El Vaticano se une al pulso contra Washington: La Iglesia católica de Estados Unidos, acusada de sabotear la lucha contra la inmigración ilegal ordenada por Bush
X- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO/SELECCIÓN - FUERTES TENSIONES EN ESTADOS UNIDOS POR LA MASIVA INMIGRACIÓN ILEGAL LATINA: DEL FIN DEL 'MELTING POT' AL 'DERRUMBE DEL SUEÑO AMERICANO' PASANDO POR LA 'RECONQUISTA' DE LA 'TIERRA ROBADA' A MÉXICO
No es sólo el tema de la pederastia lo que está poniendo en el disparadero a la Iglesia católica de Estados Unidos. De hecho, pasada la gran crisis de su descubrimiento y gestión, el escándalo se está convirtiendo en un argumento más en el ataque a una institución religiosa tradicionalmente vista con extrema suspicacia entre las mayorías protestantes estadounidenses. Pero ahora, la acusación excede al ámbito personal para pasar a poco menos que a las imputaciones de ‘traición’. En un supuesto esfuerzo concertado al que se habría unido el Vaticano, la Iglesia católica de Estados Unidos es acusada -principalmente por la derecha conservadora y republicana, pero también por amplios sectores del ‘progresismo’ más templado e institucionalizado- de transformar su misión pastoral de ‘solidaridad con los pobres’ en un inmenso y bien financiado esfuerzo de boicot de la política federal contra la inmigración ilegal. Inmigración ilegal principalmente latinoamericana y, por tanto, católica. En este contexto, destacados cardenales han llamado, directa y públicamente, a la desobediencia de las normas dictadas desde Washington.
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En plena ofensiva federal contra la inmigración ilegal que, en nueve meses, ha hecho posible la detención de 4.500 trabajadores indocumentados y de 111 empresarios que los empleaban, así como la emisión de contundentes órdenes de expulsión a 26.000 trabajadores ilegales, dos destacados cardenales estadounidenses levantaban su voz para condenar “la terrible crisis” de la situación actual de la inmigración en Estados Unidos, además de para denunciar lo que es, en su opinión, “un momento oscuro en la historia de nuestra nación”. Las agrias imputaciones han sido lanzadas, por un lado, por el cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo retirado de Washington, pero, sobre todo, por quien es hoy no sólo la más destacada y radical voz en la oposición católica a la política inmigratoria de la Casa Blanca, sino por quien, además, ha llegado abiertamente a clamar por la desobediencia de las leyes y reglamentos federales en este sentido.
Cardenales en desobediencia civil
Se trata del cardenal Roger M. Mahony quien, desde su diócesis en el ‘punto caliente’ de Los Ángeles, hace ya un par de años que, en plena crisis provocada por la más tarde fracasada reforma inmigratoria, llamaba desde el púlpito de su catedral a desobedecer la normativa aprobada nada menos que en la Cámara de Representantes y que incluía la comprobación del estatus inmigratorio de todos y cada uno de quienes solicitaran ayuda social a cualquier tipo de institución de asistencia civil o religiosa, por supuesto, Iglesia católica incluida. “La Iglesia no esté en posición de negociar las obras de misericordia física y espiritual. Debemos ser capaces de atender a las personas con independencia de cómo llegaron aquí”, afirmaba Mahony entonces al pedir a su gente que la normativa fuera simplemente ignorada.
Como era de esperar, apoyó al cardenal en su revuelta el alcalde de la ciudad, Antonio Villaraigosa, visto como un ‘topo’ de la supuesta estrategia de ‘invasión’ latina del sur de los Estados Unidos que el movimiento Aztlán califica de “recuperación de la tierra robada a México”. Pero desde las autoridades del condado de Los Ángeles se denunciaba “el apoyo de Mahony a la inmigración ilegal” como “una bofetada en la cara de nuestros inmigrantes legales que obedecen la ley y contribuyen a las comunidades de nuestra nación”. Nada de esto pareció impresionar al cardenal que, por toda respuesta, remitió una vitriólica carta al presidente Bush denunciando como “asombroso” que el gobierno federal “reprima nuestra atención espiritual y pastoral a los pobres, y nos imponga castigos por hacer lo que nuestra fe nos exige”. Sin embargo, el cardenal ya se había destacado con anterioridad en la atención de los necesitados para unos, y en la mina de la legalidad, para otros. De hecho, a partir de entonces, las cosas se iban a agravar con la incorporación del Vaticano al pulso con Washington.
