Londres, contra cualquier límite a la entrada de extranjeros: "Los inmigrantes podrían entrar y salir de Europa como los británicos vamos y vivimos en España o Francia"
XEl nuevo y máximo responsable para la inmigración en el gobierno británico tomó posesión de su cargo y, en días, entró a saco con propuestas de una contundencia inaudita para el laborismo -y también para el conservadurismo- de Londres. Límites cuantitativos a la inmigración, saber quién entra y quién sale, afrontar el fiasco del multiculturalismo, obligatoriedad de aprender inglés, rechazo al pañuelo musulmán, preferencia de los británicos sobre los inmigrantes en los puestos de trabajo, reconocimiento del “fracaso” laborista en su política de asilo… Incluso, rechazo al uso de la sanidad pública por los ilegales. Menos de 24 horas duró el espectacular ‘mea culpa’. Al día siguiente, un comunicado oficial y una serie de apariciones en los medios llevó a un arrepentido Phil Woolas a defender lo contrario de lo que había dicho unas horas antes. Con un nuevo y no menos espectacular argumento: no hay que tener miedo a una inmigración que crezca sin límites puesto que “la población de la Unión Europea puede ir y venir igual que nosotros (los británicos) vamos y vivimos en España o Francia”.
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Durante una conferencia con su homólogo holandés, el nuevo ‘immigration minister’ británico -con rango equivalente al de subsecretario en España-, se lanzó a un abrumado reconocimiento de responsabilidades sobre una política multicultural que “deja a las comunidades aisladas unas de otras para mutuo disgusto de todos”. “Nuestro fracaso en dar recursos al proceso de asilo ha causado una inimaginable miseria humana y división dentro de nuestras comunidades. Mi actitud sobre este tema es que nos vamos a poner al día porque es lo moralmente correcto para quienes buscan asilo y lo correcto para el país en su conjunto”, añadía Woolas. De hecho, el recién ascendido parlamentario laborista se vio obligado a escudarse a sí mismo en su historial de “lucha contra el racismo” para exponer sus duras propuestas y, de paso, separarse de quienes definió como “progresistas de Hampstead”, algo así como los ‘progres a la violeta’ en concepto español.
"Cadáveres en los camiones de Calais"
Sin embargo, el máximo responsable de la inmigración británica fue todavía más lejos en su análisis de la inmigración extraeuropea. En una entrevista con el Times, y no sin antes defender de nuevo su ‘intachable’ pedigrí de lucha contra el “racismo” (entendiendo como tal el de blancos nativos contra inmigrantes de color), Woolas proponía topes para la entrada de inmigrantes en el Reino Unido y, por ende, en la Unión Europea. “Debemos tener una política de inmigración, y eso supone, de alguna forma, que tengamos que ser capaces de poner un límite a la inmigración. Este gobierno no va a permitir que la población de este país supere los 70 millones de habitantes. Debe haber un equilibrio entre el número de personas que entran y el número de personas que salen”. Recientes estudios han venido previendo cómo la imparable entrada de inmigrantes, con explosivas tasas de reproducción, llevará a la población del Reino Unido, desde los 60 millones de habitantes actuales, a los 77 millones en 2051 y a los 110 millones en 2081, convirtiendo al Reino Unido en el país más superpoblado de Europa.
En la misma entrevista, Woolas concluía: “Ha venido siendo demasiado fácil entrar en este país en el pasado y ahora va a ser más difícil”. Y sobre las posibles regularizaciones masivas de ilegales, las palabras del responsable inmigratorio no podían ser más agresivas en su descripción: “Una amnistía (de inmigrantes irregulares) comienza con una discusión entre políticos y termina con cuerpos sin vida en la caja de un camión de transporte en (el puerto de) Calais”. Además, valorando la “muy fuerte percepción” de que “los inmigrantes se saltan las colas de las viviendas (sociales)”, el responsable político se declaraba a favor de combatir “los pocos casos de abuso, de forma que la gente vea que el sistema es justo”. Reconociéndose consternado por los reportajes de prensa sobre inmigrantes recibiendo casas sociales de 1 millón de libras a costa de los contribuyentes -en el caso de musulmanes con varias esposas-, Woolas no lo desmentía, sino que afirmaba que se trataba de decisiones locales que “están mal, incluso si son poco frecuentes”.
