Hacia un 'Papa protestante' en el enfrentamiento por la ordenación de mujeres y gays: La Iglesia de Inglaterra se plantea la creación de una 'Inquisición' interna para evitar el cisma
X- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO/SELECCIÓN - CATÓLICOS, PROTESTANTES Y MUSULMANES: CONQUISTA, RECONQUISTA, REFORMA Y CONTRARREFORMA EN EL SIGLO XXI
La comparación con la católica Congregación para la Doctrina de la Fe es inmediata. Pero muy pocos se resisten en el Reino Unido a pronunciar las palabras ‘Santo Oficio’ o, incluso en los medios más serios y adustos, ‘Inquisición’. ¿Bienvenidos al siglo XVI? Esta vez, quien se levanta en Canterbury no es un consumado ‘antipapa’ protestante, sino un potencial ‘Papa luterano’. Junto con las ilustraciones de grabados renacentistas mostrando espantosas torturas en el socorrido recurso de la Leyenda Negra española revivida en la ‘Spanish Inquisition’, el vértigo de la historia sorprende cuando en las iglesias británicas vuelve a gritarse “¡Herejía, herejía!” y “¡Arrepiéntete, arrepiéntete!”. Con mujeres y homosexuales sentados en solios eclesiásticos (ND), con un frente islámico que acosa desde las fronteras ya interiores (ND), y con una Iglesia Católica que, esta vez, se aflige con las tribulaciones de quienes hace apenas cuatro siglos eran aún el Anticristo en medio de una Europa empapada de sangre cristiana, la siguiente es la crónica de una nueva agitación de siglos que no sólo no está cerrada, sino que resuena ya en un nuevo abismo de cismas.
Seguimiento:
“¿No habrá nadie de entre estos caballeros que se comen mi pan que me libre de este conflictivo cura?”. Difieren las versiones sobre lo que Enrique II gritó exactamente en referencia a Thomas Beckett, pero su queja sirvió como una orden para que cuatro caballeros asesinaran poco después al Arzobispo de Canterbury en uno de los episodios míticos del brutal enfrentamiento entre la Iglesia y el poder terrenal que, además, derivó en una grave tensión entre el alto clero y Roma. Del mítico crimen de finales de 1170 salió un santo que es venerado igual por anglicanos y por católicos, y que se convirtió en el símbolo de la rebeldía y de la independencia mantenida hasta el último suspiro en un obispo desarmado agonizando en el suelo, con la sangre teñida del color blanco del cerebro esparciéndose por las heladas losas de la catedral.
"Arrepiéntete, arrepiéntete"
Casi ocho siglos y medio después, Canterbury vuelve a estremecerse con gritos de ecos históricos, con las agrias acusaciones de herejía, con el pulso a muerte entre poderes, con las fidelidades divididas. Esta vez, -en realidad, también como entonces-, la guerra es interna, y la hidra de la división próxima al cisma regresa, como una pelota que rebota, desde las colonias británicas donde una vez desembarcó el poder anglicano. La ordenación de mujeres es ya una práctica admitida en Estados Unidos, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, tan admitida, que los episcopalianos estadounidenses están regidos ahora por una de ellas. Victoria Matthews, que ha sido ‘obispa’ en Canadá durante los últimos quince años y cuyo ministerio ha sido trasladado ahora a Nueva Zelanda, prevé ya el día en que los anglicanos de todo el mundo sean dirigidos, precisamente, por una mujer. La propia Iglesia de Inglaterra anunciaba a comienzos de año que ordenará a mujeres, y con ese anuncio no hacía más que enervar hasta extremos insoportables el otro gran frente abierto entre los anglicanos: la ordenación de homosexuales declarados.
El pasado domingo día 13, el obispo estadounidense Gene Robinson celebraba un oficio religioso en la Iglesia de St. Mary en Putney, en el suroeste de Londres, cuando un hombre joven de pelo largo y vestido con una camiseta se levantó en medio del sermón y apuntando al prelado comenzó a gritar, entre imputaciones de "herejía": "¡Arrepiéntete, arrepiéntete!". El hombre fue expulsado de la iglesia y Robinson pidió que quienes ya le apoyaban con sus aplausos rezaran también por quien le acababa de interrumpir y acusar. Robinson no es cualquier obispo, sino el obispo de New Hampshire ordenado en 2003 y que mantiene una relación sentimental desde hace dos décadas con otro hombre. Abierta y declaradamente homosexual, Robinson es, en definitiva, la imagen viva del cisma en que está a punto de caer la Iglesia de Inglaterra, con una parte de ella dispuesta no sólo a separarse del tronco común, sino a negociar su (re)incorporación a la disciplina católica papal antes que a rezar a bajo la dirección de una mujer o de un gay (ND).
