NUEVO DIGITAL Internacional - Aprobado el masivo proyecto arquitectónico: Disturbios violentos de grupos 'antirracistas' consiguen abortar un congreso de oposición a la construcción de la gigantesca mezquita de Colonia
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Aprobado el masivo proyecto arquitectónico: Disturbios violentos de grupos 'antirracistas' consiguen abortar un congreso de oposición a la construcción de la gigantesca mezquita de Colonia

Aprobado el masivo proyecto arquitectónico: Disturbios violentos de grupos 'antirracistas' consiguen abortar un congreso de oposición a la construcción de la gigantesca mezquita de Colonia

22.09.08 • 03:38 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El alcalde cristianodemócrata de Colonia prohibió el pasado fin de semana una reunión del grupo que se opone a la construcción de una mastodóntica mezquita en la ciudad, cuyos minaretes alcanzarán los 55 metros de altura y rivalizarán con las agujas de la catedral católica gótica, en la -hasta ahora- cima del arte religioso occidental. Días antes, la misma corporación municipal, con los votos de socialdemócratas, verdes y otros partidos más a la izquierda había aprobado -y con el apoyo del propio alcalde de la CDU- la construcción del gigantesco templo musulmán, con capacidad para 15.000 fieles y una cúpula que se alzará 37 metros sobre el suelo. Los grupos 'antirracistas' se encargaron de la cobertura violenta del proyecto en la calle, con graves disturbios en los que intentaron robar las pistolas a los policías. El resultado fue que el alcalde cristianodemócrata, con el fin de "evitar más violencia", ilegalizó el acto 'antimezquita', cuyos organizadores, precisamente, eran los únicos que no se habían comportado de forma violenta y habían soportado las provocaciones y los ataques con 'bombas de pintura' de los 'antirracistas'.

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Con un alcalde cristianodemócrata consiguiendo la aprobación del proyecto para la mezquita, los grupos 'antirracistas' consiguiendo con disturbios a gran escala la suspensión de una reunión pacífica de oposición al templo islámico (para la BBC, los manifestantes violentos son "izquierdistas" y los organizadores pacíficos del congreso, "ultraderechistas"), más la financiación y la cobertura político-artillera de la diplomacia turca, la exigencia iraní de "respeto a los derechos humanos de los musulmanes en Europa" y el silencio de la Iglesia Católica, cuando no las donaciones para el templo musulmán por parte de algunos sacerdotes de entre sus filas, la batalla ya está perdida para quienes ven en los minaretes de 55 metros de Colonia el inexorable triunfo del poder, primero paralelo y después supremacista, del islam en Europa.

"Pingüinos humanos" en Alemania

La virulenta -pero pacífica- oposición del grupo Pro Köln -que defiende la libertad religiosa de los musulmanes en Alemania, pero no su falta de voluntad de integración ni el gigantismo supremacista de su proyecto de mezquita- no fue suficiente para contrarrestar la tibieza de la CDU, mayoritariamente resistente a un templo que se construirá en pleno distrito financiero de Colonia. De hecho, el alcalde cristianodemócrata, Fritz Schramma, votó junto a la izquierda la aprobación del templo islámico y calificó a los militantes de Pro Köln -que consiguió representación local en las últimas elecciones y que se ha extendido como movimiento nacional- de “incendiarios y racistas” mimetizados en un movimiento ciudadano. Una opinión muy parecida sobre Pro Köln mantienen algunos sectores que, sin embargo, y para añadir complejidad a la Guerra de los Minaretes, se manifiestan de forma igualmente apasionada en contra de la construcción de la mezquita.

Entre estos sectores descolgados de Pro Köln pero combativos con la “islamización de Alemania” destaca por su personalidad y por la contundencia de sus análisis el escritor Ralph Giordano, nacido alemán de padres judíos italianos y superviviente de un Holocausto que pasó escondido en un sótano. Pro Köln no es para Giordano más que “una delegación local de los nacionalsocialistas”, pero, por otro lado, los turcos en Alemania no son más que un grupo impermeable a toda integración, que después de tres generaciones sigue sin hablar alemán y cuya mezquita en Colonia -"una demostración del poder del islam"- será, como el resto de templos islámicos en Occidente, “el símbolo de un mundo paralelo”. Recordando que los terroristas del 11-S utilizaron Alemania como su base de operaciones, Giordano se ha pronunciado repetidamente en contra de la “falsa tolerancia” contra una comunidad que crea y alberga figuras como la del clérigo turco Metin Kaplan, conocido como el “Califa de Colonia”. “No quiero ver a mujeres en las calles vistiendo burkas. Me siento insultado, no por las mujeres en sí mismas, sino por la gente que las ha convertido en pingüinos humanos”, apuntaba el anciano escritor al New York Times, en declaraciones que molestaron -por la expresión de “pingüinos humanos”- a otros escritores, pero que, incluso en este último caso, se muestran claros al apuntar que “una mezquita es más que una iglesia o una sinagoga; es una declaración política”.

