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Una encuesta oficial británica sitúa a los musulmanes como los más intransigentes en su deseo de no mezclarse con personas de otras razas, religiones o culturas

Una encuesta oficial británica sitúa a los musulmanes como los más intransigentes en su deseo de no mezclarse con personas de otras razas, religiones o culturas

23.01.09 • 03:52 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

“Si consideramos las actitudes de la mayoría sobre la minoría, hoy el Reino Unido es, con mucho -y quiero decir, con mucho- el mejor lugar de Europa para vivir si no eres blanco”. Es una forma de verlo. Pero el exultante optimismo de Trevor Phillips, presidente de la británica Comisión de Derechos Humanos y para la Igualdad, pude ser leído de otra forma si se consideran las actitudes de las minorías sobre la mayoría. ¿Es el Reino Unido el país el mejor lugar de Europa si eres blanco? Pues -con mucho- no lo es dado el rechazo de las distintas comunidades étnicas y religiosas de inmigrantes a integrarse en la sociedad de acogida o a 'aceptar' cultura y costumbres de la mayoría. En este sentido, un informe del órgano consultivo presidido por Phillips situaba de nuevo a la de los musulmanes como la comunidad más impermeable a cualquier tipo de mezcla con personas de otras religiones. Pero también, de otras culturas. O de otras razas.

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Según los datos del estudio, la comunidad musulmana británica es la más racista de entre las varias -más o menos- integradas en el país. Un 75 por ciento de media de los británicos no tendrían ningún problema en que un hijo se casara con otra persona de otro grupo étnico, es decir, de otra raza. Sin embargo, son los musulmanes los que encabezan el ranking de oposición a una ‘mezcla’ de este tipo puesto que sólo el 61 por ciento de ellos lo toleraría de buen grado, mientras que la proporción sube al 67 por ciento entre los asiáticos no musulmanes y al 79 entre los negros caribeños.

Ni integración, ni otras razas, ni otras religiones

También la religión constituye un obstáculo insalvable para los musulmanes británicos. La misma pregunta anterior, pero sustituyendo la procedencia étnica por las creencias espirituales, lleva a unos resultados similares. Sólo un 33 por ciento de las personas de religión islámica se mostraría feliz con que un hijo o hija se casara con una persona de otra religión, una proporción que es mucho más que doblada para la media nacional de los británicos de la mayoría, un 70 por ciento.

¿Deseos de integrarse en la sociedad de acogida? También aquí la comunidad islámica se descuelga por el lado negativo. A la pregunta directa de “si las personas que se trasladan desde el extranjero deberían dejar atrás sus antiguas tradiciones”, la media nacional responde afirmativamente a la pregunta en un 31 por ciento, mientras que la comunidad musulmana es, de nuevo, la menos partidaria de la integración. Pero la consulta afina mucho más y, con posterioridad, pregunta ya de forma directa la opinión sobre si “las comunidades deberían ser libres de desarrollarse con líneas separadas y no forzadas a integrarse”.

Ni mezcla de razas ni de religión

Un 44 por ciento de los musulmanes creen que sí, que no debería existir obligatoriedad de integración y sí la posibilidad de mantenerse con “líneas separadas”. Se trata de la comunidad con una opinión más radical en ese sentido, y casi dobla a quienes piensan lo mismo entre la población mayoritaria del país. Trevor Phillips, un hombre que no ha dudado en anteriores ocasiones en mostrar su alarma ante la incendiaria histeria musulmana que podría llevar “fuego” a las calles del país (ND), en esta ocasión, a la vez que mostraba su entusiasmo por los avances en el acercamiento de razas, dejaba traslucir un acallado desaliento al constatar cómo las divisiones raciales están siendo sustituidas por “emergentes divisiones religiosas”.

De hecho, según el estudio, los propios musulmanes son auto conscientes de que la religión es ya “un tema más divisivo que la raza” y encabezan la opinión en este sentido, de nuevo frente al criterio mayoritario en el país. Artículos de la gran prensa internacional relacionan la histórica tolerancia británica hacia el extremismo musulmán yihadista como el origen no sólo de las tensiones internas, sino también de cómo tal tolerancia ha salpicado la “rendición del Reino Unido” en la “reacción de Londres a la guerra de Gaza”, que habría demostrado cómo su gobierno “se está entregando a la yihad”.

Alarma y reproches

Es un lado del análisis. En el otro, los foros que siguen a la noticia sobre el estudio de la Comisión de Derechos Humanos y para la Igualdad se abandonan también a una ‘yihad’ de reproches a una comunidad como la musulmana, y explícitamente orgullosa de su deseo de exclusión, una actitud que choca frente a la mantenida por la práctica invisibilidad de otras comunidades que, como la oriental, ni provoca alarma, ni agresiones, ni rechaza a quienes les han acogido por mucho que mantengan sus propias individualidades sociales y culturales.



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