Gerardo Piña-Rosales, presidente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, a NUEVO DIGITAL: "Aplaudir a quien utiliza el 'espanglish' porque no es capaz de hablar ni español ni inglés con soltura es condenarlo al gueto"
XEl recién inaugurado sitio web de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) es contundente en la primera recomendación que ofrece al inmigrante hispano llegado a Estados Unidos: "Que se proponga aprender bien el inglés del país que lo ha acogido y en el que espera prosperar". Es un consejo que el profesor Gerardo Piña-Rosales, también recién elegido nuevo presidente de la institución, no deja de repetir "sin ambages", como él dice. La enorme extensión de la inmigración hispanoamericana en Estados Unidos no sólo plantea el reto de su mantenimiento en un entorno donde el idioma dominante es el inglés, sino también la reacción de muchos estadounidenses que se ven amenazados por el imparable desembarco hispano (ND). Sin embargo, Piña-Rosales reniega del 'Spanglish' (o 'Espanglish', denominación que él prefiere). "Aplaudir a quien utiliza el 'espanglish' porque no es capaz de hablar ni español ni inglés con soltura es condenarlo al gueto", asegura un hombre que se va aproximando a las cuatro décadas de residencia en los Estados Unidos, en la primera línea de frente donde el español desafía a la 'lingua franca' del planeta.
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El profesor Piña-Rosales nació en La Línea de la Concepción, una localidad costera del sur de Andalucía, en España. Estudió en las también españolas localidades de Málaga, Granada y Salamanca, además de en la marroquí Tánger, donde cursó sus estudios universitarios. En 1973 -el mismo año de la fundación de la ANLE-, se trasladó a Estados Unidos, donde se licenció en Lengua y Literatura españolas. Profesor de las mismas disciplinas en el colegio universitario Lehman de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), Piña-Rosales ha sustituido al frente de la ANLE al también andaluz Odón Betanzos, fallecido el pasado mes de septiembre, y hombre que, así mismo, desarrolló toda su carrera en el entorno del exilio español en el país norteamericano, al que, por otra parte, Piña-Rosales ha dedicado gran parte de su labor investigadora y del que la propia ANLE se nutrió desde su fundación, con referencias absolutas del hispanismo como la del filólogo Tomás Navarro Tomás.
PREGUNTA. ¿Cómo funciona la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), y cómo y con qué criterios son elegidos sus miembros?
RESPUESTA. La ANLE, fundada en 1973, forma parte de las Asociación de Academias de la Lengua Española y, como las academias hermanas de Hispanoamérica y Filipinas, es Correspondiente de la Real Academia Española. Las tres categorías o tipos de miembros son: Numerarios, Correspondientes, Honorarios. También contamos con un buen número de colaboradores, muchos de los cuales pasarán a formar parte de nuestras ‘filas’ en el futuro. Cuando tres académicos numerarios proponen la candidatura de alguien para su posible ingreso en la ANLE, el director solicita el curriculum vitae del candidato y lo remite a la Directiva. Si la Directiva está de acuerdo con la candidatura, se pide la opinión de la Comisión de admisiones (tres miembros), y si ésta da luz verde, se manda el currículo del candidato a los treinta miembros de número para que procedan a la votación. Será elegido si consigue la mitad más uno de los votos. Los miembros numerarios deben residir en los Estados Unidos; los correspondientes, en cualquier parte del mundo. Seguimos, al pie de la letra, los Estatutos de la ANLE.
"Como andaluz, me siento muy cerca del español caribeño"
P. ¿Cuál es la relación entre la ANLE y la Real Academia Española?
R. La relación es excelente. Gracias, en gran parte, al actual Director de la Real Academia Española, D. Víctor García de la Concha, y al Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española, D. Humberto López Morales, se ha ido creando a lo largo de estos últimos años un verdadero espíritu de fraternidad entre todas las academias. Todos los proyectos se llevan a cabo de forma consensuada y su orientación es siempre panhispánica.
