NUEVO DIGITAL Internacional - Estados Unidos se plantea la eutanasia para decenas de miles de 'mustangs', los descendientes salvajes de los caballos españoles llevados a América
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Estados Unidos se plantea la eutanasia para decenas de miles de 'mustangs', los descendientes salvajes de los caballos españoles llevados a América

Estados Unidos se plantea la eutanasia para decenas de miles de 'mustangs', los descendientes salvajes de los caballos españoles llevados a América

25.08.08 • 03:05 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Si hay que precisar, más que salvajes, son asilvestrados por descender de caballos domésticos y domados, aunque la ley que los regula se denomine ‘Wild Free-Roaming Horse and Burro Act’. Desde que comenzaron a multiplicarse en las praderas, generación tras generación procedente de los caballos hispanos llevados por los ‘conquistadors’ (en otro término importado por el inglés desde el español), los mustangs se convirtieron en uno de los “símbolos vivientes del espíritu histórico y pionero del Oeste”, según la declaración formal del Congreso de los Estados Unidos en el mencionado texto legal de 1971. Pero de estar protegidos y reconocidos como uno de los más potentes emblemas de la nueva nación, inmortalizados para siempre por Hollywood y sus ‘westerns’, los mustangs se han convertido ahora en un grave problema ecológico. De la Mesta castellana de la que toman el nombre, a las praderas y desiertos del Oeste americano, la siguiente es la heroíca, mítica y ahora angustiosa epopeya de los ‘mustangs’, los caballos de la libertad que ahora molestan.

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Los mustangs son tenidos por descendientes directos de los caballos andaluces, árabes y bereberes llevados por los conquistadores españoles a México y Florida, aunque muchos de los actuales ejemplares se encuentren cruzados en una gran parte con otras ramas de caballos domesticados que, como los primeros equinos españoles, escaparon o fueron robados por los indios, multiplicándose después por desiertos, praderas y montañas. La palabra ‘mustang’ (pronunciada en inglés algo así como ‘mastan’) derivaría del español mexicano ‘mestengo’ y éste del castellano ‘mesteño’, animal ‘mixto’ de propiedad incierta, y cuyo uso y explotación se regulaba a través de la institución medieval de la Mesta. De los largos y cíclicos viajes peninsulares de los pastores castellanos y extremeños, a los helicópteros que hoy han sustituido a los míticos vaqueros del Oeste americano en su arreo, los mustangs han recorrido un largo camino por el mundo, una ruta, en todo caso, separada por completo de los originales caballos norteamericanos prehistóricos, extinguidos durante la última glaciación.

Mustangs: De mitos de libertad a peste ecológica

En los últimos tiempos la reputación social de los mustangs está cambiando en los Estados Unidos. Como bien señalan algunos observadores, ahora están comenzando a ser denominados más como ‘feral equids’ (‘équidos asilvestrados’) que con la más hermosa designación de ‘wild horses’. Es una mudanza semántica muy significativa pues afecta de lleno a las connotaciones emocionales de las manadas vagando libres especialmente por Nevada, con otras grandes poblaciones en Montana, Wyoming, Idaho y Oregón. Los aproximadamente 33.000 mustangs en libertad que deambulan ahora por las inmensas extensiones del Oeste americano devoran y exterminan pastos en una destrucción del ecosistema que afecta no sólo a otros animales salvajes, sino también a los rancheros cuyo ganado se queda sin alimento. A este problema hay que añadir el alto coste de mantener a otros 30.000 mustangs mantenidos en cautividad que son para los que se plantea un fin programado. Los mucho menos glamourosos 'burros' (así denominados los descendientes asilvestrados de los animales del mismo nombre también llevados por los españoles a Norteamérica) no hacen sino agravar la crisis.

Sin embargo, lejos ya de los rancheros diezmando a tiros a los caballos salvajes que destrozaban sus tierras, la actual sociedad estadounidense se estremece con la perspectiva del frío y gubernamental plan para aplicar la eutanasia a tres decenas de miles de caballos, de los caballos americanos por excelencia, de los caballos americanos de la libertad y las crines al viento en pleno galope, de los caballos que nunca conocieron jinete. Los programas de adopción, por los que los mustangs en cautividad son domados y entregados a adoptantes que los mantengan, no dan salida a suficientes animales como para ser una solución aceptable. Mientras los rancheros exigen soluciones a la “destrucción” causada por miles y miles de animales, incluso los ecologistas conceden que el problema existe, pero se rebelan contra la estremecedora perspectiva de un exterminio controlado. En este sentido se proponen exenciones fiscales a los rancheros que permitan manadas de mustangs en sus tierras o el traslado de los animales a zonas menos explotadas o sin explotar, donde los costes de mantenimiento sean menores que en las instalaciones cerradas de la Agencia de Gestión de la Tierra (Bureau of Land Management) que se encuentra tras la propuesta de eutanasia masiva.

El galope de la desertificación

Hay palabras más fuertes que las pronunciadas por los rancheros para justificar la aplicación de una drástica reducción de los mustangs. En los oídos ecologistas -y no ecologistas- suena el espectro del término “desertificación” aplicado a los efectos de las vastas poblaciones de mustangs, involuntariamente aliadas en su acción arrasadora con el clima -cambiante o no- y los incendios. Sin embargo, organizaciones como The Cloud Foundation cuestionan que exista un riesgo ecológico real y exigen que se amplíen las tierras donde las manadas puedan correr libres, tierras que, por otra parte, fueron usadas durante siglos por los caballos asilvestrados, cada vez confinados en menores extensiones de territorio.

En el debate se está utilizando todo tipo de artillería pesada: desde la económica para defender unos intereses que terminan afectando a todos, hasta la ecológica que también incumbe a muchos más que a los grupos ecologistas que buscan a la desesperada acciones alternativas a un problema real. Por utilizarse el grueso calibre en la trágica dramatización del asunto se está recurriendo a una derivación más de la Leyenda Negra española, aquella que relaciona las denominadas ‘Latitudes de los Caballos’ con otro más de los patéticos destinos afrontados por los equinos transplantados de continente. Dice la leyenda que los barcos de los ‘conquistadors’ arrojaban los caballos al mar para intentar aligerar la carga del buque en zonas subtropicales oceánicas de largas calmas chichas, con el fin de aprovechar cualquier ligera brisa para hacer mover una nave en la que la tripulación se enfrentaba a situaciones críticas. Para añadir más patetismo a los relatos, las crónicas hablan de unos caballos que seguían a las naves nadando tras ellas, relinchando a sus antiguos amos, y muriendo ahogados la mayoría en el océano, por mucho que algunos consiguieran alcanzar tierra firme y, en la culminación del mito, se convirtieran en los fundadores de la ‘nación mustang’.

Las 'Latitudes de los Caballos'

Estudios más fríos y menos emocionales relacionan el término de las ‘Latitudes de los Caballos’ con ceremonias rituales de marineros antes que con arrojamientos por la borda de unos animales que, sacrificados, contribuirían como carne fresca a mantener comida y agua en los barcos apresados por espeluznantes calmas de semanas. En todo caso, las afiladas cabezas de los mustangs y sus crines al viento estremecen una conciencia colectiva en la que la nobleza de un origen salvaje, libre desde la domesticación, se enfrenta al triste destino del mundo actual, donde hasta los caballos en libertad se han convertido en un problema ecológico en un Oeste que intenta mantener su espíritu indómito al menos en la fantasía de los abrumados americanos contemporáneos.



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