María Antonia Virgili, catedrática de Musicología, a NUEVO DIGITAL: "Hoy se detecta un cada vez mayor anhelo de belleza en el hombre contemporáneo"
XSe puede no creer en Dios, pero no se puede no creer en Bach. El Cantor ha llevado más gente a las iglesias y ha facilitado más conversiones que cien millones de catecismos juntos. Conversiones religiosas, pero, además, conversiones no religiosas, las de los agnósticos y ateos también sobrecogidos. Antes, Hildegard von Bingen había proclamado la superioridad mística de la mujer con su monofonía helada, virgen y feminista, y Palestrina había mostrado el enorme armazón de la máquina de Dios, mientras Victoria convertía al imperio español en un imperio celestial desde un Madrid pendenciero, nauseabundo y grandioso. Después llegó la implacable e infinita arquitectura de Bach por la que aún hoy se pelean los historicistas del rigor (a veces, mortis) y los románticos dispuestos a exigir en plena soberbia, ebrios de poder, que Dios baje a escucharnos, no que subamos nosotros a oírle a Él. Un congreso celebrado en Madrid se ha centrado en una pregunta: "¿Qué enigmático poder tiene la música para suscitar una conmoción espiritual tan profunda?". En otras palabras, la relación entre música y espiritualidad. Y el futuro que espera al diálogo entre el arte y lo sagrado, dentro y fuera de la liturgia cristiana.
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Mozart, no dejó su Réquiem incompleto, sino aplazado para terminarlo justo donde sólo se puede terminar un réquiem: si existe el otro lado, en el otro lado; si no existe, con otros compositores que mantengan la inmensa belleza de su falacia. Con Brahms, la muerte se hizo alemana, suave y serena, y con el gran chamán Messiaen, Dios finalmente habló con su propio lenguaje, no traduciendo el de los hombres, ahora abrumados por el poder de lo que escuchaban. Y después… Oh, después el Vaticano II. Las guitarras… esa especie de folk ñoño profanando las iglesias. Ese es justo el momento en que se vacían los templos, cuando ateos y agnósticos se confabulan junto con las bolsas de creyentes en la resistencia para mantener la música de los cristianos que alguien ha echado al circo del Festival de Benidorm. Y hasta ahora. Y, por cierto, ¿qué pasa ahora? ¿Regresan el latín, las misas tridentinas junto con la música de Dios?
"La eterna infancia de Dios"
París, Diciembre 1886. Así narra Paul Claudel el acontecimiento clave en su vida "Fui a Notre Dame para asistir a los Oficios de Navidad. Entonces empezaba a escribir (...). Con un placer mediocre asistí a la Misa Mayor. Después, como no tenía otra cosa que hacer, volví a las Vísperas. Los niños del coro vestidos de blanco y los alumnos del pequeño Seminario de Saint-Nicholas-du-Cardonet que les acompañaban, estaban cantando lo que luego supe que era el Magnificat. Yo permanecía de pie entre la muchedumbre, cerca del segundo pilar a la entrada del coro. Entonces fue cuando se produjo el acontecimiento que ha dominado toda mi vida. En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte... (...). De repente tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una verdadera revelación inefable".
En Madrid, a finales de junio de 2008, musicólogos, historiadores de la música y otros especialistas en el entorno de la Iglesia se han reunido para determinar cómo marcha la música religiosa, la música que Occidente creó para religiosos y creyentes, y también para quienes no creen o ni se plantean planteárselo, pero que, como los fieles, se sorprenden con la mirada aún subida cuando el director ya hace rato que bajó los brazos.
"La música para los ritos sagrados debe ser arte"
La catedrática de Musicología de la Universidad de Valladolid, María Antonia Virgili Blanquet, participó con una ponencia titulada "La belleza y lo sagrado en la música" en este Seminario 'Música y Espiritualidad', organizado por el Capítulo de Estética de AEDOS, la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia. La profesora Virgili es directora de la Colección “Música y Pensamiento”, cuyo Volumen V acaba de salir a la luz y versa sobre “Arte, Música y Sacralidad”, conjunto de apasionantes y profundos trabajos de muy variadas miradas al tema objeto de estudio: compositores contemporáneos, liturgistas, musicólogos, filósofos, etc.
PREGUNTA. ¿Cuáles son las principales conclusiones del VIII Seminario 'Música y Espiritualidad'?
RESPUESTA. Sin haber llegado a establecer unas conclusiones de forma consensuada, desde mi opinión considero que destacó el interés y la urgencia de profundizar en el tema y propiciar una mayor formación de los católicos en aspectos teóricos y prácticos de la música religiosa, pero principalmente de la litúrgica. En segundo lugar se pusieron de relieve aspectos como la idoneidad o no del lenguaje contemporáneo como vehículo del texto sagrado, la importancia del intérprete, así como la relación de teología y música sacra.