P. ¿Qué proyectos tiene usted para la ANLE en el futuro?
R. Mis objetivos principales como Director de la ANLE serán conseguir fondos, subvenciones, etc., que nos permitan realizar una serie de proyectos lingüísticos y literarios; reestructurar y revitalizar las diferentes comisiones –la de Lexicografía, Gramática, Traducciones, etc.– que colaboran con la Real Academia en proyectos de tanta envergadura como el Diccionario de la Real Academia Española, el Diccionario Académico de Americanismos, la Nueva Gramática, etc.; y difundir, a todo lo ancho y largo de Estados Unidos, a través de los medios de información y de nuestro cibersitio (www.anle.us), la lengua española.
P. ¿Qué puede aportar un español dirigiendo la ANLE en un país donde el idioma español se encuentra a veces tan lejos del español de España, y, en todo caso, apabullantemente hablado y escrito por no españoles?
R. El hecho de que en la actualidad el director de la ANLE sea español es totalmente circunstancial; hoy es español, pero en el futuro podrá ser argentino, mexicano, puertorriqueño, etc. No debemos adoptar posturas paternalistas ni chovinistas ante el mundo hispanoamericano por el mero hecho de ser español. El futuro de nuestra lengua no depende sólo de España, sino más bien de Hispanoamérica y de los Estados Unidos. Y de forma parecida a lo que ocurre en España, donde hay gente -cada vez más- que habla y escribe un español paupérrimo, lo mismo ocurre en los Estados Unidos. La mayor o menor corrección del español -y de cualquier otro idioma- no depende del origen de la persona que lo habla, sino del nivel de educación que haya recibido. Además, el español peninsular, como el de Estados Unidos, no es monolítico.
Yo, como andaluz, me siento muy cerca del español caribeño. Ahora bien, como español, creo que es fundamental que tanto los hispanohablantes como los anglohablantes de este país conozcan y justivaloren lo que significó la presencia española en el devenir histórico de los Estados Unidos. Desde un punto de vista lingüístico, hay que remachar, una y otra vez, en los medios de información, en las escuelas, en la universidad, etc., un hecho incontrovertible: que la primera lengua europea que se habló en lo que hoy constituyen los Estados Unidos no fue el inglés, sino el español. Y desde un punto de vista histórico, conviene que a los estadounidenses los nombres de Ponce de León, Cabeza de Vaca, Hernando de Soto, Coronado, y tantos otros, no les suene a jugadores de béisbol.
En octubre próximo aparecerá la Enciclopedia del español en los Estados Unidos, de cuya edición se ha encargado Humberto López Morales, y en la que hemos colaborado varios miembros de la ANLE. Estoy seguro de que este libro supondrá una verdadero descubrimiento para mucha gente que todavía cree que los hispanos de este país son sólo unos pobrecitos inmigrantes, analfabetos y ‘espanglishablantes’.
"El gobierno español debería apoyarnos"
P. ¿Considera que España y los intelectuales españoles tienen o deberían tener algún tipo de ‘responsabilidad’ con el español de Estados Unidos, o eso sería tanto como exigir a los ingleses que se responsabilizaran del inglés que se habla en Estados Unidos, del que, por cierto, muchos sectores abominan a la mínima de cambio? Preguntado de otra forma, ¿qué pueden hacer los hablantes del español de España, y los hablantes cultos de los españoles de la América Hispana por los españoles de Estados Unidos, muchos de ellos ‘a la deriva’?
