Cumbre católico-musulmana en el Vaticano: El Papa condena la "discriminación y violencia" contra las "personas religiosas", y la delegación islámica responde que los musulmanes "no toleramos" el "proselitismo" cristiano "en medio de nosotros"
X- NUEVO DIGITAL (05/11/08) - Cumbre católico-musulmana en San Pedro: El Vaticano no considera una condición previa para el diálogo con el islam la libertad religiosa de los cristianos en los países musulmanes
“Nosotros, los musulmanes, no toleramos un agresivo proselitismo en medio de nosotros que destruiría nuestra fe en el nombre de la libertad, no más que los cristianos si estuvieran en nuestra situación”. Son palabras ante el Papa Benedicto XVI pronunciadas por su invitado, el iraní Seyyed Hossein Nasr, profesor de estudios islámicos en la Universidad George Washington, de la capital federal de Estados Unidos, y que intervenía en nombre de la delegación musulmana reunida durante los últimos días con altos representantes católicos en el Vaticano. Nasr, que hablaba en un continente en pleno estallido de construcción de mezquitas cada vez más gigantescas (ND), que vive y enseña en un país donde la libertad religiosa es absoluta para el “proselitismo” musulmán, y que acaba de elegir a un presidente hijo de un musulmán y cuyo segundo nombre también es Hussein, respondía así al discurso del Papa, lleno de vagas y nunca concretadas condenas a la “discriminación y violencia” contra las “personas religiosas”. Sin embargo, el tono desafiante de la delegación islámica iba más allá.
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Confirmando el extremadamente bajo perfil del tono dialéctico y ‘negociador’ que había anunciado el Vaticano con anterioridad (ND), el discurso del Papa ante la delegación musulmana no incluyó ninguna referencia explícita a la persecución del cristianismo en los países de mayoría islámica y mucho menos a las matanzas de cristianos en varios países musulmanes, muy notablemente en los últimos meses en Irak, o a las duras regulaciones o las prohibiciones directas de practicar el cristianismo en prácticamente todos los países musulmanes, con muy contadas excepciones y, además, muy matizables.
"Los musulmanes bosnios también sufrieron genocidio"
“Los líderes políticos y religiosos tienen el deber de asegurar la libertad de conciencia y de religión de cada persona. Mi esperanza es que esos derechos humanos fundamentales sean protegidos para todas las personas en cualquier parte”, declaraba, en su intervención, Benedicto XVI. “La discriminación y la violencia que, incluso hoy en día, experimentan las personas religiosas en todo el mundo, y, a menudo, las persecuciones violentas a que son sometidas, representan unos actos inaceptables e injustificables”, concluía el Papa, sin realizar ninguna mención especial ni concreta a los musulmanes, sin duda escaldado por las consecuencias de la vaga referencia histórica durante su discurso en Ratisbona.
Pero la delegación musulmana asistente a las conversaciones en el Vaticanos, entre la que se encontraban ayatolas de Irán y clérigos de Arabia Saudí, fue mucho más explícita en la utilización de adjetivos religiosos. A la expresa y categórica advertencia realizada por un musulmán residente en Occidente como Nasr de que el orbe islámico no va a “tolerar” el “agresivo proselitismo” cristiano en su propio territorio, se unían las ‘atenuantes’ a las matanzas de cristianos en varios países musulmanes, en ningún momento condenadas por la delegación musulmana. En este sentido, el muftí de Bosnia, Mustafa Ceric, días después de exigir en Estambul el regreso de la influencia turco-otomana a los Balcanes (ND), apuntaba que “mis hermanos, los musulmanes bosnios, también sufrieron genocidio”. En su intervención, sin embargo, el Papa se mostraba convencido de que este forum “representa un paso más en la vía hacia un mayor entendimiento entre musulmanes y cristianos” y que “esta reunión es un claro signo de que nuestra mutua estima y de nuestro deseo de escucharnos con respeto los unos a los otros”.
Conversos al cristianismo: "No queremos ser dhimmis"
Sin embargo, la presión musulmana debió extenderse mucho más allá de lo que sus discursos públicos hicieron ver. En el comunicado conjunto hecho público al término del encuentro se condena la “opresión, violencia agresiva (sic) y el terrorismo, en especial el cometido en nombre de la religión”. Además, el comunicado establecía que las minorías religiosas “tienen derecho a tener sus propios lugares de culto, y a que sus figuras fundadoras y símbolos que ellas consideran sagrados no sean sometidos a ninguna forma de burla o ridículo”, obvias referencias a la crisis de las viñetas de Mahoma, donde miles de musulmanes en todo el mundo protestaron, mediante diversas masacres de cristianos e incendios y saqueos de propiedades, la descripción del islam como una religión violenta dada en los dibujos satíricos. En su intervención ante el Papa, el iraní Nasr había afirmado: “Ciertamente, no podemos afirmar que la violencia es monopolio de una sola religión”.
La reunión en el Vaticano ha sido seguida con mucha atención por los conversos desde el islam al cristianismo que se ven obligados a la clandestinidad, al exilio o a vivir bajo constante protección. Un grupo de 144 cristianos, incluyendo a 77 musulmanes que se convirtieron al catolicismo, al protestantismo o al cristianismo ortodoxo, emitía un comunicado con tres reclamaciones básicas que pedían extender a quienes, como ellos, nacieron en el Norte de África o en el Oriente Medio, y osaron abandonar el islam: “Que la ley islámica no se aplique a los no musulmanes; que el estatus de ‘dhimmi’ (o ciudadanía de segunda clase para los no musulmanes) sea abolido; y que el derecho a cambiar de religión sea reconocido como un derecho fundamental”. Los firmantes del manifiesto pedían que la cumbre incluyera entre los temas a tratar estos tres temas capitales no sólo para su fe religiosa, sino para su propia supervivencia física. Sin embargo, a tenor de los comunicados y los discursos posteriores, no parece que se haya producido ningún avance o referencia en este sentido.
Allam: "Terrorismo, fruto maduro del Corán"
El periodista egipcio, Magdi Allam, también converso desde el islam al cristianismo y que fue bautizado recientemente por el Papa en un acto interpretado como una “provocación” por parte de líderes y manifestantes musulmanes en todo el mundo (ND), también pedía, mediante comunicado público en su blog, declaraciones y pronunciamientos claros por parte del Vaticano, mientras recordaba que el “terrorismo y el extremismo islámico es un fruto maduro” derivado de cumplir “con las enseñanzas del Corán y con el pensamiento y la acción de Mahoma”. Allam, desde su escondite permanentemente vigilado por fuerzas de seguridad italianas ante el apocalipsis de amenazas de muerte que sobre él recayó tras su conversión, describía sus palabras como las de “un creyente sincero” en “defensa de la Cristiandad”, y se definía como “un tenaz protagonista, testigo y constructor de la Civilización Cristiana”, por mucho que, al igual que las reclamaciones de sus ocultos compañeros conversos, sus demandas hayan sido ampliamente ignoradas por la Iglesia Católica en su máximo nivel.
