Un consejo de ginecólogos asesorará a los dieciséis hombres del Directorado de Asuntos Religiosos de Turquía sobre la "menstruación"
XTurquía continúa sumida en su inflamable esquizofrenia entre el laicismo de unas élites cada vez más aisladas y más occidentalizadas, y el auge del islamismo en unas masas cada vez más ‘masivas’ y más ‘orientalizadas’. El pulso entre los dos sectores se está jugando estos días a cara de perro entre los poderes judicial, legislativo y ejecutivo. De nuevo, el pañuelo islámico femenino -que tan inofensivo resulta para ‘progresistas’ y musulmanes conversos europeos, y cuya autorización acaba de ser vetada por el Tribunal Constitucional-, en Turquía es pieza de disputa a tumba abierta, allí donde ambos bandos saben lo que en realidad se juega. Sin embargo, en medio del ‘choque de civilizaciones’ en un mismo país, el Directorado de Asuntos Religiosos, máximo órgano político de los asuntos espirituales turcos, se reunía con un consejo de ginecólogos para “discutir la menstruación femenina”. Pero, ¿qué dudas mantienen bajo sus severos bigotes los dieciséis hombres maduros de este organismo? ¿Cuál es la importancia de la menstruación -femenina, según se aclara- para estos santos varones a sus años y a estas alturas? La respuesta, como siempre, está en el Corán. Y también en las extremadamente inquietantes tensiones de la Turquía del siglo XXI.
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Nadie ha dicho a las claras qué les van a explicar los ginecólogos a los hombres -todos hombres- del Comité de Asuntos Religiosos encuadrado en el Directorado de Asuntos Religiosos, a su vez, perteneciente al Ministerio de Estado. Al frente de este organismo se encuentra el agrio y belicoso Ali Bardakoglu, el primer líder musulmán que reaccionó al discurso del Papa en Ratisbona exigiendo al Pontífice “una disculpa inmediata” y mostrando su impresión de que la ‘provocación’ reflejaba “el odio de su corazón” (ND), que le acusó de alentar la “islamofobia” (ND), que más tarde sentenció cómo “criticar al Islam amenaza la paz del mundo” (ND), que, con el Pontífice de visita en la propia Turquía y delante de él, exigió que el islam “sea declarado pacífico” (ND), que negó la reconsagración cristiana del pequeño templo en la ciudad natal de San Pablo (ND) mientras remite masivos fondos para financiar la gigantesca mezquita de Colonia (ND), etc., etc.
'Mujer menstruante, mujer impura'
Sin embargo, tras la implacable agresividad en el proselitismo exterior del islam -y la represión del cristiano en el interior-, el Directorado de Asuntos Religiosos asumía hace unos meses la tarea de revisar todo el corpus tradicional islámico que, ajeno a la revolución laica de Ataturk y a la innegable evolución turca desde entonces, continúa presidiendo la vida cotidiana de los ciudadanos turcos y, sobre todo, sus muchas veces inevitables relaciones con el poder religioso en la dimensión civil de sus vidas. Es en este entorno en el que, según los comunicados emitidos, los ginecólogos “asesorarán” al Comité de Asuntos Religiosos en temas como el de la menstruación femenina, asuntos sobre los que más tarde, y tras la formación de equipos volantes, se distribuirá ‘doctrina’ a ciudadanos e imanes mediante visitas “dos veces al año durante 20 días” a los pueblos del país. En otras palabras, este órgano se encarga de distribuir la opinión oficial de Ankara sobre lo que deben decir los imanes en las mezquitas y lo que deben creer los ciudadanos en sus conciencias, ahora en temas que van desde el “separatismo” y las “actividades destructivas”, a la afamada “menstruación” en sí misma.
El Corán es claro en cómo ve el periodo femenino. “Te preguntan acerca de la menstruación. Di: ‘Es una impureza. ¡Manteneos, pues, aparte de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado! Y cuando se hayan purificado, id a ellas como Alá os ha ordenado’. Alá ama a quienes se arrepienten. Y ama a quienes se purifican” (Corán 2, 222). A partir del contundente contenido de estos versículos, la tradición fue tejiendo todo un corpus de normas sobre las mujeres menstruantes. Entre ellas se encuentra la prohibición de orar -pero no de pronunciar ‘interiormente’ el nombre de Alá en determinadas jaculatorias-, o la prohibición de tocar el Corán, que, sin embargo, otra persona podrá abrir por la mujer en 'estado impuro' y que podrá leer sin rozarlo, y nunca pronunciando en voz alta la palabra ‘Alá’, aunque algunas versiones matizan que lo que está prohibido es que toque el Corán “en árabe”, es decir, lo que realmente es el mensaje de Alá y no el sucedáneo de las traducciones a las lenguas de los infieles.
Teodicea de los flujos
En el caso de que una mujer mantuviera relaciones sexuales durante la menstruación con su marido -escenario prohibido por completo-, el hombre también quedaría ‘contaminado’, por lo que debe realizar rituales de purificación y/o la entrega de limosna por una determinada cantidad (1 dinar -4,25 gramos de oro-, en versión saudí) si realizaron el acto al inicio de la menstruación, o por la mitad de esa cantidad si el coito fue al final del flujo. Puesto que, a pesar del 'estado impuro' de su mujer, el hombre sigue teniendo deseos sexuales, la tradición islámica establece con detalle qué partes -y desde dónde hasta dónde dentro de ellas- puede tocar el hombre a su mujer menstruante.
Por si fuera poco, el testimonio ante un tribunal de una mujer menstruante es la mitad de válido que el de un hombre. ‘Feministas islámicas’ contemporáneas, ante la imposibilidad de cuestionar la palabra sagrada del Corán, justifican esta “precaución” de poner en duda el testimonio de una mujer menstruante porque “cuando la mujer está menstruando no piensa o recuerda con claridad”, como declaraba recientemente una profesora turca de islam de la Universidad de Berlín. En todo caso, y puesto que tantas cosas dependen de si ha terminado o no la menstruación, los textos religiosos islámicos ofrecen detalladísimas y altamente explícitas descripciones sobre los flujos que caben esperar en una mujer en las últimas fases de la menstruación y cuándo estos fluidos marcan su final, o cuándo no representan una menstruación en sí misma. Es, pues, en estos ámbitos en los que el organismo turco será asesorado por el consejo de ginecólogos, con el fin de llegar a una conclusión sobre el grado de impureza de una mujer durante su menstruación y de cómo explicarlo a ciudadanos e imanes que esperan guía oficial sobre el asunto en la Turquía del siglo XXI.