El 'colaboracionismo' católico y la mano implacable de Turquía

No sólo la izquierda y el alcalde cristianodemócrata han apoyado -hasta la aprobación del proyecto- la construcción del templo islámico de Colonia, con los ‘grupos antirracistas’ en las calles provocando graves disturbios -incluso intentando arrebatar las pistolas de los policías- hasta conseguir, de forma paradójica, que el regidor prohibiera, para “evitar más violencia”, el ‘Congreso contra la Islamización’ que Pro Köln había organizado este fin de semana aunque sus integrantes nunca se habían manifestado de forma violenta. Inasequibles al implacable y constante etiquetado de "neonazis", los integrantes de Pro Köln recuerdan que, a diferencia de los judíos, la comunidad de origen turco "no siente ninguna necesidad de aprender alemán". Cuando una parte significativa de la población de Turquía se muestra opuesta a la creciente islamización de la vida política y social de su país, ha sido precisamente Turquía la que está imponiendo esa islamización en Alemania, donde las exigencias del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, de construcción de universidades en Alemania que enseñen en turco además de megamezquitas como la de Colonia parecen dirigirse a la consolidación de una sociedad paralela a la general alemana bajo su control directo.

Pero el apoyo no es sólo político, sino también religioso. Y, en concreto, cristiano. De la misma forma que el propio obispo de Oxford respalda el proyecto de llamada a la oración tres veces al día a través de los altavoces de la gran mezquita de la localidad -“relájense” y “disfruten de la diversidad de la comunidad” dijo a los oponentes a la implacable llamada del muecín resonando por todo Oxford (ND)-, de la misma forma iglesias protestantes y algunos sacerdotes católicos se han unido a las donaciones de la comunidad musulmana y a los masivos fondos aportados por el directorado religioso de Turquía a través de una delegación local en Alemania para subvencionar el enorme templo musulmán. El sacerdote católico Franz Meurer lleva la iniciativa en este sentido, con el paso del cepillo entre sus fieles del barrio de Höhenberg-Vingst, con alta población emigrante y musulmana en sí mismo, y con la débil oposición de una parte de la parroquia que cree en que las “religiones deberían ser tolerantes” pero que, sin embargo, “no ven a los musulmanes” dotados de tal “tolerancia” respecto a los demás.

La dureza del cardenal... con el arte

Por cierto, no se puede decir que a la jerarquía católica de Colonia le falte agresividad con las cuestiones que considera fundamentales para ella. Por ejemplo, el proyecto de renovación de una vidriera de la propia catedral, destruida durante la Segunda Guerra Mundial, fue rechazado recientemente por el propio cardenal como inapropiado y extravagante dado que el diseño contemporáneo del artista comisionado pretendía mostrar el caos en 11.200 piezas de cristal, simbología que, para la jerarquía católica, suponía unas percepciones extrañas a sus creencias. Heredera de la histórica oposición religiosa a las corrientes contemporáneas del arte, la jerarquía católica en Alemania y fuera de ella se muestra callada ante lo que muchos ven como un reto planteado en su propio terreno, sin posible respuesta en los países islámicos que no dejan de exigir más y mayores mezquitas en Europa mientras cierran a cal y canto sus países al cristianismo, cuando no lo reprimen con sanguinaria crueldad.

En Turquía, desde donde se dirige el proyecto, el apoyo financiero cuenta con la cobertura política de grueso calibre del iracundo primer ministro turco Erdogan, quien, de visita en la propia Alemania y delante de la propia Merkel, exigía que “ningún niño (de la comunidad turca) aprenda a hablar alemán antes que la lengua de sus antepasados”. Calentando el ambiente hasta el paroxismo victimista (ND), el presidente turco declaraba: “Tengo parientes en Alemania y me dicen: ‘Estamos asustados’” (ND). Pocos días antes se había producido un incendio en una casa en el que fallecieron nueve personas de origen turco. La policía desvinculó el siniestro de cualquier intencionalidad racista y lo rebajó al de mero accidente doméstico. Sin embargo, las conclusiones de la investigación fueron ignoradas por Erdogan en sus -esta vez, sí- incendiarias declaraciones y gravísimas acusaciones.

Irán exige "respeto a los derechos humanos"

Mientras tanto, la iglesia católica -alemana y universal- se mantiene en silencio, con alguna tibia manifestación de algún miembro de la jerarquía local reconociéndose “intranquilo pero no asustado” por la construcción de la “megamezquita” que rivalizará con la catedral de Colonia incluso como futuro destino turístico. La pasividad católica, muy lejos de la agresividad turca, contrasta incluso más con la no menor avalancha de acusaciones, exigencias y amenazas provenientes de Irán, entre otros países musulmanes. Nada menos que el ministerio iraní de asuntos exteriores se cebaba con el tema al calificar el abortado congreso de Pro Köln como una de las acciones que “demuestran la violación de los derechos humanos y de los derechos de los musulmanes en Europa”. Un portavoz de la diplomacia iraní al máximo nivel declaraba a la “República Islámica de Irán” como un país que “cree firmemente en el apoyo de la libertad de expresión” pero que, sin embargo, con intentos de reunión como el de Pro Köln en Colonia, tal libertad de expresión “no puede justificar en modo alguno la extensión de la islamofobia en Europa” por lo que Teherán exige que “los países respeten los derechos de los musulmanes y procuren no molestarlos o insultarlos”.



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