NUEVO DIGITAL Internacional - La crisis de los gitanos se extiende a Escandinavia: Políticos laboristas y conservadores coinciden en exigir a Oslo que Noruega no se convierta en "un mercado para los ladrones profesionales del Este de Europa"
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La crisis de los gitanos se extiende a Escandinavia: Políticos laboristas y conservadores coinciden en exigir a Oslo que Noruega no se convierta en "un mercado para los ladrones profesionales del Este de Europa"

La crisis de los gitanos se extiende a Escandinavia: Políticos laboristas y conservadores coinciden en exigir a Oslo que Noruega no se convierta en "un mercado para los ladrones profesionales del Este de Europa"

23.07.08 • 03:12 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Arrecia la corrección política en la crisis europea con los gitanos del Este de Europa, pero también las extremadamente agrias respuestas incluso desde dentro de la policía y de la propia política profesional. Respecto al primer caso, en el Reino Unido, la responsable del ‘Directorado de Diversidad’ de la Policía Metropolitana de Londres institucionalizaba un sorpresivo ‘Mes de la Historia del Gitano Nómada’ y exigía en la intranet del cuerpo policial que los agentes “homenajearan” la contribución de los gitanos a “la cultura de Londres”, a la vez que reconocieran su aportación a la “rica tapicería de la diversidad del Reino Unido”. Pero las respuestas de algunos policías no se hicieron esperar. "¿En qué planeta está viviendo esta señora?", contestaba de forma desabrida un detective. No desde luego en el planeta británico, ni, desde luego, tampoco en el noruego, el último país que se ha unido a una gravísima y simultánea preocupación en toda Europa ante la irrupción masiva de miles y miles de gitanos procedentes de los Balcanes, ahora ya sin fronteras para recorrer libremente el continente de punta a punta.

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De la Denise Milani de la que más se habla en Internet es de esta abrumadoramente turgente y convexa señorita, aquí mostrada en su versión online más presentable para un medio de comunicación, a pesar de tener potente web propia. Muchas, muchas páginas detrás en Google, comienza a aparecer otra Denise Milani, en concreto la que está provocando que les suba el calor a los policías de Londres, masculinos y femeninos, y no precisamente por ninguna convexidad corporal, sino más bien por lo que ellos presienten como su potencial vacua concavidad craneal. “La Policía Metropolitana trabaja para hacer de Londres una ciudad más segura para todos y estamos comprometidos con la comprensión y el trabajo con todas las comunidades, incluyendo a la comunidad de gitanos nómadas”, decía la Milani de la ‘diversidad’. Pero cosa muy distinta piensa la comunidad sedentaria de los inspectores y agentes policiales que se las ve todos los días con cientos de gitanos, la mayor parte de ellos menores, asolando con sus robos y la clonación de tarjetas de cajero automático a los turistas y ciudadanos del centro de Londres.

Una potente industria criminal

En declaraciones recogidas por medios británicos, un detective, amparado en el anonimato del ‘off-the-record’, se preguntaba “en qué planeta está viviendo esta señora”. “Estamos siendo asolados por bandas de gitanos rumanos que atacan a personas inocentes en el West End. ¿Cómo está mejorando esto la rica tapicería de la vida cultural del Reino Unido?”, concluía. Las bandas gitanas aprovechan la casi absoluta tolerancia de las legislaciones occidentales con los delitos cometidos por menores para convertir la impunidad en una industria que, según los informes de la propia policía británica, genera no menos de unas 100.000 libras por año y por cabeza (unos 126.000 euros), que terminan convertidos en una vida de coches de lujo y propiedades inmobiliarias en los países de origen. La gigantesca industria criminal paneuropea tejida por la ‘rica tapicería’ de la delincuencia de los gitanos balcánicos ha sido descrita ya en varios informes policiales británicos que NUEVO DIGITAL recogía a comienzos de año, coincidiendo con una serie de redadas a la desesperada realizadas por los cuerpos policiales ante una situación que se iba de las manos por horas (ND).

Mientras el mundo se queda con la imagen de las dos menores gitanas ahogadas en una playa italiana y tapadas con toallas como símbolo de lo que se ha descrito, desde los más majestuosos solios eclesiales católicos a los comités centrales de las más descentradas izquierdas progres-istas, como “insensibilidad” europea, sólo algunas informaciones recuerdan que esas mismas menores habían ido a mendigar y a robar a las playas en una acción coordinada por los duros tipos de las bandas que, por el contrario, pocas palabras de condena encuentran, si es que alguna se pronuncia.