Irregulares: "No al derecho a la sanidad pública"
Mucho más contundente se manifestaba a la hora de defender el derecho de los británicos a los puestos de trabajo por delante de los recién llegados, especialmente en tiempos de crisis. Y, sobre el denominado “turismo sanitario” -del que, por otra parte, tanto saben muchos británicos en su explotación del sistema público español-, Woolas concluía: “Si estás legalmente, debes tener acceso a la Seguridad Social. Si estás aquí ilegalmente o -¿cuál es la palabra que usamos?- clandestinamente, no deberías tener tal derecho. Es un servicio nacional de salud, no un servicio internacional de salud”. Inflexible en la defensa de que los inmigrantes deban aprender inglés puesto que “la traducción de documentos oficiales en otros idiomas mete a la gente en guetos”, el pañuelo musulmán también recibía una inequívoca toma de posición: “Debería ser de su elección (llevarlo o no), pero en la escuela no se debería llevar. Es más difícil conseguir una buena educación si llevas un velo como si estuvieras aislado”.
Casi sin dar tiempo a la previsible avalancha de reacciones por estas declaraciones, algo debió pasar dentro del ejecutivo británico para que Woolas se echara atrás de manifestaciones expuestas de forma tan inequívoca y transparente. Unas pocas horas después de su conferencia y de la aparición de su entrevista en el Times, el responsable de inmigración emitía un apresurado comunicado en el que defendía cómo sus palabras habían sido “malinterpretadas” puesto que no se manifestaba a favor de “límites” o “topes” a la hora de dejar entrar a inmigrantes o asilados en el Reino Unido. Además, en entrevista con la BBC, Woolas declaraba: “Creo, francamente, que se han dicho muchas cosas sin sentido en torno a un tope (a la inmigración)”. “La población de la Unión Europea puede venir e ir simplemente como nosotros vamos desde el Reino Unido y vivimos en España, quizás, o en Francia, así que también otros pueden entrar en nuestro país”, remachaba.
'Incapaz de llamar espada a una espada'
“Así que es muy difícil de ver, incluso si estamos a favor de un tope, cuál debería ser”, concedía, para inmediatamente retroceder de nuevo: “Pero no estoy diciendo que no deba haber un límite de alguna clase”. En plena contradicción y ante la imposible conciliación de lo que dijo, lo que corrigió, lo que quiso decir y lo que debió decir, Woolas parecía rendirse y establecía cómo, en su opinión, no existe un “mensaje simple” en torno al tema. Sin embargo, en todo caso, la nueva version 'corregida' del pensamiento de Woolas no sólo no se mostraba en contra del multiculturalismo, sino que hacía de él "nuestro punto de partida" porque "es una buena cosa" para ayudar a que los inmigrantes "se ayuden a sí mismos a convertirse en parte de nuestra sociedad".
Desde las filas conservadoras se han echado al cuello del gobierno de Brown afirmando que, tras este caos de declaraciones y contradeclaraciones, “no se ofrece ninguna política” de inmigración. Algunos medios piden incluso “apoyo” para Woolas en su casi imposible meta de decir lo que quiere decir sin decir lo que piensa. Desde el ‘fuego amigo’ del Guardian también se dispara contra un hombre cogido a sí mismo entre la espada y la pared, y se le relaciona con lo que lo que desde las filas conservadoras califican despectivamente como “progresista lector del Guardian”, es decir, alguien incapaz de “llamar espada a una espada”, el dicho que en español viene a equivaler al de la actitud de un hombre, atrapado en su propio callejón sin salida, que no se atreve llamar “al pan, pan, y al vino, vino” en lo que piensa sobre la inmigración, lo que puede decir sobre ella, y lo que puede hacer en general en relación a ella.
