Un parlamentario musulmán británico critica la "mentalidad victimista" de la comunidad islámica pero exige medidas para combatir la "islamofobia"
X- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO/SELECCIÓN - EL ISLAM, IMPLACABLE EN EL REINO UNIDO
Es un artículo de enfoque inaudito en la habitual “complacencia victimista musulmana”. Hasta que se descubren en él las exigencias para la “reconexión” de la comunidad islámica con la sociedad general británica. Sadiq Khan, el primer y más famoso parlamentario laborista musulmán, pide a sus hermanos de fe que piensen más en su desarrollo personal y familiar, y menos en la Guerra de Irak y en las teorías de la conspiración sobre cómo los demás quieren esclavizarlos. Pero, más tarde, Khan comienza a hablar de la rampante “islamofobia en los puestos de trabajo”, de la necesidad de leyes religiosas que potencien a los musulmanes y de cómo, en habitual ecuación dialéctica, si no se atienden estas y otras peticiones, crecerá el radicalismo. Quizás muy a su pesar, el artículo de Sadiq Khan da un nuevo paso en el posicionamiento de la comunidad musulmana como una entidad no sólo problemática, sino amenazante si no se accede a las exigencias ‘moderadas’, siempre paralelas a las ‘radicales’. “Justicia, no favores” se titula el folleto, una obra interesante sobre por qué los musulmanes no se deben considerar a sí mismos como víctimas pudiéndolos considerar como tal toda la sociedad en su conjunto.
Seguimiento:
No importa que, quienes ya se sienten más discriminados, sean precisamente los cristianos y la sociedad británica nativa, olvidada por las autoridades en sus esfuerzos de ‘discriminación positiva’ que, desde Londres, no sólo se reconoce, sino que se confirma como una necesidad para evitar males mayores (ND). Ni tampoco que, según se conocía durante estos días, la ley islámica haya sido admitida ya de hecho en el Reino Unido, con ‘tribunales de la sharia’ que, bajo la adscripción de cortes de arbitraje entre musulmanes, investigan y juzgan por su cuenta, con el sistema legal británico ajeno a la ‘impartición de la justicia islámica’ excepto para confirmar que sus sentencias son firmes y de obligado cumplimiento, de lo que se encargarán desde los tribunales de condado a la High Court en caso de desobediencia (ND). Sólo en ocasiones, algunas voces, como la del rebelde obispo anglicano, Michael Nazir-Ali, de origen pakistaní, se han levantado para denunciar cómo, en su opinión, los musulmanes quieren ser a la vez “víctimas y dominadores” (ND), reproches que, como cualquiera lanzado contra los musulmanes, suponen un grave riesgo internacional porque “criticar al islam amenaza la paz del mundo”, tal y como ha advertido repetidamente el máximo responsable religioso turco (ND)
"Aprender inglés no es colonial"
Pero con casos civiles y criminales entre musulmanes ya circulando en el circuito cerrado de la sharia, ajenos a las leyes británicas generales para el resto de los mortales, las quejas islámicas no sólo no amainan, sino que crecen en intensidad y frecuencia, desde los incendiarios foros reunidos en convocatoria pública para amenazar con ‘sangre y fuego’ a los “cruzados que no aprenden” -Paul McCartney, entre ellos (ND)-, hasta los parlamentarios cuya adscripción para sentarse en su escaño es más religiosa que política. Según Khan, los musulmanes se sienten “ciudadanos de segunda clase” debido a la “islamofobia en los puestos de trabajo”, de forma que son necesarias leyes que garanticen la igualdad del islam con otras religiones a la hora de no ser “discriminado”. Es desde estos reproches desde donde el parlamentario laborista -que criticó la Guerra de Irak, pero votó en contra de su investigación parlamentaria- se lanza a, esta vez sí, una dura crítica de una comunidad musulmana abandonada al victimismo a pesar de la evidencia de algunas de sus brutales prácticas en un país como el Reino Unido.
“Todos nosotros debemos mostrarnos inequívocamente de acuerdo en que los asesinatos por honor son asesinatos, y que los matrimonios forzados son secuestros”, escribe el legislador laborista. Respecto a la cerrazón de la comunidad islámica británica incluso a la hora de aprender inglés, Khan afirma: “La exigencia de aprender inglés no es colonial. El inglés es un pasaporte dentro de la sociedad general para conseguir trabajos, educación e, incluso, para ser capaces de usar los servicios sanitarios”. “Necesitamos tomar más responsabilidad sobre nuestras propias familias, e ignorar a aquellos que propagan teorías de la conspiración, y, sobre todo, necesitamos superar nuestra mentalidad victimista”, concluye Khan, sin duda ignorando cómo las más absurdas teorías conspirativas no sólo se propagan entre las comunidades árabes y asiáticas del islam trasplantado a Occidente, sino entre musulmanes conversos nacidos en plena Europa. Por ejemplo, hace poco más de un año, un mediático musulmán convertido español con título universitario sentenciaba ante un foro internacional islámico cómo es “bien conocido” que la “actual confrontación existente en el mundo” es “un producto cuidadosamente diseñado” por “think tanks” y “universidades estadounidenses”, e “impulsado” por “grupos de poder políticos y económicos”, “neoconservadores” y “grandes corporaciones transnacionales” (ND).
"Delincuencia y racismo"
La de cal y la de arena dada por Khan ha enfurecido, como era de esperar, a ‘las dos partes’, la de la sociedad general británica, y la de la sociedad particular musulmana. Los foros arden en preguntas sobre por qué los musulmanes siempre están exigiendo leyes y tratamientos especiales cuando, no sólo obtienen tratos preferenciales sociales y discriminaciones positivas de todo tipo que otras confesiones -o no confesiones- no consiguen, sino que se han ganado a pulso su fama de comunidad gravemente peligrosa. Pero también por el lado musulmán, incluso por el más ‘moderado’ y partidario del “diálogo” se acusa a Khan de haberse vendido al enemigo. “Nosotros (los musulmanes) no tenemos una mentalidad victimista, pero somos víctimas del fracaso de este gobierno para lidiar con los temas importantes, temas en torno a la pobreza, afrontando las causas subyacentes de por qué hay terrorismo en este país”, declaraba Mohammed Shafiq, de la Ramadhan Foundation. Para el director ejecutivo de esta organización, los “temas importantes” de verdad son “la pobreza, la delincuencia, el racismo y la islamofobia”.
Por cierto, hablando de delincuencia y racismo, Shafiq denunció meses atrás, al hilo de un demoledor reportaje de la BBC (ND), cómo miles de adolescentes blancas británicas son “seducidas hacia la prostitución” por bandas de pakistaníes. Entonces atacó a la policía y a las autoridades locales por no afrontar decididamente el problema por “miedo a ser etiquetados como racistas” (ND), mientras pedía a los líderes “sociales y religiosos (musulmanes)” que intervinieran delante de los jóvenes y sus harenes de niñas infieles.
