NUEVO DIGITAL Internacional - Campaña "Uno entra, uno sale" - George Carey, anterior arzobispo de Canterbury: "No es racista querer un límite para la inmigración"
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Campaña "Uno entra, uno sale" - George Carey, anterior arzobispo de Canterbury: "No es racista querer un límite para la inmigración"

Campaña "Uno entra, uno sale" - George Carey, anterior arzobispo de Canterbury: "No es racista querer un límite para la inmigración"

15.09.08 • 03:16 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

La Iglesia de Inglaterra va a pedir perdón a Darwin por haber rechazado sus teorías sobre la evolución. Sin embargo, lo que preocupa a los británicos actuales no es precisamente si Darwin se siente incómodo en su tumba con las burlas de que fue objeto hace siglo y medio. De hecho, el tema ni tan siquiera preocupa a los fieles anglicanos, cuya iglesia se enfrenta a un choque interno a cara de perro que amenaza con el cisma cristiano más espectacular desde el del protestantismo renacentista que la vio nacer (ND). Como en el caso de la España política, donde el escapismo del actual gobierno ante el desplome económico y social del país le lleva a la obsesión de la última guerra civil obviando la cada vez más frecuente explosión de conflictos sociales a pequeña y gran escala entre las distintas comunidades, los actuales rectores de Canterbury prefieren la calificada por otros como una "ridícula y absurda disculpa" ante la teoría de la evolución humana para olvidarse de la tensión social que está llevando al Reino Unido a un apocalipsis en el que lo de menos es si sus habitantes deben el génesis a los primates. Pero también ahí el enfrentamiento se produce a muerte. El anterior arzobispo de Canterbury ha entrado a saco en el 'sancta sanctorum' de la corrección política y ha hablado sin tapujos de inmigración, de racismo y de supervivencia.

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Al ‘capo’ de la Fórmula 1, Max Mosley, no le cae precisamente bien el anterior arzobispo de Canterbury, George Carey. Especialmente desde que este último hablara hace unos pocos días del “incalificable e indecente comportamiento” del primero que se reveló en las fotografías de su orgía temática nazi con prostitutas.

"No es racismo"

Para Mosley, Carey es “ese tonto y viejo arzobispo retirado” que “se cree en el derecho de decir a la sociedad cómo debe comportarse” y que, como mucho, sólo tendría tal derecho frente al “minúsculo número (de los fieles) que van a su iglesia”. Pero, también como en el caso de España, la influencia de la Iglesia de Inglaterra va mucho más allá de los pocos fieles que llenan los cultos anglicanos, no muchos más que los que acuden a las misas católicas en el país ibérico. El problema es que los británicos -cultural y hasta visceralmente anglicanos-, se ven muy poco reflejados en la militante obsesión de los actuales rectores de Canterbury en torno a la ordenación de homosexuales y mujeres, o sobre la cerrada defensa de la multiculturalidad, con petición expresa de incorporación de la sharia musulmana al ordenamiento jurídico británico (ND) y con condena no menos explícita del cristianismo como "identidad nacional o cultural" del Reino Unido (ND).

Mientras en Estados Unidos la Iglesia Católica continúa su también enfrentamiento a cara de perro con el gobierno federal en la condena de las redadas contra los inmigrantes ilegales -que ha llevado a Washington a pensar en la jerarquía católica como un abierto agente de boicot del control inmigratorio estadounidense (ND)-, en el Reino Unido, la anterior dirección de la Iglesia de Inglaterra, lejos del ‘progresismo’ del actual arzobispo Rowan Atkinson, ha utilizado la enorme influencia de su ya extinto cargo para hablar alto y claro sobre algo más actual que sobre Darwin, sobre sus teorías y sobre si el científico se siente agraviado bajo la hierba que crece sobre él. “No es racista querer un límite para la inmigración” titulaba a toda pastilla el Times un artículo de Carey sobre un asunto “esencial para la sociedad británica”.

"¿Quién escucha nuestras preocupaciones?"

Presentado por otros medios como uno de los máximos representantes de la corriente “Uno entra, uno sale” -compartida en amplios sectores de los principales partidos británicos-, Carey profetiza más y mayores enfrentamientos sociales y étnicos a gran escala en el país si no se equilibran las entradas y salidas inmigratorias para que las masivas llegadas se compensen con igual proporción de retornos. “Durante años, ha sido imposible cuestionarse el sentido de la inmigración a gran escala sin ser etiquetado de ‘racista’. Esta falta de respeto por los puntos de vista de los demás ha asfixiado un sano debate, mientras, a la vez, ha dado alas a los extremistas. Mucha gente se pregunta: ‘¿Quién escucha nuestras preocupaciones’?”, afirma el anterior arzobispo de Canterbury.

Muy lejos del muy superior balance neto de las llegadas de inmigrantes no autorizados a España (ND), Carey se muestra alarmado por la entrada el año pasado de 600.000 personas en su país, mientras sólo lo abandonaron 400.000, un fenómeno que se traduce en que “el 25 por ciento de todos los nacimientos en el Reino Unido provienen de mujeres nacidas en el extranjero” y en que “el 51 por ciento de los alumnos infantiles no tienen al inglés como su primer idioma”. “Mucha gente siente que el pegamento que une nuestra sociedad se está debilitando” puesto que “lleva tiempo a las personas de diferentes culturas acostumbrarse unos a otros y, lamentablemente, no todos los recién llegados están comprometidos con la integración”, continúa Lord Carey. “Algunos, ni tan siquiera están seguros sobre los valores democráticos que están en los mismos cimientos de nuestra sociedad”, añade.

"One in, one out"

“¿Cómo va Inglaterra a sobrellevar Inglaterra los previstos niveles de inmigración a gran escala si éstos tienen lugar? Si continúa la inmigración a esta escala, con personas de diferentes creencias religiosas, culturas y tradiciones llegando aquí, ¿qué va a significar ser británico?”, continúa el ex arzobispo de Canterbury. “Esto provoca una angustia visceral, bordeando en la cólera, entre muchos británicos de todos los colores en relación a la inmigración. Hemos visto cómo esto se desparrama en violencia en países europeos como Francia, Holanda y Dinamarca. Sería arrogante presumir que esto nunca podría pasar en el Reino Unido. Debemos convertir una crisis potencial en una aproximación creativa que profundice en nuestro sentido de la comunidad y de la nación”.

La defensa del artículo para el grupo interpartidista Balanced Migration y su eslógan “One in, one out” fue ‘visceralmente’ bien recogido por los lectores del Times donde se publicó. “Es a la guerra civil a lo que nos enfrentamos, no a la segregación”, decía un lector. Otro se preguntaba por las consecuencias de la apertura de la Unión Europea a Turquía y la previsible llegada de “literalmente, millones de musulmanes de línea dura”. Un tercero, sólo entre los últimos en aportar su opinión, se sorprendía de la severidad de las leyes con los inmigrantes capacitados de acceso legal y la simultánea tolerancia con las masivas cifras de acogidos como asilados y refugiados. Para Carey, el control de la inmigración masiva irregular y las, en su opinión, explosivas consecuencias sobre la cohesión del país, es algo que se debe “a los hijos y los nietos del Reino Unido, sin importar cuándo llegaron a este país” puesto que de ese control depende “el mantenimiento de los principios esenciales que la sociedad británica ha construido durante generaciones”.



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