NUEVO DIGITAL Internacional - Un cardenal de la Curia lanza un virulento ataque contra el feminismo por perseguir un hombre "feminizado y castrado"
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Un cardenal de la Curia lanza un virulento ataque contra el feminismo por perseguir un hombre "feminizado y castrado"

Un cardenal de la Curia lanza un virulento ataque contra el feminismo por perseguir un hombre "feminizado y castrado"

28.01.09 • 03:49 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

“Evidentemente, el feminismo tiene un problema de imagen. Lo que necesitamos hacer entender es que puedes ser femenina y ser una feminista”. Son palabras de la británica Ellie Levenson, feminista –no consta si, además, femenina-, y autora de una “Guía del feminismo”. Pero las que necesitan una guía son las propias feministas, que buscan, con urgencia y en pleno desconcierto, objetivos y razón de ser para la “tercera oleada” del feminismo, tras las sufragistas y el ‘movimiento por los derechos de las mujeres’. Sin embargo, por el camino, el feminismo ha logrado imponer las nuevas figuras del ‘hombre sin atributos’ y del ‘padre de diseño’, según muchos, en realidad, ni hombres, ni padres. En Manila, uno de los potentes cardenales germanos a cuyo club perteneció anteriormente el actualmente suave Benedicto XVI acaba de pronunciar una no menos poderosa conferencia contra la ofensiva de “psicólogos, antropólogos y feministas” con el único objetivo de “depreciar la masculinidad”.

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¿Qué es ser hoy en día una “feminista”? Precisamente, algunas feministas dedican fabulosas investigaciones para dilucidar al menos qué ‘no es’ una feminista. Por ejemplo, una socióloga de la Derby University acaba de publicar un profundo estudio en el que ha llegado a la conclusión de que las creadoras del ‘Girl Power’ no pueden ser consideradas feministas, sino –como mucho- post-feministas. En la académica opinión de Rose Holyoak, ni la ex Spice Girl, Geri Halliwell, ni su colega del ‘Girl Power’, Cheryl Cole, pueden ser consideradas feministas puesto que se benefician de los logros del feminismo antes que impulsar el movimiento hacia nuevas metas.

'The sweeter man'

Pero, más allá de inventos de marketing para el feminismo de espinilla y otras pubescencias, las feministas mayores de la alta progresía adulta se encuentran atascadas en medio de una turbamulta de lesbianas siempre encolerizadas y absurdos especímenes nacidos de algún terrible error psicopedagoevolutivo, pero reconvertidos en abrumadoras y devastadoras miembras de gobiernos de países en general desarrollados. Desde el propio feminismo se acusa el patético espectáculo del incondicional apoyo a Hillary Clinton sólo porque era una mujer, y de la orgía de resentimientos, rencores y hasta insultos con que las mismas feministas recibieron a otra mujer, Sarah Palin (ND), hoy, tras su estelar irrupción, recongelada de vuelta a los hielos de Alaska.

“Nos hemos ido acostumbrando a escuchar sobre legislación que mina el rol del padre, como en el caso de los denominados ‘padres’ homosexuales (…). En Europa, psicólogos y antropólogos han trabajado para depreciar la masculinidad. Las nuevas investigaciones, como la publicada por el Consejo de Europa en 1998, proclaman que el ‘hombre nuevo’ es ‘más dulce’”, afirmaba la pasada semana el cardenal alemán, Paul Josef Cordes, integrado en la Curia y presidente del Consejo Pontificio ‘Cor Unum’, el organismo que se encarga de la asistencia humanitaria a desfavorecidos incluso tras desastres. Sin embargo, uno de los mayores desastres para el cardenal se encuentra precisamente en el “sweeter man” proclamado como ideal de la ‘nueva masculinidad’ y denunciado en su intervención en inglés con un adjetivo de difícil traducción al español por los matices añadidos a la “dulzura” del nuevo hombre que, además, ensalzarían una masculinidad ‘más tierna’ o ‘más amorosa’.

"Castración y feminización"

Pero los blandos hombres de gineceo y los insustanciales padres de diseño no son más que los productos del laboratorio feminista en su persecución del “hombre nuevo”. Como prácticamente todo en la progresía y sus movimientos satélite, la clave se encuentra en establecer que los roles de hombres y mujeres son aprendidos y transmitidos, y, por tanto, pueden ser modificados, anulados o recauchutados según las implacables políticas de “la castración y la feminización” en el caso del lado masculino, según los dos fenómenos denunciados por el cardenal. “¿No es la identidad del hombre nada más que producto de una cultura especial y la consecuencia de circunstancias sociales?”, se preguntaba Cordes durante una conferencia en Manila en la que recibió honores universitarios.

Los padres son “un ancla para nosotros en casos de pérdida o peligro”, decía el conferenciante. “Cuando los hijos intentan forjarse su propia existencia autónoma respecto a sus progenitores, es en el padre en quien se fijan. Desde la presencia del cuerpo masculino, algo es transmitido al yo que hace alcanzar su plenitud al niño”, añadía el cardenal, para quien, además, la falta de una poderosa figura de padre –o de ninguna figura paterna en absoluto- no lleva más que a la “falta de autoestima” en la persona adulta.



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