NUEVO DIGITAL Internacional - "Infieles corruptos, pervertidos ateos": Un informe de derechos humanos denuncia la implacable persecución de Arabia Saudí contra su minoría chiíta ismaelita
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"Infieles corruptos, pervertidos ateos": Un informe de derechos humanos denuncia la implacable persecución de Arabia Saudí contra su minoría chiíta ismaelita

"Infieles corruptos, pervertidos ateos": Un informe de derechos humanos denuncia la implacable persecución de Arabia Saudí contra su minoría chiíta ismaelita

29.09.08 • 03:16 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Durante la Conferencia para el Diálogo Interreligioso que, auspiciada por Arabia Saudí, se celebró en Madrid el pasado mes de julio (ND), precisamente el monarca saudita proclamaba al mundo que el islam es “la religión de la moderación, la ponderación y la tolerancia” (ND). Pero para millones de sus creyentes, el islam no es ninguna de esas cosas ni tan siquiera entre los propios musulmanes. Y mucho menos en la propia Arabia Saudí. No hay nada que odien más miles de musulmanes en todo el mundo que a otro musulmán de la secta contraria. En Irak, el odio interislámico se ha mostrado en toda su letal y abierta manifestación de odio carnicero. Pero es en Arabia Saudí donde el rencor de baja intensidad se manifiesta en una alta magnitud de discriminación y persecución contra los “infieles corruptos y los pervertidos ateos”. Que no son cristianos, sino otros musulmanes, los musulmanes chiítas que traicionaron a Mahoma tras la cruenta batalla por su sucesión que se desató a la muerte del profeta y que aún hoy continúa ensangrentando la Dar al-Islam, la Morada del Islam donde debería reinar ya la paz de Alá.

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Pero no. De hecho, donde reina la paz de Alá no es en los países islámicos, sino en los que conforman la Dar al-Kuffar, donde moran los infieles, pero donde también, de forma paradójica, viven con total seguridad los propios fieles musulmanes, muchas veces ignorando no sólo a sus hermanos de fe que aterrorizan al mundo con la desatada crueldad que a ellos les inspira el Corán, sino también a los infieles y a los dhimmis que hacen de la “islamofobia” occidental una forma de ganarse la vida, llevar comida caliente a sus familias y, a veces, enrriquecerse con la especulación de los crecientes recelos entre sociedades mientras callan una persecución de los cristianos que no genera rendimientos económicos.

Ni Jesús ni Suiza

En Irán, se puede ser cristiano -siempre que no se haga proselitismo-, pero bajo ningún concepto se puede ser un converso al cristianismo. De hecho, bajo ninguna excusa humana o divina un musulmán puede dejar de ser musulmán. Una reportera de Channel 4 infiltrada con cámara oculta en mezquitas británicas financiadas con casi infinitos flujos de dinero saudí desvelaba este mismo mes lo que les debe esperar a los conversos en la dirección equivocada: “Si es musulmán y se sale del islam, ¿qué vamos a hacer? ¡Matarlo, matarlo, matarlo…! ¡Tenéis que matarlo! ¿Entendéis? Esto es islam”, decían las mujeres de la Mezquita Central de Londres reunidas en sus animados encuentros catequistas a puerta cerrada (ND), para otros, una desatada orgía de odio instalada con todos los derechos políticos y sociales en el corazón del país que los inventó.

En el Irán chiíta, el castigo a los malditos que abandonan el islam por el cristianismo se lleva a rajatabla. “Pídele a Jesús que baje y te salve”, le decían los torturadores de Teherán, mientras aplicaban corrientes eléctricas en sus testículos, al humilde conductor de autobús que cambió de religión desde una religión que no acepta tal osadía. Pero los depredadores de los ayatolas sabían lo que decían. Ni Jesús bajó a salvarle, ni tampoco parece dispuesto a hacerlo Suiza, que le niega el estatus de refugiado en un país donde se conceden todas las protecciones políticas y sociales a los propios musulmanes para intentar llenar el país de minaretes (ND) y donde cualquier criminal de alta o baja estofa cuenta con tantas garantías, seguridades y amparos que la población se ha echado en manos de los partidos que los gobernantes de bien llaman de ‘ultraderecha’ (ND).

Ciudadanos de segunda, torturados de primera

Pero si los cristianos sufren en el Irán chiíta, los chiítas también sufren lo suyo en la Arabia Saudí sunita. O ultrasunita, como podría calificarse al wahabismo donde reina el otro monarca del Toisón de Oro (ND). La minoría ismaelita chiíta de la región saudí de Najran es descrita como formada por “infieles corruptos y pervertidos ateos”, y lo es no por cualquier clérigo fuera de control en agitados y oscuros tiempos históricos, sino el año pasado y por el propio Consejo Superior de Clérigos Religiosos, el organismo que tiene bajo su misión la interpretación oficial de la fe, los rituales y la ley islámica. Los ‘ismaelitas’, como son conocidos por su primigenio origen histórico en la devastadora guerra entre musulmanes por la sucesión de Mahoma, “parecen exteriormente islámicos, pero, en su interior, son infieles”, según dictaminaba el máximo juez de Arabia saudí en 2006.

Estas sanciones al máximo nivel son recordadas en el último informe de Human Rights Watch, titulado “Los ismaelitas de Najran: Ciudadanos saudíes de segunda clase”. Sin embargo, según el propio estudio, es mucho menos que la segunda clase de la ciudadanía saudí lo que reciben los islmaelitas lejos de un Teherán que también ve como una extraña derivación chiíta a los seguidores del Guía Absoluto local, sin duda con mayores problemas que el Aga Khan internacional de traje y corbata. Acusados sus líderes en ocasiones de “brujería” y sus fieles de “politeístas”, las detenciones, torturas y juicios secretos de cientos de los atribulados chiítas ismaelitas saudíes -que pasaron a dominio de Riad en un guerra de conquista contra Yemen en 1937- constituyen los otros indeseados rituales de su fe para los otros renegados de Alá, los cuales no sólo nunca han sido totalmente integrados en la vida social y política saudí, sino que se han visto sometidos a una persecución sangrienta más allá de las purgas que, de sus creyentes, se ha realizado en la burocracia del país.

Tolerancia en el extranjero

“El gobierno saudí predica la tolerancia religiosa en el extranjero, pero ha penalizado de forma sistemática a sus ciudadanos ismaelitas por sus creencias religiosas”, se denuncia desde Human Rights Watch. “El estado debería dejar de tratar a los ismaelitas como de segunda clase en el empleo, el sistema judicial y en la educación”, concluye la organización antes de exigir que “la medida de la tolerancia religiosa saudí” se “practique en casa” y “no sólo se predique en el extranjero”.



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