NUEVO DIGITAL Internacional - La banca islámica promete el paraíso en medio del infierno de Wall Street mientras el Arzobispo de Canterbury proclama que "Marx tenía en parte razón"
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La banca islámica promete el paraíso en medio del infierno de Wall Street mientras el Arzobispo de Canterbury proclama que "Marx tenía en parte razón"

La banca islámica promete el paraíso en medio del infierno de Wall Street mientras el Arzobispo de Canterbury proclama que "Marx tenía en parte razón"

01.10.08 • 03:38 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

“Adoradores de ídolos”. Bueno, de un ídolo: “El mercado”, una “abstracción” que debería tener una dimensión “moral” puesto que “no es como una enorme conciencia individual”, sino un negocio “llevado por personas” y no por “una máquina gobernada por leyes inexorables”. “Hace mucho que Marx observó la forma en que el capitalismo desenfrenado se convierte en una forma de mitología, atribuyendo realidad, poder y actividad a cosas que no tienen vida en sí mismas”. Las certeras ideas de Marx y los falsos ídolos del Antiguo Testamento que han regresado en la forma de ‘hedge funds’ ya andan revueltos en las advertencias del Arzobispo de Canterbury. Su segundo, el Arzobispo de York, fue menos literario. Llamó a los hombres de las altas finanzas “atracadores de bancos” y “desplumadores de bienes”. Con sectores islámicos advirtiendo de que esto no estaría pasado en un sistema financiero gobernado por Alá, la siguiente es la crónica del desbocado ataque de los hombres de Dios sobre los hombres del Oro. Por cierto, unos hombres del Oro que ya les han contestado cómo ellos gestionan el dinero de Dios para los Sumos Sacerdotes de la Moral. Con enormes réditos otorgados por el demonio de la especulación, dicho sea de paso.

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“Hipócritas”. Los grandes diarios financieros han entrado esta vez al trapo. El pánico y los nervios mezclados es lo que tienen. Pero, ¿por qué revolotean faldones sacerdotales en el parqué de la City y de Wall Street? Y, aun más: ¿Por qué se oye de fondo la llamada del muecín desde los minaretes de las finanzas santas y no diabólicas como las occidentales? Para el Arzobispo de York, segundo de la Iglesia de Inglaterra y furioso fustigador del “multiculturalismo” y la “diversidad cultural” (ND), las estrategias bajistas que han llevado al borde del abismo a la principal entidad hipotecaria del Reino Unido, el HBOS, son algo así como la acción de unos “atracadores de bancos” y unos “desplumadores de bienes” en un mercado regido por “las leyes de comercio de ‘Alicia en el País de las Maravillas’”. “El valor de la acción de un banco ya no depende de la fuerza de su comportamiento, sino más bien de la voluntad del Estado de rescatarlo, o más bien de que el Estado haya anunciado su intención de hacerlo”, decía John Sentamu.

"La búsqueda de la verdad" en el descubierto

Mientras tanto, su inmediato superior, el Arzobispo de Canterbury, esta vez no proclamaba la inexorabilidad de la sharia sobre el sistema legal británico, sino la inexorabilidad de las perversiones del “capitalismo desbocado” que ya “Marx había observado hace mucho tiempo”. En un ‘revolucionario’ y extenso artículo en la revista política británica The Spectator, Rowan Williams no mencionaba ni una sola vez a Dios, pero sí a Marx, y también a otra palabra mucho más de moda, “fundamentalismo”, que, aunque “una palabra religiosa”, esta vez “no es inapropiada a la naturaleza del problema”, es decir, la de la “idolatría” del mercado que, sin embargo, no tiene “conciencia individual” ni está gobernada como una “máquina” por “leyes inexorables”. Sin embargo, la respuesta a los insultos, las agrias recriminaciones y las moralinas de extracción religiosa han sido contestadas con no menos agresividad por unos brokers que no están en estos momentos precisamente para que les toquen los ‘hedge funds’ desde los nuevos o los viejos testamentos.

La palabra “hipocresía” saltaba a los titulares de los estremecidos grandes diarios financieros internacionales como el Financial Times, que, por unos instantes, dejaba pasar a su redacción un cierto olor a incienso. Pero lo que los brokers contestaban a obispos y arzobispos olía a todo el azufre del infierno. Gestores de ‘hedge funds’ recordaban que los 10.200 millones de dólares que la Iglesia de Inglaterra prestó en operaciones en el extranjero no sólo apoyaron estrategias bajistas en bolsa, sino que, además, contribuyeron a hacer ‘el bien’ y no la orgía de depravación financiera descrita por los clérigos. Hugh Hendry, uno de los cofundadores de Eclectica Asset Management, de Londres, declaraba: “Están intentando matar al mensajero y están desviando de forma masiva la atención de la radical incompetencia de los ejecutivos de los bancos”. En esta transferencia de responsabilidades, el ejecutivo concluía en sentencia críptica y eterna: “Las estrategias bajistas son la búsqueda de la verdad”.