Un 'Papa anglicano' para una Inquisición protestante
Robinson no se encontraba por casualidad estos días en Londres. En la capital inglesa se celebra la denominada Conferencia de Lambeth, un encuentro que reúne cada diez años a representantes de las iglesias nacionales anglicanas con el fin de discutir y acercar posiciones, por mucho que las resoluciones no tengan carácter vinculante. La anterior reunión de 1998 ya dictaminó contra la ordenación de homosexuales puesto que “la práctica homosexual” es “incompatible con las Escrituras”. Pero los episcopalianos rebeldes de Estados Unidos dejaron de lado la resolución mayoritaria y ordenaron a Robinson. La tensión interna es tan fuerte que el ‘progresista’ arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, decidió no invitar al obispo de New Hampshire con el fin de que ni tan siquiera hubiera contacto físico o visual con el hombre que simboliza el potencial cisma. Precisamente desde medios ‘progresistas’ de Estados Unidos se destacaba cómo, a pesar de no haber sido invitado, Robinson “había ido de todas formas”. El provocador desafío no había hecho más que comenzar.
En medio de estas tensiones, en la Conferencia de Lambeth se filtraba un documento en el que se contempla la creación de una denominada 'Comisión para la Fe y el Orden', y que unánimemente se equipara con “una versión anglicana de la Inquisición de la Iglesia Católica Romana”, como la definía el Times de Londres bajo el grabado de una tortura inquisitorial y con un pie de foto extremadamente bien definido en su intención: “¿Imaginando matrimonios homosexuales? Piénsatelo mejor…”. En el documento se realiza un encendido elogio de la necesaria unidad y, por ello, se condena “la fragmentación interna (entre los anglicanos) así como la confusión entre los compañeros de ecumenismo”. La función de ese ‘Santo Oficio anglicano’ se establecería en la provisión de una “guía para los temas eclesiales surgidos de nuestra actual crisis”.
Vaticano: Graves consecuencias de la 'rebeldía' anglicana
Pero a muchos no se les escapa que, por mucho que Rowan Williams lo negara, la centralización dogmática estaría acompañada de una simultánea centralización de poder personal en la figura de un arzobispo de Canterbury que se convertiría en algo así como en un ‘Papa anglicano’ que pudiera facilitar tanta solidez y armonía como la que emana desde el Vaticano, siempre muy por encima de las ocasionales rebeldías y cuyo último cisma de importancia se remonta, precisamente, al de los propios anglicanos. De hecho, las suspicacias han surgido tanto en el 'bando' conservador como en el progresista: los primeros ya se plantean el cisma con la creación de una nueva provincia en Estados Unidos que se separe del huracán "hereje" soplado por mujeres y gays ordenados, mientras el movimiento 'rebelde progresista' defiende la independencia de las iglesias nacionales, por lo que nada más alejado de sus deseos que un poder centralizado con poder doctrinario, si no ejecutivo.
¿Y qué se dice desde “los compañeros del ecumenismo”, esto es, desde el lado romano católico? El cardenal Cormac Murphy-O’Connor, arzobispo de Westminster y líder de los católicos de Inglaterra y Gales, se lamentaba de que los conflictos internos entre los anglicanos iban a retrasar “más de lo que hubiéramos imaginado en primera instancia” el camino hacia la unidad entre las iglesias. Murphy-O’Connor reconocía que, hasta que no estén resueltas todas las cuestiones en torno a la homosexualidad dentro de la Iglesia de Inglaterra, el rumbo común de la negociación entre Canterbury y Westminster continuará "pero no será fácil". Con un Vaticano tan frontalmente opuesto a mujeres sacerdotes, gays obispos y matrimonios entre homosexuales, el sector ‘conservador’ entre los anglicanos se acerca cada vez más a una Iglesia Católica que, a veces, no puede reprimir declaraciones que causan un grave sentimiento de ultraje entre la parte rebelde y progresista de los atribulados protestantes al otro lado del Canal.
"Alzheimer espiritual y Parkinson eclesial"
En este sentido cabe interpretar las palabras del cadenal Ivan Dias, el mismo y gran diplomático prelado viajero tan sutil con otras religiones nacionales abiertamente hostiles al cristianismo y que conseguía inaugurar en febrero la primera iglesia cristiana en Qatar (ND). Dias resaltaba ante la propia Conferencia de Lambeth cómo la Iglesia de Inglaterra “está sufriendo de Alzheimer espiritual y Parkinson eclesial”, en lo que se interpreta como una toma de posición directa del Papa Benedicto XVI respecto a las herejías internas que se expanden en el seno de unos antiguos herejes protestantes que ahora, lo que cambian las cosas, necesitan toda la ayuda y todo el apoyo que pueda llegar desde la Roma del Vaticano.