R. Es imposible hablar de un grupo homogéneo de hispanohablantes en los Estados Unidos. El conocimiento de la lengua vernácula depende del grado de escolaridad del hablante. Una gran mayoría de los hispanos que viven en Estados Unidos (personalmente, me parece una aberración hablar de legales e ilegales) provienen de países pobres y de estamentos sociales muy humildes. Es comprensible que su nivel de habla y escritura no sea muy alto. Por otro lado, hay ya una pujante clase media, educada, que se siente cada vez más orgullosa de su lengua y de sus orígenes hispánicos, personas para quienes el bilingüismo, la biculturalidad es lo ideal. Lo que sí podría hacer el Gobierno de España es apoyar a la Academia Norteamericana, institución sin fines de lucro, que se sostiene, con muchas dificultades, gracias al porcentaje de la venta de libros, en cuya elaboración participa, junto a las demás academias. Necesitamos fondos para difundir nuestra lengua por todas las zonas de este inmenso país.
P. A diferencia de quienes en España se alarman y consideran escandaloso que los inmigrantes a Estados Unidos aprendan inglés, usted se muestra partidario de ese aprendizaje, a pesar de representar usted a una Academia de la Lengua Española. ¿Cómo les explicaría a estos sectores esa contradicción que muchos intelectuales españoles consideran como una rendición al ‘imperialismo’ del inglés?
R. No hay contradicción alguna. En nuestro cibersitio se dice, sin ambages, que todo inmigrante que llega a los Estados Unidos debería aprender bien el inglés; y que todo inmigrante debería conservar y hablar, en el seno de su hogar, en la calle, o entre sus amigos y organismos hispanos, el idioma materno, con miras a lograr un bilingüismo auténtico que le puede redundar en mayores oportunidades de empleo y de remuneración. Nos guste o no, la lengua mayoritaria en este país y, hoy por hoy, la que más influye en todas las lenguas del mundo es el inglés. Decirle a un hispanohablante que llega a Estados Unidos que no se preocupe por aprender inglés porque con el español tendrá suficiente, además de una ominosa mentira, es condenarlo a la marginación. He conocido a españoles (sobre todo, españoles) que después de haber vivido veinte o treinta años en este país, siguen sin dominar el inglés. A mí eso me parece incomprensible. Y no se trata precisamente de inmigrantes incultos.
"El español en la América corporativa es incipiente"
P. En este sentido, usted ha defendido que el bilingüismo español-inglés es necesario e importante, entre otras cosas porque puede mejorar las expectativas de empleo y remuneración. Con total sinceridad, ¿cuál es la presencia del español real en la América corporativa real? No sé si sería apropiado recordar lo de aquel columnista de una conocida revista que decía que él sólo veía necesario aprender español para hablar con el jardinero...
R. Uno de mis defectos es ser incapaz de tapar el sol con la mano. Y lo considero un defecto o una rémora (creo que en España se le llama 'handicap') porque a veces, sobre todo cuando uno lee el periódico o ve la televisión quisiera borrar esa realidad, cambiarla, pero yo no he llegado todavía a lograrlo. Además de escritor y profesor, soy fotógrafo; es decir, que me paso la vida auscultando el mundo que me rodea, parcelándolo, sopesándolo, calibrando sus variopintos matices de luz y de sombras. La presencia del español en la América corporativa me parece todavía incipiente. Sin embargo, se han publicado recientemente una serie de informes que destacan la influencia cada vez mayor de los hispanos en los Estados Unidos, desde el crecimiento de la población hasta su participación política y su poder económico.
Según un informe de la Oficina del Censo del Departamento de Comercio, el poder adquisitivo de los hispanos aumenta un 50 por ciento más rápido que el sector no hispano. Los negocios de propiedad latina en los Estados Unidos suman un total de 3,2 millones de empresas, emplean a 1,3 millones de personas y generan 186.300 millones de dólares en ingresos. Las regiones donde se concentran estas empresas continúan siendo California, Texas y Florida, aunque en la región sudeste del país, en estados como Georgia y Carolina del Norte, también se va notando cada vez más la presencia corporativa hispana.
