Pleno monoteísta para el Kremlin en Osetia del Sur: Cristianos ortodoxos, musulmanes y judíos arropan sin reservas a Moscú en la represión del "Nabucodonosor" georgiano
XEl domingo 10 de agosto, en plena crisis ya bélica en Osetia del Sur, el Papa Benedicto XVI clamaba desde el Vaticano por “un cese inmediato de las acciones militares” mientras apelaba a “la común herencia cristiana” para detener “las represalias violentas” en la región, en lo que parecía una referencia directa al contundente y feroz contragolpe ruso contra Georgia. Pero en Rusia no estaban ni para sermones vaticanos ni para herencias cristianas de ningún tipo. Por no estarlo, no lo estaban ni los patriarcas ortodoxos, ni los muftíes musulmanes, ni los rabinos judíos. Es más: por no estarlo, no lo estaban ni los Romanov, cuya jefa, la Gran Duquesa María Vladimirovna, “cabeza de la Casa Imperial Rusa”, emitía un comunicado con un lenguaje de una virulencia vertiginosamente similar al utilizado por los bolcheviques que hicieron rodar -a tiros y bayonetazos- las bellas, delicadas y, sin duda, fragantes testas de sus antepasadas.
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“Como cabeza de la Casa Imperial Rusa y medio georgiana por origen, (la Gran Duquesa María Vladimirovna) está indignada por las acciones criminales de políticos que sirven a los intereses de sus amos extranjeros, convierten a su territorio en un campo de tiro para las pruebas de armas extranjeras, y sacrifican a su pueblo. Deberíamos recordar que un destino histórico une a los pueblos ruso y georgiano”. Son las palabras de un comunicado emitido por la “Casa Imperial Rusa” en cerrado apoyo del Kremlin en su contundente contraofensiva contra Georgia tras el inicial -y, según organizaciones internacionales-, no tan violento y “exterminador” ataque de Tbilisi contra su ya ex territorio de Osetia del Sur. Y, por si no había quedado claro, según la Gran Duquesa, "este conflicto ha sido impuesto desde el exterior", por lo que la Romanov urgía "a sus organizadores" a "abandonar sus maniobras políticas sin escrúpulos que complacen a sus amos extranjeros".
"Nabucodonosor, obsesionado por Satanás"
Con un nacionalismo que se mantiene incólume a través de zares, secretarios generales de comités centrales y ahora presidentes, Moscú cuenta con el no menos incólume apoyo de los herederos, más o menos caídos en desgracia, de todos los sistemas históricos que han gobernado imperios y repúblicas socialistas en Rusia. Pero el nacionalismo ruso también reza, y reza mirando al Kremlim, incluyendo también a quienes, formalmente, lo hacen mirando a La Meca. “Toda la responsabilidad de estos acontecimientos (en Osetia del Sur) recae sobre el liderazgo de Georgia”, declaraba, a través de un comunicado sin contemplaciones, el Centro Coordinador de los Musulmanes del Norte del Cáucaso. En referencia al ‘Gran Satán’ estadounidense, el presidente de la organización regional islámica, Ismail Berdiyev, exigía al presidente georgiano que “deje de seguir el consejo del otro lado del Océano, detenga inmediatamente todas las acciones militares y no viole las leyes de la montaña de la buena vecindad”. Soldados rusos declaraban a su vuelta del frente que muchos voluntarios musulmanes se habían unido a la ofensiva contra Georgia procedentes de todo el Cáucaso, “incluyendo a Chechenia y a otras regiones musulmanas”.
Los judíos no se quedaban atrás, esta vez, poniendo como referencia, no la conculcación de las “leyes de las montañas”, sino a Nabucodonosor y a Satanás juntos y revueltos. “(El presidente georgiano) Saakashivili ha repetido al pecado de Nabucodonosor, pero ahora cristianos, musulmanes y judíos -hijos de Abraham- buscan la salvación en las carreteras que llevan al Norte, a Rusia”, decía el Congreso de Organizaciones Judías Religiosas en Rusia, en abierta referencia al rey babilonio que, según recordaba el comunicado judío, “demolió, obsesionado por Satanás, el templo de Jerusalén”, de forma que “las multitudes de refugiados tuvieron que ir hacia el Norte”, como ahora lo debieron hacer los surosetios hacia el protector abrazo de la gran y pechugona madre rusa. Pero, con ser significativos los alineamientos ultranacionalistas de musulmanes y judíos, -olvidados ya los tiempos de los progromos en tiempos en que Rusia lucha abiertamente contra Israel por las comunidades hebreas fuera y dentro de la propia Rusia (ND)-, obviamente son los cristianos ortodoxos lo que, como iglesia paranacional ‘de todas las rusias’, quienes más han levantado la voz en el arrope divino del Kremlin.
El Patriarca de Georgia, con el estado mayor ruso
El Patriarca Alexey II enviaba una circular a los obispos ortodoxos rusos urgiéndoles a iniciar campañas de recaudación de fondos para apoyar a las víctimas de “Osetia del Sur”. “Las recientemente iniciadas acciones militares en Osetia del Sur han forzado a miles de personas a abandonar sus hogares. Según varias fuentes, más de 30.000 residentes surosetios han encontrado refugio temporal en la Federación Rusa”, señalaba el líder ortodoxo desde Moscú. Pero, en posicionamiento explosivo dentro de las fidelidades en conflicto, el propio Patriarca Ilia II de Georgia visitaba la no menos georgiana ciudad de Gori, prestándose, a través de las agencias rusas, a que el vicepresidente del Estado Mayor ruso utilizara la inspección a favor de la propaganda de Moscú. Según el coronel general, Anatoly Nogovitsyn, el patriarca georgiano habría comprobado cómo “el centro de la ciudad (de Gori) está seguro, y el extrarradio no ha sido tan violentamente dañado como hemos escuchado (en los medios de comunicación), y no podría haber sido de otra forma”. “Siempre hemos dicho que las tropas rusas no utilizaron equipamiento y armamento pesados en Gori”, por lo que, según el militar, los visitantes que acompañaban al líder ortodoxo georgiano -por cierto, nacido en Osetia del Norte- pudieron comprobar que “no se habían producido las destrucciones tan vivamente descritas por el lado georgiano”.
En este contexto, en las zonas de fricción entre la antigua zona de influencia soviética y Rusia, los sectores prooccidentales saben de sobra que nunca existirá una auténtica independencia respecto al Kremlin sin una iglesia ortodoxa que mantenga una auténtica independencia respecto al patriarcado ortodoxo de Moscú. En esas están en Ucrania, donde se acaba de prohibir fumar en las iglesias, pero donde hasta los altares echan humo y, en ocasiones, no precisamente de incienso. Sectores opuestos a la primera ministra, Yulia Tymoshenko, acusan a la política de estar intrigando en la sombra para conseguir el apoyo ruso, en lo que sería un intento de congraciarse con Moscú tras el famoso y virulento artículo en Foreign Affairs sobre las "ambiciones imperiales rusas que no terminaron con la caída de la Unión Soviética". Es en este entorno en el que a Tymoshenko no le saldría de sus rubias y no menos famosas trenzas impulsar una iglesia local ortodoxa que se libere del doble abrazo del patriarcado de Moscú y del superpatriarcado del Kremlin que, juntos, han dejado claro en Osetia del Sur que no cederán ni un milímetro en el control de sus varios y díscolos patios traseros en plena rebeldía.
