NUEVO DIGITAL Internacional - El atentado suicida más patético, el yihadista más dramático: Cadena perpetua para un converso británico al islam con una edad mental de diez años
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El atentado suicida más patético, el yihadista más dramático: Cadena perpetua para un converso británico al islam con una edad mental de diez años

El atentado suicida más patético, el yihadista más dramático: Cadena perpetua para un converso británico al islam con una edad mental de diez años

02.02.09 • 03:40 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Los periódicos sensacionalistas le han calificado de terrorista “torpe” o, directamente, de “zumbado”. La autodenominada ‘prensa seria’, simplemente de “inepto”. Mohammad Abdulaziz Rashid Saeed-Alim casi se vuela a sí mismo en los servicios de un restaurante cuando intentaba montar su artefacto explosivo para consumar una ‘acto de martirio’. De martirio asesino, se entiende. Saeed-Alim cambió su nombre al convertirse al islam. Se llama Nicky Reilly de nombre infiel y tiene 22 años, pero 10 de edad mental debido a una variante del autismo. Fue reclutado por Internet por terroristas desde Pakistán. De las dos cadenas perpetuas con que ha sido condenado, al menos deberá cumplir 18 años en prisión. La siguiente es la triste historia del último y triste peón de la yihad y de sus invisibles hilos en busca de los seres más vulnerables de Occidente.

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Desde su edad mental de 10 años, Nicky Reilly encontró en el islam la seguridad que había estado buscando toda su difícil y problemática vida. Con un historial de psiquiatras, y una adolescencia difícil que incluyó una sobredosis de drogas y un apuñalamiento de su propia pierna, su médico intentó entrar en contacto con la policía ante la repentina obsesión de Nicky de convertirse en un mártir –es decir, un terrorista suicida- por amor al islam. La reunión nunca se llegó a celebrar y, así, el ‘mártir’ se encontró con el camino libre para ejecutar su acto de venganza por la ofensiva de Occidente contra “los musulmanes”.

Una bomba de clavos y una chapuza asesina

Fue contactado por musulmanes británicos y entrenado a través de Internet por varios radicales islámicos quienes le sometieron a un intenso aleccionamiento que concluyó con la redirección hacia sitios online con instrucciones para preparar artefactos explosivos. Guiado por sus maestros, probablemente en Pakistán, Reilly –ya entonces un imponentemente rebautizado para el islam como Mohammad Abdulaziz Rashid Saeed-Alim- se aplicó en el aprendizaje de la fabricación de una bomba de clavos, donde la metralla se hace detonar con una mezcla de queroseno y sosa cáustica.

Nicky salió de su casa con tres botellas rellenas con el compuesto y entró en el restaurante Giraffe, en Exeter. El local se encontraba abarrotado de clientes y el mártir se fue a los servicios a montar sus artefactos dispuesto a la heroica inmolación final que le llevaría en segundos a estar rodeado de sus vírgenes particulares para toda la eternidad. Sin embargo, una de las botellas estalló y él fue el único herido, grave, pero no lo suficientemente como para huir de este cruel valle de escasez y perturbación.

"Los equivocados serán enderezados"

Había dejado una nota en su casa: “El seij Osama (bin Laden) ha realizado un llamamiento a las autoridades británicas y estadounidenses para que dejen los países musulmanes. Ha dicho que los estados occidentales deben retirar su apoyo a Israel, y que la violencia continuará hasta que ‘los equivocados hayan sido enderezados’”. Nicky padece el denominado Síndrome de Asperger, una forma de autismo. Su abuelo decía de él que tendría problemas para cambiar una bombilla. Su abogado le ha descrito como la persona “menos maliciosa” que haya cargado hasta ahora con una acusación de terrorismo.

El tribunal ha admitido que el converso de imponente nombre islámico padece tal enfermedad mental, pero también ha dicho: “El delito de intento de asesinato está agravado por el hecho de que fue largamente planeado, que pretendía cobrarse múltiples víctimas y que intentaba aterrorizar a la población de este país. Fue cuestión de suerte o de casualidad que no tuviera éxito en sus objetivos”. Para el tribunal, el mártir siempre fue plenamente consciente de sus actos y de las consecuencias que podrían tener. Los yihadistas que le aleccionaron desde Pakistán aún no han sido localizados y la policía se teme que localizarlos será una tarea difícil, si no imposible.



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