P. ¿Cuál es la diferencia, si la hay, entre música para la espiritualidad humana, música para la religión y música para la liturgia?
R. Sí las hay, y muchas. La libertad expresiva de la música religiosa y de la música para la espiritualidad humana es muy amplia, mientras que en la música destinada a la liturgia católica, aquélla debe servir a ésta y debe ser cauce de oración, de elevación a Dios y vehículo de la palabra de Dios a los hombres. Los textos están señalados por la jerarquía de la Iglesia, son escriturísticos y priman por encima de la música. Música y Liturgia es un binomio indivisible en la celebración, el arte musical, por su inmaterialidad, es especialmente idóneo para la expresión del Misterio que se realiza en la liturgia.
Juan Pablo II lo sintetizó magistralmente en 2003 al afirmar: "No puede haber música destinada a la celebración de los sagrados ritos que no sea antes verdadero arte. La música litúrgica debe responder a sus requisitos específicos: la plena adhesión a los textos que presenta, la consonancia con el tiempo y el momento litúrgico al que está destinada, la adecuada correspondencia a los gestos que el rito propone". (Juan Pablo II, 22 de noviembre de 2003).
"El Vaticano II no ordenó la zafiedad"
P. En opinión de muchos, a partir del Concilio Vaticano II, las iglesias se llenaron de instrumentos y cánticos de ínfima calidad ‘pop’ y ‘folk’ en comparación con el gigantesco corpus histórico de música religiosa. ¿Cómo se encuentra la situación en estos momentos más allá de las grandes celebraciones oficiales o religiosas?
R. Considero que se percibe una inquietud en la Iglesia española por mejorar esta situación, pero tendrán que pasar aún algunos años para erradicar esta realidad de nuestras parroquias. El Concilio no decretó en absoluto nada que pudiera dar pie a esa irrupción de zafiedad y falta de calidad artística en la música litúrgica. De hecho en muchos países la situación es muy distinta. Más bien fueron equivocadas interpretaciones del Concilio, como igualmente pasó con aspectos litúrgicos, las que condujeron a esta situación.
Hay que empezar por formar a los futuros sacerdotes, religiosos y religiosas, tanto en el gusto estético, como en la capacidad de valorar el patrimonio musical de la iglesia católica. Ciertamente algunos repertorios sería difícil utilizarlos en la liturgia actual, pero hay muchos que sí podrían perfectamente incorporarse a las rúbricas actuales de la celebración litúrgica. Si a ello añadimos la urgencia de que la Iglesia retome su papel de mecenas que durante siglos desempeñó y vuelva a impulsar la creación contemporánea, pues reconoceremos el camino y el largo recorrido del mismo.
La Iglesia, valorando la reforma litúrgica, señala la necesidad de profundizar en muchos aspectos de la misma y así lo confirman las palabras del Cardenal Sodano pronunciadas en agosto del 2003: "Es útil analizar algunos temas específicos (de la reforma litúrgica conciliar) como por ejemplo la relación entre creatividad y fidelidad, entre culto espiritual y vida, entre catequesis y celebración del Misterio, entre presidencia litúrgica y papel de la asamblea, entre formación en los seminarios y formación permanente de los sacerdotes".
"El anhelo de belleza del hombre contemporáneo"
P. Ha habido quien ha criticado la música religiosa como una creación muchas veces extraña a la celebración religiosa, es decir, como una manifestación ‘artística’ y no espiritual. ¿Cuál es su opinión en ese sentido?.
R. Si hablamos de música religiosa en general, ésta no está obligada a adaptarse y a servir a la celebración. Ambas, música religiosa y música litúrgica, deben ser igualmente artísticas, es decir de calidad y de gran profundidad creativa. Sin embargo, el compositor debe tener muy claro la finalidad y función de su obra y poner su arte al cumplimiento de la misma. No concebiríamos que a un arquitecto le pareciera un límite a su creatividad el que su obra sea un edificio de viviendas, o un puente..., o que creara al margen de esta función. Ese es el caso de la música litúrgica. Arte y espiritualidad no sólo no son incompatibles, sino que difícilmente encontraremos lo segundo en una creación que no sea verdaderamente artística.
P. Las grandes creaciones de música religiosa desde el canto llano hasta el post-romanticismo, o, incluso, hasta Messiaen, continúan siendo la referencia en la manifestación de la espiritualidad como lo fueron en la época en que fueron compuestas, incluso para agnósticos o ateos actuales, que las escuchan con igual placer. ¿Cuándo volverá a converger la música religiosa con la espiritualidad humana, religiosa o no? ¿Es posible hoy esa convergencia o es ya cosa del pasado?.
R. El concepto antropológico actual no ayuda a esta simbiosis ni a estas referencias o convergencias. La visión del hombre como pura materia conduce a una creación artística donde lo espiritual y lo trascendente se ha desvinculado de dicha creación.
