El Papa y el gobierno de Nueva Delhi lanzan dramáticos llamamientos pidiendo el cese de las matanzas de cristianos en India
X- NUEVO DIGITAL (26/09/08) - Líderes hinduistas lamentan la forma "impía" en que Hollywood presenta su religión y condenan el "apartheid" de los gitanos en Europa
No sólo en Irak se está realizando un implacable exterminio de cristianos, a los que los musulmanes dan a elegir entre el pago del impuesto coránico de sumisión, o la tortura y la muerte. En India, se lleva a cabo la que ya es considerada como la peor campaña de violencia contra los cristianos del país desde la independencia de 1947. A las masacres de católicos y protestantes en varios países musulmanes asiáticos y africanos -y de coptos, en Egipto (ND)- se han unido las cometidas contra la ínfima minoría cristiana en India -un 2,5 por ciento de la población total- por parte de partidos políticos hinduístas-ultranacionalistas de estructura fascista y paramilitar. Estas organizaciones pretenden contrarrestar las masivas conversiones al cristianismo mediante matanzas que incluyen violaciones previas y el bien clásico remate de la quema de personas vivas -a veces pagando hinduístas 'inocentes' una errónea adjudicación de fe cristiana. Hasta hace semanas, eran grupos islamistas los que monopolizaban las oleadas de atentados en apocalípticas escabechinas interreligiosas. Pero ahora son los hinduistas los que reclaman un papel más activo en el odio antioccidental a través de la represión y exterminio de quienes practican el cristianismo.
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Las versiones sobre el origen del violento rebrote de la persecución de los cristianos en India están divididas entre quienes, como los ultranacionalistas indios, consideran que se debe a las campañas de conversiones de los misioneros cristianos entre hindúes, y los cristianos -junto con la inmensa mayoría de los observadores no religiosos nacionales e internacionales, organizaciones de derechos humanos, incluidas- que ven un intento de partidos parafascistas indios de posicionarse por las bravas en las próximas elecciones de mayo. Básicamente, partidos como el Bharatiya Janata consideran que India no debería ser un estado laico -como lo proclaman sus fundamentos constitucionales-, sino una nación con el hinduismo como religión oficial, por lo que el resto de religiones no deberían ser consideradas más que como “intrusas”. Este enfoque ha hecho que, a pesar de la actividad terrorista de grupos islamistas, los propios musulmanes -la segunda minoría religiosa india con el 14 por ciento de los 1.100 millones de indios- también hayan caído en ocasiones bajo el punto de mira del radicalismo hindú.
El 'soborno' del cristianismo a las 'castas'
Sin embargo, son, con mucho, los cristianos los que están pagando en sangre su histórica -aunque ahora recrudecida- consideración de 'foráneos'. En efecto, se están produciendo conversiones masivas entre las clases más bajas que ven en el igualitarismo cristiano una salida al férreo y ancestral sistema de castas que los hinduistas radicales defienden y proclaman como una de las bases constitutivas del estado. Además, muchos misioneros cristianos proveen de hospitales y escuelas a la ultraempobrecida población india de las ‘castas’ hindúes, marginadas del acelerado desarrollismo indio y de la rápida creación de una clase media urbana que, por su parte, también huye a pasos agigantados de la tradición milenaria hindú y mira hacia Occidente. Es en este entorno formado por la disolución de los esquemas históricos indios tradicionales -más el crecimiento de la presencia cristiana entre los propios indios a través de una atención ‘occidentalizada’ que se ve como un “soborno” de las clases más desfavorecidas- en el que los ultranacionalistas indo-hinduistas pescan cada vez mayor influencia, hasta haberse convertido en la segunda fuerza opositora en las últimas dos décadas.
Las celebraciones del Rashtriya Swayamsevak Sangh -considerado como el partido más antiguo y más influyente en el ultranacionalismo hindú- se producen en la mejor tradición fascista, con niños uniformados cantando, y una confusa y explosiva mezcla de enseñas nacionalistas y armas cruzadas como símbolo del carácter belicoso del movimiento. Observadores independientes relacionan a este movimiento con la matanza de, al menos, 60 cristianos el mes pasado, en unas escabechinas en las que, además, otros 50.000 se quedaron sin sus casas en medio de un incendio generalizado de iglesias. La soberbia desafiante de estas organizaciones se muestra en toda su arrogancia cuando, no sólo desmienten su participación en las matanzas, sino que sus líderes responden preguntando a su vez “cómo pueden estar seguros ustedes de que los cristianos no se están matando entre ellos”. Con los problemas concentrados principalmente en el estado de Orissa, todo comenzó el pasado mes de agosto, cuando un líder hinduista de la línea dura fue asesinado en lo que la policía, tras investigar el crimen, consideró como un atentado de grupúsculos maoístas que, por otra parte, estos reivindicaron de forma abierta y pública. No lo vieron así los seguidores del muerto, que, de forma inmediata, responsabilizaron a los cristianos. En esa primera oleada criminal fueron asesinadas no menos de 30 personas.
Otro 'Ratisbona' para el Papa en India
Benedicto XVI, precisamente durante la canonización el pasado domingo de la primera santa india, lanzó un llamamiento para orar por los cristianos perseguidos con tanta saña en Irak y en India, mientras pedía a quienes cometen los asesinatos que renuncien a la violencia. Pero las dramáticas peticiones del Papa, aunque realizadas en el habitual melifluo tono vaticano, no han hecho sino añadir más fuego al radicalismo hindú. “India es un país soberano y no creo que ningún líder religioso tenga que decir nada”, manifestaba una portavoz del Bharatiya Janata en una inquietante remembranza de las ‘quejas’ musulmanas tras la frugal cita histórica en el discurso papal de Ratisbona. Por su parte, el arzobispo católico de Orissa no sólo defendía “el derecho del Papa a hablar por los que, como nosotros, somos objeto de una violencia de la peor clase”, sino que reconocía la “amenaza” que se cierne sobre todos los cristianos de la zona. En este contexto, el primer ministro indio, Manmohan Singh, recordaba el carácter laico, multicultural y multirreligioso de India mientras que, con indisimulado abatimiento, resumía la situación con estas palabras: “Hay enfrentamientos entre hindúes, cristianos, musulmanes y grupos tribales. Una atmósfera de odio y violencia se está creando artificialmente”. Las atribuladas jerarquías y feligresías cristianas de Orissa tampoco tienen dudas: partidos "hinduístas fundamentalistas" están alentando las masacres.
Con la Unión Europea protestando, vía Sarkozy y ante el propio primer ministro en una cumbre bilateral UE-India en Marsella, contra la “masacre” de cristianos, y líderes religiosos e hinduistas emitiendo comunicados de “diálogo” -en especial sobre el tema de la “conversión” al cristianismo que tan letales consecuencias acarrea para los hindúes y los musulmanes que se atreven a afrontarla-, todo parece indicar que, lejos de solucionarse, las tensiones van a crecer en un país que, como India, también se enfrenta a una ‘occidentalización’ que tan desastrosas consecuencias tuvo en el nacimiento del islamismo radical y terrorista, cuando, una vez más, la religión se ha convertido en la única forma de mantener una identidad que va siendo barrida por el progreso que llega de un Occidente tan atractivo como odiado con el rencor de quienes se ven como perdedores.
