NUEVO DIGITAL Internacional - La condena del Vaticano al proyecto de las Naciones Unidas para descriminalizar la homosexualidad sitúa a la Iglesia Católica en la vanguardia de la defensa de los regímenes musulmanes
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La condena del Vaticano al proyecto de las Naciones Unidas para descriminalizar la homosexualidad sitúa a la Iglesia Católica en la vanguardia de la defensa de los regímenes musulmanes

La condena del Vaticano al proyecto de las Naciones Unidas para descriminalizar la homosexualidad sitúa a la Iglesia Católica en la vanguardia de la defensa de los regímenes musulmanes

04.12.08 • 07:17 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El Vaticano exacerba su 'acercamiento' al islam por días. O con él converge incluso en sus más polémicas tomas de posición. Esta vez, San Pedro se destacaba en la cobertura política internacional de los países sistemas islámicos que prevén castigos penales contra los homosexuales que llegan a la pena de muerte en regímenes como los de Afganistán, Irán, Arabia Saudí, Sudán o Yemen. ¿Se trata de un pacto mutuo de cierre de filas recíproco alcanzado en los foros de ‘diálogo’ abiertos entre la alta y pausada jerarquía católica y la atomizada pero agresiva jerarquía islámica? ¿O es un nuevo ‘error’ de expresión en la extremadamente inquietante tendencia a los gravísimos equívocos dialécticos del Vaticano que apuntan al propio Papa como su principal actor y víctima? Las siguientes son las declaraciones y contradeclaraciones que han movido a estupefacción mucho más allá de la habitual chillería rosa y su coro de anticatólicos profesionales y aficionados.

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La Unión Europea presentó el proyecto de resolución. Se discutirá probablemente el próximo día 10. Pero el argumento del Vaticano contra la exigencia de mandato de las Naciones Unidas para que se descriminalice la homosexualidad en todo el mundo ha situado a la Iglesia Católica en la defensa ‘de facto’ de los países musulmanes que la persiguen penalmente, con Arabia Saudí e Irán entre los regímenes islámicos que la condenan con la ejecución. De nuevo, las declaraciones del arzobispo Celestino Migliori, delegado permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, no dejaban ni un resquicio de duda en su cerrada defensa de los países que podrían sentirse “discriminados” y “en la picota” por no poder suscribir la declaración. Pero quienes sí están ya en la picota son los homosexuales iraníes que se balancean en las grúas del país colgados por el cuello.

Nuevas 'aclaraciones' vaticanas

No hacía ni días que los portavoces vaticanos se veían obligados a comparecer ante los medios para ‘aclarar’ la afirmación del Papa en el prólogo de un libro en la que, aparentemente, se manifestaba -en pleno diálogo interreligioso- contra la posibilidad real del diálogo interreligioso (ND). Pero, casi de inmediato, los atribulados representantes autorizados de San Pedro tenían que volver a hacer aparición pública para aclarar ‘malentendidos’, en un constante ejercicio atlético de apresuradas idas y venidas que comenzó cuando lo de Ratisbona, episodio que parece haber metido miedo del de verdad en la más alta jerarquía católica.

Prefiriendo quedar como torpes en la declaración pública a prender más iracundos incendios de los que no han dejado de rodear al Vaticano desde las referencias a la implacable espada con que el islam extendió su presencia mundial, esta vez quien se expresó ‘mal’ no era un hombre de la apabullante cultura y finura teológica de Benedicto XVI, sino su vicario ante las Naciones Unidas, a quien se debía suponer no menor cultura y, en todo caso, algún resquicio de la afamada, clásica y sibilina expresión diplomática vaticana. ¿O es que el arzobispo Migliori sí quería decir lo que dijo?

Esta vez, los ataques contra San Pedro no llegaron sólo desde los lobbies rosas, rosáceos, rojos y rojáceos, sino desde diarios italianos de tan rancio abolengo como La Stampa, medio que calificaba las declaraciones del arzobispo como “grotescas” y “anacrónicas”. Pero los contundentes epítetos de uno de los periódicos europeos que publicó las viñetas de Mahoma no eran los únicos exabruptos en medio de un clima de sorpresa por cómo el Vaticano defendía, frente a los países occidentales, la posición y los intereses de los más brutales regímenes orientales.

"La Santa Sede no está sola"

“Si se adopta (la resolución de las Naciones Unidas para despenalizar la homosexualidad), se crearían nuevas e implacables discriminaciones. Por ejemplo, los países que no reconocen las uniones de personas del mismo sexo como ‘matrimonio’ serán puestos en la picota y convertidos en objeto de presión”, declaraba el arzobispo Migliori a una web católica. Sin embargo, lo que se está discutiendo no es el reconocimiento del matrimonio gay, sino el que la homosexualidad no sea prevista en los ordenamientos jurídicos como delito sometido a persecución, prisión o, incluso, ejecución.

La Stampa veía en la sorprendente maniobra de cobertura del arzobispo intereses inconfesables, -o, más bien, inconfesados- como el de que la potencial -y altamente improbable- despenalización internacional de la homosexualidad provocara “una reacción en cadena a favor de uniones homosexuales legalmente reconocidas en países que, como Italia, no disponen actualmente de legislación en ese sentido”.

Una vez más, los portavoces vaticanos se veían obligados a “clarificar” la opinión del representante de la Santa Sede ante las Naciones Unidas. El director de la Radio Vaticana, Federico Lombardi, aseguraba que “nadie quiere la pena de muerte, la cárcel o multas para homosexuales”. Pero tras conceder argumento tan contundente, Lombardi recordaba que “no es casualidad que menos de 50 estados miembros de las Naciones Unidas se han adherido a la propuesta en cuestión, mientras más de 150 no se han adherido”. “La Santa Sede no está sola”, resumía, desafiante, un portavoz vaticano que, en efecto, reconocía ya cómo la descriminalización de la homosexualidad podría utilizarse contra los países que mantienen la definición de matrimonio como una unión entre dos personas de distinto sexo.

La católica Burundi se une al club

A miles de kilómetros de allí, en el Reino Unido donde muchos anglicanos mantienen su amenaza de cisma y de regreso a Roma como consecuencia del ordenamiento de mujeres y gays, era la propia Iglesia Católica de Inglaterra y Gales la que emitía una hoja de cerrada defensa de “las personas bautizadas con una inclinación homosexual” y llegaba a condenar las “crueles y ofensivas” bromas con que muchas veces son injuriados quienes “no asumen que no todo el mundo es heterosexual”. No menor sorpresa causaba esta toma de posición ante la postura tradicional mantenida por la Iglesia Católica en torno a la homosexualidad.

Por cierto, lejos de acortarse, la lista de países que condenan la homosexualidad no deja de crecer. La mayoritariamente católica Burundi, que también alberga una significativa minoría musulmana, acaba de aprobar una ley por la que se establecen penas de entre tres meses y dos años de prisión -más altas multas- a las relaciones que los tribunales puedan considerar homosexuales. Es significativo que la normativa -contra la que la Unión Europea acaba de mostrarse "escandalizada"- incluye indudables avances en los derechos humanos como la prohibición de la tortura o la abolición de la pena de muerte. Lejos del espectacular -y a veces equívoco- arte mural vaticano, la posición de San Pedro gana adeptos, con el África negra -también la de mayorías cristianas- uniéndose al también mayoritario bando que ha comenzado a liderar el Papa y sus hombres en los más encumbrados templos de las más altas instancias terrenales.



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