P. Para un estadounidense es completamente ‘surrealista’ la mera idea de una Academia de la Lengua que, como un organismo centralizado, se encargue de vigilar y promocionar el idioma. Sin duda la mentalidad centralista francesa que originó las ‘academias’ contemporáneas choca de plano con la mentalidad estadounidense que usted tan bien conoce. ¿Qué funciones puede tener una Academia de la Lengua Española en Norteamérica, y, más específicamente, en Estados Unidos más allá de convertirse en un agente de promoción y ‘vigilancia’ del español que llegue a donde, lamentablemente, no llega la iniciativa privada?
R. La Academia Norteamericana publica periódicamente un Boletín, sobre temas culturales y literarios, con especial atención al uso del español en los Estados Unidos, y un Boletín Informativo Digital. Consciente de la necesidad de proporcionar orientaciones prácticas a todos los que hablan y escriben en español en plan profesional, la ANLE inauguró en 1994, a través de su Comisión de Traducciones, unas hojas informativas (Glosas) en las que ha traído y trae a colación las últimas novedades del Diccionario oficial (el DRAE) a lo largo de cinco volúmenes y en total 50 números que lleva publicados hasta la fecha.
El fin de estas hojas de Glosas ha sido y es el de proporcionar a cuantos manejan pública o profesionalmente el idioma español orientaciones sobre la traducción al castellano de neologismos, frases, giros y falsos cognados del inglés. Se proponen también señalar las versiones defectuosas de las traducciones de inglés a español y aspiran a servir de puente, en cuanto a novedades científico-técnicas y otros temas de interés o actualidad, entre las sucesivas ediciones del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Por otra parte, se incluye también en ellas reseñas de libros y colaboraciones de académicos y especialistas en varios campos, sobre todo el de la traducción. A partir del próximo número, se podrán consultar en una sección de nuestra página web.
"Una cosa es querer y otra poder hablar bien español"
P. Con total sinceridad, ¿es el español un idioma de futuro en Estados Unidos, o es el idioma de la clase inmigrante extranjera que nunca saldrá del ámbito familiar en medio de un implacable proceso de degeneración por la proximidad del inglés, y la escasa cultura y relevancia socioeconómica de sus hablantes?
R. Más de la mitad de los hispanohablantes de los Estados Unidos son naturales del país, y constituyen una población más joven que el promedio de la población total: el 38,6% de los hispanos tienen menos de 20 años y el 48% tienen menos de 25 años (en comparación, el 36,7% de la poblaci6n total tienen menos de 25 años). Puesto que el mantenimiento de una lengua minoritaria o su sustitución por el idioma mayoritario dependen sobre todo de las nuevas generaciones, qué duda cabe que la relativa juventud de la población hispana podría influir en el futuro del español en el país.
Las nuevas generaciones de hispanohablantes en Estados Unidos reconocen y aprecian la bendición del bilingüismo, al saber y comprobar que un bilingüe vale por dos. Desde luego, es esencial que los educadores sean conscientes de la necesidad del estudio de lenguas en los Estados Unidos, de la importancia del mantenimiento de la lengua materna y de las estrategias políticas y administrativas capaces de conseguir esos fines. Es fundamental que se reconozca la necesidad de incrementar los programas de la enseñanza del español a los universitarios de origen hispano. La educación bilingüe y bicultural deberá sustentarse en lo ya conseguido. No se ha de perseguir tanto la transición al inglés del estudiantado como el mantenimiento del español, la lengua materna.
P. ¿Existe interés entre los hispanos por hablar un español correcto, al menos tan correcto como se puede hablar en las calles de Madrid, Santiago de Chile, Buenos Aires o la ciudad de México?
R. Por supuesto que sí. Pero las variables son muchas: la edad del hablante, el estamento social al que pertenece, las personas con quienes alterne. Una cosa es querer, y otra, poder. No es de esperar que un inmigrante se preocupe por la corrección del idioma que habla. Bastante tiene con entender -y que lo entiendan- el inglés. Bastante tiene con conseguir un trabajo donde no lo discriminen, donde no lo humillen, un trabajo que le permita sobrevivir en un medio a veces inhóspito, a veces abiertamente hostil.
