NUEVO DIGITAL Internacional - Hacia un "yoga musulmán": Autoridades políticas y religiosas de Malasia se enfrentan por la legalidad de la práctica del yoga después de la proclamación de una fatua que lo ha condenado como "contrario al islam"
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Hacia un "yoga musulmán": Autoridades políticas y religiosas de Malasia se enfrentan por la legalidad de la práctica del yoga después de la proclamación de una fatua que lo ha condenado como "contrario al islam"

Hacia un "yoga musulmán": Autoridades políticas y religiosas de Malasia se enfrentan por la legalidad de la práctica del yoga después de la proclamación de una fatua que lo ha condenado como "contrario al islam"

28.11.08 • 03:21 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Ahora le ha llegado el turno al yoga. De ser declarado ‘impuro’ y ‘blasfemo’ por el islam. Y ha sucedido en Malasia, que pasa por ser uno de los países musulmanes más ‘abiertos’. No para el yoga a partir de ahora. El Consejo Nacional de Fatuas del país, formado por clérigos y expertos islámicos, declaraba al yoga como “contrario al islam” y prohibía su práctica por su ‘blasfema’ relación con el hinduismo y su no menos ‘impía’ voluntad de constituirse en vehículo para ‘ser uno con Dios’. Mal asunto. Los practicantes del yoga caen en el “politeísmo” y se exponen a “renegar” del islam con grave peligro de “conversión” a otra fe. La fatua contra el yoga se producía inmediatamente después de otro edicto religioso contra el uso de pantalones por las mujeres. En este caso, el argumento era que esa prenda las convierte en incitantes “marimachos” sexuales. Las consiguientes protestas contra la medida fueron calificadas por la policía de "amenaza para la seguridad nacional". Con el yoga se ha intentado llegar a una solución de compromiso. El presidente del país tenía que mediar entre yoguis -musulmanes y no musulmanes-, y los férreos guardianes de la moral y la ortodoxia islámicas.

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Sí pero no. O no pero sí, según se mire. Después de que el -musulmán- ‘premier’ de Malasia tomara cartas en el asunto, la cosa queda como sigue: se permite a los musulmanes practicar “los ejercicios físicos del yoga”, pero en ningún caso “los cánticos espirituales, mantras o cualquier otro elemento de culto” asociado al yoga. Tras el contundente edicto religioso del Consejo Nacional de Fatuas sobre el poder "corruptor" del yoga, el primer ministro malayo se veía obligado a mediar en la polémica creada y a establecer, como autoridad civil del país, pero, a la vez, sin poder desprenderse de su condición de musulmán, que el yoga podrá seguir practicándose siempre que no se entonen sus mantras ni el resto de cánticos tradicionales a él asociados. Nada de ‘Om’, en consecuencia. Sin embargo, en un intento por suavizar las tensiones, Abdullah Ahmad Badawi se decidía a mostrar cierta confianza en sus ciudadanos-fieles y aseguraba: “Creo que los musulmanes no son fácilmente dominados por el politeísmo”.

'Nada de mantras'

No pensó tal cosa el máximo órgano de gestión de la fe del país en su condena del yoga, pero tampoco lo piensan, en sentido contrario, muchos musulmanes que, considerándose devotos de la fe islámica a sí mismos, no veían ni ven ningún problema en la milenaria práctica físico-espiritual que, a partir de ahora, será exclusivamente física por mandato legal. “El islam es una religión progresista y los ulemas deberían confiar en sus seguidores antes que en microgestionar su forma de vida. Si voy a una iglesia o a un templo budista, ¿existe algún riesgo de que me convierta?”, se preguntaba el hijo del dirigente de un estado malayo. La muy relativa matización del edicto religioso por el primer ministro era destacada por muchos en su ‘suavidad’ ante el riesgo de que el Consejo de Fatuas la considerara como una desautorización y, por tanto, una afrenta de imprevisibles consecuencias. Sin embargo, el conflicto abierto con el yoga en Malasia alcanzaba dimensiones políticas cuando precisamente los dirigentes de los estados se negaban a aceptar el dictamen por considerarlo una intromisión en su autonomía política.

Para entender el pulso político-religioso montado en Malasia en torno al asunto del yoga es necesario recordar que, aunque el sistema de gobierno se constituye como una monarquía constitucional con un primer ministro elegido en las urnas, el rey va rotando entre los nueve sultanes de carácter hereditario que rigen nueve de los doce estados del país. De esta forma, los sultanes pusieron el grito el cielo al constatar que el Consejo de Fatuas no les había consultado el edicto sobre el yoga, mientras recordaban -por la alarmada boca del primer ministro federal- que cualquier dictamen en ese sentido sólo sería vinculante para los malayos a través de la aprobación previa de los estados dentro de su autonomía política.

"¿Corrompe el yoga a los musulmanes?"

Mientras tanto, y al rebufo del asunto del yoga, la polémica comenzaba a ‘contaminar’ otros elementos de la vida social y cultural malaya, empezando por la forma local de arte marcial, el ‘silat’, que, según recuerdan muchos, también “puede contener elementos del animismo, el hinduismo y el budismo que podrían erosionar la fe de los musulmanes”. A pesar de que poco tiene que ver el islam malayo general con las fieras versiones de otros lugares de la ‘Umma’, la pregunta resuena con inusitada fuerza en los medios y las tertulias de todo el país: “¿Corrompe el yoga a los musulmanes?”. En estos momentos, y tras el veredicto salomónico del primer ministro, el mayor consenso se establece en que los musulmanes podrán ejecutar la parte física del yoga, pero en ningún caso simultaneándola con los habituales mantras. Como mucho, se propone incorporar a los armónicos movimientos yóguicos “los propios cánticos y cosas como esas” que son “inherentes a la fe islámica”. Es decir, la invención de un yoga puramente musulmán en el que quizás el practicante ejecute ‘la flor de loto’ al grito de ‘Alá es grande’.



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