"Los hedge-fund son moralmente virtuosos"

¿Demasiada tensión acumulada? ¿Algún whisky de más que hiciera ver el lado místico al apocalipsis financiero? En absoluto. El contraataque ha sido mucho más sólido que todo eso. Los acorrolados expertos financieros y los columnistas más aguerridos en el combate en territorio hostil y en el peor momento posible han salido en tromba a defender un sistema que, como la venta a descubierto, “es moralmente virtuoso porque ayuda a mantener honestos los precios de las acciones”. Comparando a las bolsas con un debate público sobre el precio de las cosas, el columnista Alex Singleton recordaba: “Los inversores bajistas hacen que la bolsa funcione de forma más efectiva mediante la provisión de un contrabalance”. “Suponen un incentivo financiero para decir la verdad sobre las compañías y para ayudar a empujar el precio a la baja hacia un nivel más exacto”, concluía. Sin embargo, las sutilidades de la sofisticación del sistema financiero internacional sonaban muy lejanas allá arriba en los minaretes de la verdad musulmana.

La prohibición coránica del riesgo especulativo y de la especulación en sí misma era el argumento central de varios dirigentes musulmanes a la hora de justificar cómo la debacle no habría sucedido en un sistema financiero regido por la sharia. “El islam no prohíbe las inversiones pasivas, ni dar préstamos sin interés. La deuda no es contraria a la ley islámica. Sí que lo es cargar intereses”, se decía desde medios musulmanes en Estados Unidos, no sin reconocer que existía división entre los expertos de su religión sobre si lo que prohíbe el Corán es el mero “interés” o la “usura”. “El sector islámico financiero de Asia capea bien el temporal”, se declaraba desde ‘programas multiculturales’ en radios públicas occidentales: al no estar expuesto a una especulación desbordada, no puede existir un castigo masivo a las inversiones de la sharia puesto que las cotizaciones están más soportadas por los valores reales de las cosas que los ficticios apuntes contables de las pecaminosas finanzas occidentales. Pero tampoco, ni con mucho, esa es una opinión general entre los musulmanes. Algunas organizaciones islámicas también consideran que la banca islámica es un “timo” del que se aprovechan con sus masivas inversiones los imanes que, para llevarlas a cabo, amenazan con “el fuego del infierno” a los fieles que invierten en bancos infieles (ND).

Finanzas de camellos en la economía global del Siglo XXI

Tanto estas versiones desde ‘dentro’ del islam más crítico con una potencial y supuesta economía global basada en los intercambios de camellos en los desiertos de hace quince siglos -con el Reino Unido en la avanzada (ND)-, como las puntualizaciones de los grandes medios económicos occidentales, vienen a coincidir en que un sistema tan primitivo puede funcionar a pequeña escala precisamente porque no tiene demasiada competencia interna y porque, además, y sobre todo, existe una masivo y gigantesco sistema internacional que sostiene los enormes beneficios de quienes, para congraciarse con Alá y con su conciencia, dedican una pequeña parte de sus inversiones a los fondos piadosos. En un fondo ‘halal’, operaciones tan básicas como un préstamo hipotecario son mucho más caras puesto que se duplican las gestiones de compraventa. Si un musulmán pide dinero para comprar una casa a un banco de la sharia, la entidad es quien compra la propiedad y se la alquila al comprador por una ‘renta’ que irá pagando junto con el retorno a plazos del capital prestado.

Cuando concluya la devolución -con el ‘interés’ del ‘alquiler’ percibido más el ‘principal’-, el banco volverá a vender la casa a quien sólo desde entonces es el propietario. Se habrán duplicado unas gestiones que, a cada vez más críticos con la cantinela de las finanzas sagradas musulmanas, les parece, lisa y llanamente, un “timo” en comparación con la despiadada pero transparente gestión de la banca capitalista infiel. “Una mezcla de ingenuidad y persistencia ha hecho que la banca islámica supere algunos de los principales obstáculos”, decía el Economist hace unos días. Pero, como en las viejas herejías cristianas, los enfurruñados economistas actuales dicen que algunos se pueden permitir creerse puros invirtiendo según Alá sólo porque otros -o ellos mismos, con la mayor parte de su capital- se alían con el diablo para que el sol continúe calentando la tierra y no sólo el infierno de los malditos adoradores de los ídolos capitalistas.



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