La España 'negra y de la pandereta' sigue triunfando en Estados Unidos
P. El español es, en muchas zonas de Estados Unidos, una lengua ya casi o totalmente mayoritaria. Pero eso no necesariamente la hace importante o una lengua de poder e influencia más allá de que los políticos coqueteen periódicamente con ella por razones estrictamente electorales. ¿Será algún día el español un idioma de influencia real en Estados Unidos o seguirá siendo el idioma que se habla con la familia mientras en la empresa o en la universidad se sigue enseñando, leyendo e investigando en inglés?
R. Tiene usted razón: lo importante -y lo he dicho muchas veces- no es que nos cuenten sino que contemos. Pero en Estados Unidos el español no es sólo un idioma que se habla a nivel doméstico. Piense, por ejemplo, en la televisión. Existen cuatro redes de televisión que, por orden de cantidad de telespectadores, según el National Hispanic Television Index de Nielsen, que mide el consumo televisivo en los hogares hispanos, son: Univisión, con un 29 por ciento de audiencia, es la cadena preferida por los hispanos; Telemundo, con un 10 por ciento, es la segunda; TeleFutura es la cuarta preferida por los hispanos, con casi un 7 por ciento, tras la cadena Fox en inglés que es la tercera; Azteca América es la décima. Además, hay más de 70 canales que se distribuyen por sistemas como el cable, el satélite o sistemas inalámbricos de diferentes países latinoamericanos.
P. Hablando del español… ¿avanza algo la imagen de España en Estados Unidos o continúa siendo conocida y juzgada por los tópicos fiesteros por un lado, y los de Leyenda Negra por otro, como ha venido siendo tradicional? Cualquiera que hay vivido en Estados Unidos sabe que, invariablemente, cualquier persona medianamnete culta refiere como uno de los primeros nombres de referencia –si no el primero o único- el de Pedro Almodóvar. Pero siendo Almodóvar quien con mayor fruición ha explotado los tópicos de la España negra y de pandereta –esta vez, una explotación postmoderna o de ‘diseño’-, ¿cómo valora usted la influencia de quien, hoy por hoy, es el español contemporáneo más conocido e influyente en Estados Unidos?
R. No creo que el único nombre al que hacen referencia los estadounidenses sea el de Almodóvar. Es cierto que todavía perduran muchos de los mitos de la España de lo que usted llama acertadamente “negra y de pandereta”. Algunos de los libros de autores españoles consiguen cierta notoriedad precisamente porque vienen a corroborar la imagen estereotipada que de España todavía tienen muchos estadounidenses. Por otra parte, ocurre lo mismo en España: se habla de los 'americanos' como si todos fueran ricos y brutos, gente que se pasa la vida haciendo dinero, comiendo hamburguesas, bebiendo cocacolas y viendo partidos de béisbol en la televisión. Yo les recomendaría a esas personas, que, aprovechado el alza del euro, visiten este país.
"El 'espanglish' es una jerga, no un idioma"
P. Hablemos del ‘Spanglish’. El español ha evolucionado de formas muy distintas en todo los lugares del mundo donde se habla. El español colombiano, argentino, mexicano o, incluso, sefardí, continúa siendo español, a veces congelado en el tiempo como este último, y a veces desarrollado junto a otros idiomas que lo han modificado sustancialmente aunque sin perder su núcleo central idiomático. ¿Es el 'Spanglish' un idioma? ¿Es algo que merece la pena conservar o, incluso, de lo que merezca la pena preocuparse de ello?
