicamente musulmán, acompañado de su mujer Michelle caracterizada como una ‘pantera negra’, mientras arde en la chimenea de lo que es obviamente la Oficina Oval de la Casa Blanca una bandera estadounidense, y todo bajo un retrato de Osama bin Laden.

Blanco para unos, negro para otros

La revista pretendía mostrar en un solo golpe todos los frentes abiertos en la ‘difamación’ de Obama, pero lo que consiguió fue no sólo la cólera del propio candidato, que consideró un insulto a los musulmanes estadounidenses la broma, sino la del propio John McCain, que, en uno más de los capotes echados sobre su gran y virtual rival, se unía a los calificativos de “inapropiada” y “ofensiva” lanzados desde la campaña demócrata, en pleno desconcierto de la revista que se apresuraba a republicar en su edición digital otras portadas de "sátira política" no tan distintas a la que aún causa furor en estos momentos pero que, sin embargo, pasaron mucho más desapercibidas.

Pero también Barack Obama ha llevado el desconcierto a su propio bando con un discurso postracial que, sin embargo, las encuestas se encargan una y otra vez de demostrar que no cala en las razas. Ni en la blanca, ni en la negra. Los últimos datos son de la semana pasada, cuando una consulta realizada de forma conjunta por el New York Times y por la CBS desvelaba que más del 80 por ciento de los potenciales votantes negros apoyan al candidato demócrata, mientras sólo un 30 por ciento comparte ese criterio en el caso de los blancos. Acosado por insinuaciones de ser un musulmán 'tapado', lo peor sin embargo para Barack Obama viene de su propio campo, donde el activismo tradicional de victimismo pseudorracista le considera un negro no demasiado negro, y en el lado blanco de enfrente se recuerda que un negro no demasiado negro sigue siendo un negro, un negro más o menos negro, pero rodeado de toda la fiereza racial negra de la que el candidato demócrata no logra desembarazarse ni tan siquiera desde la sátira chic en el cálido refugio amigo del New Yorker.



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