El Papa, dispuesto a reescribir la historia: El Vaticano pacta con el principal centro intelectual del islam sunita la purga en los libros de texto de todo "material ofensivo para los otros creyentes"
X- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO/SELECCIÓN - SANTA ALIANZA CONTRA UN CONTINENTE INFIEL Y LAICO: LA IGLESIA CATÓLICA, EMBAJADORA DEL ISLAM EN EUROPA
La Universidad de Al Azhar, en El Cairo, está considerada como el principal centro de estudio del islam sunita en todo el mundo. La Universidad de Al Azhar está dirigida por el imán Mohamed Sayed Tantawy, la mayor autoridad religiosa de Egipto. El imán Mohamed Sayed Tantawy pronunció un discurso en 2007 en el que propugnaba castigar con “ochenta latigazos” a los periodistas que difundieran informaciones o rumores “falsos”. Para el imán Mohamed Sayed Tantawy, tal castigo físico -contemplado explícitamente en el Corán y en los hadizes para varios supuestos- debía suponer, además, una “ejecución civil” de los periodistas cuyas informaciones no fueran consideradas ciertas o adecuadas por las autoridades civiles o religiosas. Con representantes de este hombre y de esta universidad, el Vaticano acaba de rubricar un documento formal para expurgar los libros de texto de cualquier observación que pueda “ofender los sentimientos religiosos de otros creyentes” con “erróneas presentaciones de dogmas, conceptos morales o la historia de otras religiones”.
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En el Vaticano, la alta jerarquía de Dios en la Tierra se muestra desconcertada por el implacable éxodo de las poblaciones cristianas desde las regiones del Medio Oriente que ya habitaban siglos antes de que irrumpiera a golpe de espada el islam sobre ellas. Nadie sobre los mármoles de la Santa Sede pronuncia la palabra “persecución” ni mucho menos maneja el concepto de “limpieza religiosa” del islam sobre las minorías cristianas. De hecho, al inicio de la cumbre católica-musulmana celebrada a finales del año pasado en el Vaticano bajo el patrocinio de la iniciativa "A common word" ( en ND), el cardenal Tauran, vicario papal para el diálogo ‘interreligioso’, ya dejó claro antes del encuentro que la libertad religiosa de los cristianos en los países de mayoría islámica no sería una condición previa para iniciar los acercamientos bilaterales (ND).
Tauran: "Gracias a los musulmanes"
En efecto, los varios foros abiertos de diálogo entre las dos religiones han continuado. Incluso, se han retomado algunos que se vieron interrumpidos por la parte musulmana tras el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, por ejemplo, el del Comité Conjunto para el Diálogo, instituido en 1998, y en el que participan representantes de la Academia de Investigación Islámica de la Universidad de Al Azhar, centro cairota considerado como referencia mundial para la enseñanza y análisis del islam sunita, el mayoritario entre la Umma. El encuentro se celebró el martes y el miércoles de la semana pasada en Roma y fue presidido por el cardenal Tauran, el hombre cuya virulencia en la condena de la invasión aliada de Irak y Afganistán rivalizó a la de los más incendiarios movimientos islamistas (ND), y cuya última réplica vaticana se manifestó en el rechazo a la intervención de Israel en Gaza, condenada, según miembros del gobierno de Tel Aviv, con un lenguaje copiado del de Hamás y con referencias a prácticas nazis (ND).
Tauran es el hombre, además, que, en varias intervenciones públicas, se ha regocijado abiertamente de la creciente presencia de las exigentes e inflamables comunidades islámicas en Europa. “Los musulmanes, que se han convertido en una minoría significativa en Europa, han sido quienes han exigido espacio para Dios en la sociedad”, manifestó durante un encuentro de teólogos en Nápoles en discurso que L’Osservatore Romano dio rango de ‘fatua católica’ al reproducirlo en sus páginas. Por ello, el cardenal concluía entonces que, si ahora se habla de Dios en las laicas y descreídas sociedades europeas, “es gracias a los musulmanes” (ND). Tal es el entorno de “colaboración” y “mutuo respeto” entre católicos y musulmanes en el que se inició la reunión anual del reiniciado foro entre el Vaticano y la Universidad de Al Azhar, aún con el eco de las referencias de Benedicto XVI a cómo el islam se había extendido de forma violenta y supremacista, citando en aquella ocasión los testimonios de oscuros y olvidados personajes medievales.
Limpiar los libros de "ofensas y errores"
Sin embargo, esos recuerdos históricos pronto podrán pasar también a la historia del olvido. En el encuentro celebrado la semana pasada en Roma, ambas partes acordaron “promover una cultura de la paz” y “la enseñanza enfocada a la paz”, o impulsar el “respeto a los derechos humanos”, como de forma tan entusiasta como acrítica titulaban las agencias católicas internacionales la conclusiones del encuentro. Sin embargo, había que leer el documento rubricado por los dos lados de la mesa para comprender la maquinaria exacta que se escondía detrás de tan bellos objetivos. El punto 4 del documento, reproducido en el sitio oficial de la Santa Sede, establece que "una cultura para la paz debería calar en todos los aspectos de la vida: formación religiosa, educación, relaciones interpersonales y en las artes en sus diversas manifestaciones". Y añade: "Con este fin, los libros escolares deberían ser revisados con el fin de que no contengan material que pueda ofender los sentimientos religiosos de otros creyentes a través de presentaciones erróneas de dogmas, conceptos morales o de la historia de otras religiones".
Sin embargo, la delegación musulmana también consiguió introducir otro punto, esta vez, de inequívoca y osada intención política. El octavo de los acuerdos en el documento suscrito por ambas partes establece cómo, “conscientes del sufrimiento que afrontan los pueblos del Medio Oriente debido a conflictos no resueltos, los participantes, en referencia a las competencias de los líderes políticos, piden que se haga uso, a través del diálogo, de los recursos de las leyes internacionales para solucionar los problemas en interés de la verdad y la justicia”. El documento fue firmado por el cardenal Jean Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y por el profesor jeque Ali Abd al-Baqui Shahata, secretario general de la Academia de Investigación Islámica de Al-Azhar, en El Cairo.