R. No, el 'espanglish' no es un idioma; es un producto híbrido, una jerga que, digan lo que digan sus defensores, atenta contra dos lenguas universales como son el español y el inglés. Ahora bien, el 'espanglish' es una realidad. Las lenguas son organismos vivos, y se alimentan unas de otras, se influyen mutuamente. Este mestizaje lingüístico es en el fondo enriquecedor. Sin embargo, el rasgo definitorio del 'espanglish' es su pobreza: de léxico, de sintaxis. Una vez más: aplaudir a quien lo utiliza (porque no es capaz de hablar ni español ni inglés con soltura) es condenarlo al gueto. Y una vez más: a mayor nivel educativo, menos 'espanglish'.
P. Puesto que usted continúa en contacto estrecho con España no se le escapa el profundo antiamericanismo de la sociedad española en general, antiamericanismo que contrasta no sólo con el profundo interés académico de los estadounidenses por la cultura española, con muchos estadounidenses entre los mejores hispanistas presentes y pasados, y con muchos de los principales escritores e intectuales españoles residentes por voluntad o exiliados en Estados Unidos. De hecho, usted ha estudiado en profundidad esa fuerte presencia intelectual española en Estados Unidos, siendo muchos de ellos izquierdistas, pero en absoluto antiamericanos, sino todo lo contrario. ¿Ha aportado esa presencia española algo a Estados Unidos? Y, a la inversa: ¿Qué han aportado a España desde la ‘americaneidad’ estadounidense?
R. Muchas de las instituciones culturales hispánicas de este país -y me refireré sólo a las de Nueva York- son de origen español. El Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos (CEPI), fundado en 1949 por un grupo de puertorriqueños y españoles, entre los que se contaban Juan Avilés, César Torres, Jesús de Galíndez, tiene la misión de difundir la lengua española y establecer lazos de unión con la comunidad anglosajona. Es muy importante también la Fundación Cultura Hispánica, creada hace cuatro lustros por Rafael de los Casares, Emilio González López y Odón Betanzos, con el fin de rescatar la presencia hispánica en los Estados Unidos. La Fundación ha presentado una serie de conferencias importantes sobre la historia y la importancia de los hispanos en este país, y ha publicado libros relacionados con el tema. Precisamente, las ponencias de los últimos 6 ó 7 años aparecieron hace poco años, reunidas en un volumen titulado España en las Américas, a cargo de mí mismo y de Nicolás Toscano.
Entre las instituciones hispánicas más antiguas se encuentra la Hispanic Society of America, fundada en 1904 por el hispanófilo Archer Milton Huntington. Fue ideada como la combinación de una colección y una biblioteca de consulta que pusiera de manifiesto todos los aspectos de las culturas hispánicas. Desde su inauguración, no han cesado las exposiciones y conferencias destinadas a ilustrar la historia, la cultura y el arte de las civilizaciones hispánicas. En su día, bajo la dirección personal de Huntington, se publicaron más de 200 libros monográficos relacionados con distintas facetas de nuestra cultura. El Spanish Institute se dedica también a estrechar vínculos entre los países hispanos y los Estados Unidos. Se organizan allí almuerzos y cenas en los que se discuten distintos aspectos económicos, políticos y sociales que afectan a nuestros países. Hay otro instituto en la ciudad, que es el Cervantes, localizado en el 211 Este de la calle 49 (Amster Yard). Aunque la enseñanza del idioma es un aspecto primordial del Instituto Cervantes, es valiosísima su labor de apoyo a los hispanistas.
El Cervantes colabora con otros organismos españoles e hispanoamericanos para realizar actividades culturales tales como conferencias, presentaciones de libros, conciertos, y exhibiciones de arte. Además, la biblioteca pone a la disposición del público una amplia selección de literatura en español y de videos de las películas más importantes producidas en español. También contamos con el Centro Rey Juan Carlos I de España, creado por New York University en 1997 para el estudio de España y el mundo hispanohablante. Mediante la fundación de este centro NYU intenta convertirse en una de las instituciones más importantes del mundo para la investigación y la enseñanza de la cultura hispánica moderna. El centro se ha dedicado a fomentar la interacción entre las comunidades académicas, diplomáticas, públicas y de negocios de Nueva York y de los países hispánicos.