El Papa, en apoyo de la revuelta católica
Desde los nodos informativos del catolicismo estadounidense no sólo se reconocía la amplia cobertura de la Iglesia en la organización de las grandes manifestaciones de protesta contra la ley aprobada por la Cámara de Representantes, sino que se especificaba el fuerte y decidido apoyo logístico a su celebración. Entre denuncias sobre la “criminalización” de la inmigración, se informaba entonces de que la diócesis de Arlington, en Virginia, estaba llevando la voz cantante en la organización de la gran manifestación celebrada en la capital federal en marzo de 2006. Apoyando a la diócesis se encontraban decenas de organizaciones religiosas católicas, entre ellas poderosos y explícitos lobbies obedientes al Vaticano que han actuado como punta de lanza en el enfrentamiento con las autoridades federales de Estados Unidos.
Estos días se ha celebrado una importante conferencia sobre inmigración con el apoyo de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y en la que la denominada Catholic Legal Inmigration Network, junto con otros lobbies católicos, se han destacado todos, entre otras cosas, en el ataque a la expulsión de inmigrantes ilegales que han tenido que dejar atrás a sus hijos ya nacidos en los Estados Unidos. De nuevo era el cardenal Mahony quien denunciaba “la separación de las familias, el acoso y la selección de ciudadanos estadounidenses y de residentes legales, el extendido uso de la detención contra quienes no piensan en huir o no son un peligro, y, trágicamente, las muertes en el desierto de los Estados Unidos”. Pero el asunto se envenenaba con la irrupción del Vaticano en escena, ya suficientemente vilipendiado desde que Benedicto XVI, durante su último viaje al país, realizara un intencionado llamamiento a "continuar dando la bienvenida a los inmigrantes que actualmente se unen a vuestras filas, para compartir sus alegrías y esperanzas, a apoyarlos en sus tristezas y tribulaciones, y a ayudarlos a prosperar en su nuevo hogar".
Un lanzadera de inmmigración ilegal con dinero vaticano
Para empezar, el cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para Migrantes y Personas Itinerantes, remitía una carta al congreso destacando de forma encendida “los aspectos positivos de la inmigración” y urgiendo a continuar la atención de la Iglesia a los inmigrantes con independencia de su condición legal o ilegal dentro del país. Muchas voces del ‘antipapismo’ militante estadounidense recordaron entonces cómo el propio Vaticano, a través de la Comisión Pontificia para Latinoamérica, había donado “al menos, 20.000 dólares” para la construcción de un refugio para inmigrantes ilegales en la localidad mexicana de Ixtepec, un refugio construido y financiado por otra organización católica de bien significativo nombre: ‘The Brothers on the Path’, es decir, ‘Los Hermanos del Camino’. Este ‘refugio’ fue considerado por Washington como una simple lanzadera de la inmigración ilegal centroamericana en su camino hacia los Estados Unidos.
Sólo que, esta vez, había sido el Vaticano quien había puesto dinero de forma directa y abierta, y ello en vísperas de la visita de Benedicto XVI al país, lo que se interpretó en muchos sectores como una nueva provocación que sus posteriores llamamientos pro-inmigratorios no harían más que agravar en lo que ya se ve como un apoyo decidido de la Iglesia en la apocalíptica 'colonización' católico-latina (ND) del país a través de las pobres y papistas masas de los Estados Vaticanos en la Roma latinoamericana.
