Desconcierto sobre las razones que llevaron a Obama a no incluir a los budistas en su discurso inaugural ni a ser invitados al gran culto interreligioso en la Catedral de Washington
X- NUEVO DIGITAL (21/01/09) - Obama lanza contundentes mensajes de firmeza en su discurso de toma de posesión e increpa a "los líderes que culpan a Occidente de los males de sus sociedades"
Obama hizo campaña por la presidencia con un mensaje post racial, pero su primer discurso como presidente inauguró ya un planeta decididamente lanzado a la tectónica de las religiones. O de las no religiones. Porque entre la ensalada de cristianos, judíos, hinduistas y, por supuesto, las estrellas del festín, los siempre agraviados musulmanes, entre todos ellos, el ya entonces presidente dedicaba también una mención a los “no creyentes”. Pero, entre los creyentes con Dios y los no creyentes sin Dios ¿dónde estaban los creyentes sin Dios?
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Un sordo rumor de agravio ha comenzado a levantarse entre budistas, parabudistas, filobudistas y probudistas en general. Y no es sólo que el budismo esté ‘de moda’, sobre todo entre variopintas élites intelectuales, similares y sucedáneos.
La cuestión principal es que el budismo cuenta con un representante de tan alto perfil internacional como el Dalai Lama, pero también con un enconado conflicto de alto voltaje mundial, como el del Tíbet, y un encarnizado enemigo de ambos como China, al menos de tan alto voltaje como el de la comunidad islámica internacional, por mucho que Pekín esconda su inmenso poder detrás de su inquietante y habitual silencio, a diferencia del permanente bullir mahometano.
China aprieta tuercas en Estados Unidos
Por el momento, en medio del eufórico ‘festival Obama’, nadie ha osado mancillar el entusiasmo con las primeras suspicacias sobre posibles pleitesías a una China que representa un papel de tutela mundial mucho más poderoso que las multitudes islámicas más o menos turbulentas exigiendo decapitar a este o aquel, o lanzando furibundas amenazas contra estos o aquellos, cuando no contribuyendo a la renovación sumaria de los parques de los trasportes públicos en las grandes ciudades europeas.
Sin embargo, el Dalai Lama y quien le acoja siente, en segundos, el aliento de Pekín en el cogote, ya desde ese momento, erizado. Sin ir más lejos, estos mismos días, los organizadores en Idaho de los Juegos Olímpicos Especiales de Invierno 2009 han debido pedir al representante tibetano que se abstenga de asistir a la ceremonia inaugural. La amenaza china llegó en horas al mismo corazón de los Estados Unidos y en una ocasión tan escasamente explosiva desde el punto de vista político como unos juegos deportivos para personas con discapacidades intelectuales.
¿Dónde están los budistas?
Desde el otro lado del mundo, a los organizadores del evento se les hizo saber que la presencia del Dalai Lama en la apertura de los Juegos sería contestada no sólo con un boicot de los deportistas chinos, sino con el cierre de los centros domésticos de entrenamiento para los atletas con discapacidades intelectuales. Apretadas las tuercas en Idaho, los responsables del evento deportivo ofrecieron en contrapartida que el Dalai Lama asistiera a los dos últimos días del evento, solución que parece haber satisfecho a Pekín eliminado el protagonismo del famoso político budista en la inauguración.
Pero, incluso si se le ofrece al recién estrenado presidente de los Estados Unidos el beneficio de la duda y se elimina la tentación de las primeras teorías conspirativas, ¿por qué no mencionó a los budistas en su visionario y contundente discurso (ND), y por qué no hubo ningún budista en el oficio religioso en la Catedral de Washington en el que intervinieron católicos, musulmanes, hinduistas, judíos reformistas, judíos conservadores, judíos ortodoxos, episcopalianos, baptistas, Discípulos de Cristo, reformados, metodistas, evangélicos y ortodoxos griegos, pero, de nuevo, no budistas?
Budistas en Estados Unidos: más, pero invisibles
Según el Pew Forum on Religión and Public Life, hay más budistas en Estados Unidos que hinduistas, musulmanes o griegos ortodoxos. Las razones para mencionar a la volátil comunidad islámica son obvias, y el protagonismo islámico en el discurso del presidente ya está cosechando los primeros réditos de imagen internacional en compensación por la mención estelar. Sin embargo, de los budistas, ni rastro, ni en el discurso, ni en el solemne y ultra comprehensivo servicio religioso de la Catedral de Washington.
Serán todo lo espirituales que quieran, pero ninguna de todas las grandes religiones y sus distintas sucursales y variaciones sobre el mismo tema han evitado la euforia por ser mencionados dentro del club Obama. Hasta los líderes hinduistas estadounidenses sonríen de oreja a oreja por la inclusión, aunque menos sonríen en su reciente y virulenta ofensiva de relaciones públicas cuando protestan por la forma “impía” en que las élites del pseudobudismo 'de moda' presentan su religión (ND). Y, desde luego, mucho menos aun sonríen los cristianos en India masacrados a gran escala por seguidores de los partidos hinduistas abiertamente fascistas (ND).
Elige un dios, niégalo o calla
¿Y el budismo? El budista occidental por antonomasia Richard Gere sufrió en carne propia la ira y las amenazas hinduistas (ND) cuando se abandonó a la tentación de besuquear a una imponente actriz de Bollywood. Ahora el actor y su difícil amigo budista dispondrán de nuevo agravio comparativo que añadir al tumor tibetano. Tienen ya a la gran prensa internacional apoyándolos, por encima del aliento de China en el cogote. El único gran grupo religioso no representado en el Gran Día fue el de los budistas. “Ni una palabra aún sobre el porqué”, se dice desde la gran prensa de Estados Unidos.
Aunque el mensaje puede ser claro: se puede creer en un Dios, o no creer en ninguno. Pero lo que no se puede es tener fe sin Dios. No es este mundo de principios del siglo XXI ni para tibios en materias divinas ni para los siempre rechazados ángeles neutrales en tierra deísta de nadie.