Hoy, sin embargo, se detecta cada vez de forma más incisiva un anhelo de belleza en el hombre contemporáneo. Hay excesiva violencia, miseria, radicalidad, fealdad, etc. en el mundo de hoy y el ser humano empieza a estar cansado. La carta escrita a los artistas por el anterior pontífice, Juan Pablo II, es, en este sentido, una llamada a que el artista cristiano ofrezca algo nuevo a este mundo de hoy. Es necesario un esfuerzo de todos y buscar un diálogo constructivo en aquello que nos une: el deseo de lo bello. La convergencia a la que usted ser refiere es alcanzable y debemos propiciarla de nuevo.
"Para un creyente no es aceptable la erradicación de la belleza"
P. ¿Existe hoy un lenguaje musical religioso propio de nuestra época?.
R. La música religiosa no debe tener un estilo cerrado e inalterable. Tampoco, hasta cierto punto, la música litúrgica. Hasta el siglo XX las tendencias artísticas presentes en las artes servían perfectamente al músico para trasladarnos al ámbito de lo sacro. Incluso era el arte religioso el que iba por delante marcando el camino de la evolución estética. Lo que es necesario es formar a los artistas para que experimenten con los lenguajes actuales y muestren aquellos más idóneos para servir a la liturgia.
P. ¿Es la música religiosa y/o espiritual de inspiración religiosa intrínsecamente ‘bella’? ¿Y cuál es el concepto de belleza y expresión en un momento en el que las demás artes han roto por completo los cánones aún ‘populares’ que llegaron hasta el postromanticismo?.
R. Lo religioso, espiritual, etc. no es una cualidad intrínseca del arte, sino una de las funciones del mismo. Debemos preguntarnos más bien si la belleza es intrínseca al arte, respuesta que el arte contemporáneo ha dado hace ya muchos años, negando tal postulado. Para un creyente no es aceptable esta erradicación de la belleza, se deben buscar caminos de diálogo, ampliar el concepto clásico, ahondar caminos ya iniciados por la teología y animar a los artistas a que pongan su arte al servicio de esta búsqueda y de un nuevo encuentro y presencia
P. ¿Cuál es la diferencia entre la música religiosa y la música litúrgica, si la hay –o si la debiera haber?
R. Cualquier compositor puede tildar una composición de “religiosa”, incluso músicas instrumentales sin clara referencia por tanto a temáticas religiosas; depende únicamente de la voluntad del propio compositor. Sin embargo el que una obra sea litúrgica está fuera del compositor, es la específica función que le otorga quien tiene en cada caso poder para ello, la jerarquía de la Iglesia en el seno del catolicismo.
La 'verticalidad' de la música litúrgica
P. ¿Puede ser la música -histórica o de composición ‘contemporánea’- un ‘recurso’ para volver a atraer a la gente a las iglesias?
R. De ningún modo como fin primero. Ese es quizá uno de los errores pastorales que en ocasiones se ha cometido: pensar que a los jóvenes se les atraía brindándoles la posibilidad de convertir la celebración litúrgica en un concierto de rock. La práctica religiosa, la fe en Dios, es algo que debe proceder de la más profunda libertad del hombre y es algo que debe ir de dentro hacia afuera y no al contrario. Los procesos de conversión de muchos católicos, intelectuales algunos de ellos, que han trascendido y que conocemos, son siempre un punto de llegada, o un punto de partida de todo un proceso de interiorización del yo y de encontrar a Dios en su interior. No son producto exclusivo de un pasarlo bien, o de estar a gusto, o de sentirse 'estrella', o, en definitiva, de hacer más 'llevadera' la celebración litúrgica. Eso es una superficialidad que jamás puede llegar a buen puerto.
P. ¿Existe un lenguaje musical religioso contemporáneo que pueda comunicarse con el público en general o con los fieles en particular dada la desconexión de la música ‘culta’ contemporánea respecto a los gustos actuales?
R. El arte contemporáneo es el arte de la incomunicación, cada artista es autor de su propio canon artístico y, por ello, es muy difícil que podamos entenderlo. Algunos compositores intentan hacer un esfuerzo para trasladarnos ese canon, pero el oyente no alcanza a conocer y profundizar del modo que sería necesario en el arte contemporáneo.
Obviamente esto es incompatible con una composición litúrgica, sí podría serlo con una religiosa, respetando la voluntad del compositor que revela esa condición, o por los textos que ha empleado. Pero en una música que debe comunicarnos el profundo misterio que se produce en la liturgia, el hecho de que es el mismo Cristo quien habla y quien actúa, es totalmente incompatible. La celebración litúrgica no es un momento de relación de iguales, la asamblea litúrgica es un uno que se relaciona con Dios, hay un sentido vertical y una comunicabilidad del hombre con Dios y viceversa que, obviamente, exige que los elementos que la conforman, entre ellos la música, la faciliten, la hagan visible y faciliten que penetre en el interior de cada individuo.