Gitanos balcánicos y gitanos 'nacionales'

El rechazo simultáneo en todo el continente a una población gitana que se ha extendido de forma coincidente y masiva por toda la Europa rica diseminando robos, asesinatos y todo tipo de comportamientos antisociales ha terminado provocando una situación muy parecida a la que se vivía a finales de la Edad Media, cuando los documentos muestran que en todo el continente fueron acogidos, desde su incierto lugar de origen en la India medieval, al principio con curiosidad y simpatía, pero que también en todo el continente fueron rechazados muy poco después con la misma y sorprendente unanimidad simultánea, en el inicio de lo que sería ya una persecución de siglos, agravada por el fracaso de todo intento de integración a la sociedad general, desde los Reyes Católicos y su nieto Carlos I, a los infames campos de concentración de Hitler, en un camino que también marcó la implacable vara de Stalin y sus regímenes comunistas en su lado del Telón de Acero, con singular mención para el ‘especializado’ Ceaucescu y sin olvidar el férreo marcaje de Franco en la España totalitaria del siglo XX.

Todo fracasó y, con la apertura de las fronteras de los países balcánicos tras su entrada en la Unión Europea, las bienintencionadas políticas de integración también se han estrellado contra una comunidad extremadamente refractaria a abandonar unos hábitos de vida que, en las sociedades democráticas, se han convertido en práctica impunidad delictiva. En el Reino Unido, más allá de los gitanos balcánicos, los conflictos de la sociedad general con los gitanos ‘autóctonos’ son también constantes por, cuanto menos, la ocupación de tierras privadas con sus caravanas que abandonan convertidas en inmensos basureros que, a su vez, lindan con las casas donde los ciudadanos consideran que se ha abatido sobre ellos una especie de peste bíblica. En Italia, la situación ha desembocado en asesinatos y violaciones por un lado, y en quema de campamentos en represalia por el otro, en medio de abrumados y urgentes viajes del presidente rumano intentando apagar una crisis entre los dos países que tomaba dimensiones de declaraciones prebélicas y que aún se desarrolla en medio de propuestas de una sorprendente agresividad, entre ellas, las de la toma de huellas dactilares a niños gitanos.

Líder histórico laborista noruego: "¡Echadlos de aquí!"

Pero es precisamente en Rumanía y en Bulgaria, los dos países de origen principales de los miles de gitanos dispersados por Europa, donde más sienten el devastador daño de imagen que representan sus incontrolados ciudadanos ‘nómadas’ (ND). Las agencias búlgaras en inglés reflejan con indisimulada desolación cómo “la agresiva, a menudo teatral” forma de mendicidad de estos gitanos ha llevado a que Noruega se haya unido a la preocupación continental por un problema que se extiende por todos los países de la Europa Occidental. Allí, en el país escandinavo prototipo de tolerancia y diversidad, el carismático ex líder de los laboristas, Haakon Lie, de 102 años, tonaba en la prensa de referencia de Oslo un contundente “¡Echadlos de aquí!”. “Noruega no debería convertirse en un mercado para los mendigos profesionales y los ladrones del Este de Europa”, añadía el muy anciano político izquierdista. Pero también desde el lado conservador, portavoces y políticos se unían en una extremadamente inusual alianza en la exigencia de deportación de los mendigos extranjeros.

Sin embargo, desde el gobierno noruego, su titular de Justicia, otro laborista, se negaba a aceptar tales exigencias y, por el contrario, prefería adoptar la posición de la corrección política a ultranza. “Este no es un problema que pueda resolver la policía. Los mendigos extranjeros vienen aquí porque Noruega es un país rico. Por el contrario, deberíamos intentar ayudarlos para que dejen de mendigar”, declaraba, con su receta para el problema, Knut Storberget. Por si fuera poco, la deportación, en su opinión, se presenta como extremadamente compleja dado que son ciudadanos de pleno derecho con igual potestad que cualquiera para moverse libremente, junto con el 'rico tapiz de su diversidad', a todo lo ancho y largo del territorio insular y continental europeo.



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