Nebraska modifica con urgencia su ley de adopción de menores ante el abandono masivo de adolescentes por sus padres en vez de los bebés para cuya protección fue diseñada
X- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO/SELECCIÓN - LA CORROSIÓN DEL 'MAYO DEL 68' HUNDE A COLEGIOS Y FAMILIAS EN EL DESCONCIERTO
Si usted no quiere a su hijo o no puede mantenerle, no aborte. Y si ya ha nacido, no le maltrate, ni le abandone, ni le deje desatendido. Ni, si es posible, le mate. Acuda a un hospital e invoque la ‘ley de refugio seguro’. Si el niño no presenta daños, nadie preguntará ni nadie formulará acusaciones. El estado se hará cargo de él, y su relación con el padre, la madre o con ambos ni tan siquiera estará basada en nombres y apellidos, sino en números de identificación. Ese era y ese es el fundamento de las denominadas ‘leyes de refugio seguro’ de Estados Unidos. Sin embargo, todo dio un brusco giro con la bienintencionada y paternalista extensión de los límites de edad para la normativa en Nebraska.
Seguimiento:
A mediados de julio, Nebraska modificó su normativa para ampliar el ‘refugio seguro’, vigente en todos los estados del país, a todos los menores por debajo de los 18 años de edad. En un inesperado efecto que nada tenía que ver con las intenciones de los promotores de las reformas, las crisis yuxtapuestas -económica, familiar, de valores- han llevado a que decenas de padres se hayan acogido a la nueva normativa. Pero en vez de deshacerse de bebés, de lo que se están deshaciendo es de sus hijos adolescentes.
Los abandonos de las madres de clase media
Desde el 19 de julio en que Nebraska extendió el límite de edad de su ‘safe haven law’, los hospitales han recibido casi una cuarentena de niños. Ninguno bebé, sino niños mayores o -el mayor grupo- preadolescentes y adolescentes de incluso 17 años de edad. Se han registrado casos de padres que abandonaron a todos sus hijos. Uno de ellos, dejó en el hospital a sus nueve vástagos, entre los 1 y los 17 años de edad. En algunos casos, se trata de progenitores con dificultades económicas. En otros, obviamente de padres hartos de las responsabilidades inherentes a la prole. Y, en otros más, quizás los mayoritarios, padres de clase media incapaces de controlar el comportamiento extremadamente violento y autodestructivos de sus hijos adolescentes, auténticas amenazas para sus parientes, para menores de otro sexo o para ellos mismos.
Agresiones a madres y abuelas, consumo de drogas, asaltos a chicas y comportamientos abiertamente suicidas llevaban a madres en su cuarentena a deshacerse de los monstruos en que se habían convertido sus hijos. Y no, no se trataba de la clásica imagen de la inmigrante que deja a su bebé en una caja en un parque, o lo mata y lo guarda en un cajón, una desgraciada plaga que Estados Unidos sufre tanto como España y para la que se diseñaron muy especialmente las leyes de refugio seguro. Esta vez son madres pertenecientes a una clase media tan acomodada como la estadounidense, que apenas doblan la edad de sus hijos adolescentes y que, aún jóvenes y bellas, se ven incapaces de controlar a sus propios hijos.
'Quédense con él'
Sue Quakenbush es una de esas madres. Quizás nunca se imaginó que un día acudiría a un hospital con su hijo de 17 años completamente drogado tras haber sido recogido dando tumbos por la ciudad. Ni mucho menos habría pensado en que, nada más llegar al centro hospitalario, invocaría la legislación de ‘refugio seguro’ y que allí le dejara al cuidado del estado tras rendirse a la evidencia de que nunca podría hacerse valer ante el comportamiento destructivo y autodestructivo de la criatura. Cuando dejó a su hijo en el hospital con el respaldo de la legislación que otorgaba al acto el valor de hecho consumado, Sue le dijo entonces a una enfermera: “No estamos abandonando a nuestro hijo. Sólo estamos intentando conseguirle ayuda”.
Ante la inesperada y súbita consecuencia de la bienintencionada modificación de la ley de Nebraska, el debate se abría de inmediato. Unos se centraban en una supuesta pobreza de los medios de atención psicológica y psiquiátrica para menores en los Estados Unidos. Desde este punto de vista, el comportamiento violento y destructivo de los chicos era una epidemia que el sistema sanitario no estaba afrontando después de que varios de ellos hubieran sido rechazados para tratamientos de desintoxicación o de terapia psicológica.
El desplome de las jerarquías
Para otros, el abandono de adolescentes se debía a una crisis del concepto de paternidad, extremadamente agudo en el caso de determinadas comunidades, como la negra estadounidense, con masivos índices de abandono de menores por parte de sus padres, el nuevo presidente de los Estados Unidos, uno de ellos, dicho sea de paso. Y en opinión de otros más allá, se trata de la devastadora crisis general de valores que azota a negros, blancos, amarillos y azules si los hubiera -que los hubo en la remota antigüedad y aún permanecen entre nosotros algunos de ellos, según algunas ‘biblias’ de versión completa.
En las sociedades donde el hijo lo tiene todo y nada valora, donde ningún límite se le impone para que ninguno se imponga él mismo, o de abrumadores pacifismos y tolerancias impuestas que degeneran en no menos aniquiladoras violencias e intolerancias, en esas sociedades -occidentales, también dicho sea de paso-, los hijos -y las hijas, de comportamiento no menos violento que el de sus compañeros varones (ND)- se rinden desde la más temprana infancia a un descontrol que sólo la adolescencia terminará de desbordar, lejos, muy lejos, de las sólidas jerarquías -familiares, sociales, religiosas- aún vigentes en otras civilizaciones del mundo, y muy notablemente en la islámica. Sin embargo, lejos de las interpretaciones y las opiniones, la prensa pronto comenzó a centrarse en "la avalancha de hijos abandonados" en Nebraska.
Senador por Nebraska: "Esto es un caos"
En cualquier caso, no habían pasado ni cuatro meses desde que Nebraska intentara situarse en una paternalista vanguardia de protección a los menores, cuando los mismos legisladores, casi sin haberse cambiado de traje, daban la pasada semana una urgente y apabullada marcha atrás y modificaban, en votaciones casi por aclamación de los dos partidos al unísono y con la firma del gobernador en horas para su inmediata y urgente entrada en vigor, la normativa con el fin de limitar la edad de acogida a los 30 días desde el nacimiento. En pleno ‘efecto llamada’, cinco de los menores que habían sido dejados en los hospitales de Nebraska habían llegado de estados como Florida o Michigan, a miles de kilómetros del territorio convertido en el paraíso del abandono más o menos doloroso.
Nebraska vuelve así al redil de otros trece estados con el límite de edad de ‘refugio seguro’ en los 30 días, aún muy generoso respeto al resto de estados que sólo admiten de 3 días a 1 o 2 semanas 'para pensárselo'. En todo caso, normativas diseñadas para bebés. Para los bebés de días, y no para los bebés de 17 años envueltos en su bien promocionada modernidad de drogas, violencia y odios sin objetivo. Tras la apresurada 'marcha atrás', el senador republicano por Nebraska, Arnie Stuthman, uno de los dos promotores de la modificación de la normativa de refugio seguro, confesaba en pleno abatimiento: "Esto nunca fue la intención de la ley. Hemos abierto la caja de los truenos. Esto es un caos".
