Estados Unidos, Canadá y Alemania boicotean la conferencia de las Naciones Unidas sobre el racismo por la manipulación del bloque musulmán contra Israel y la libertad de expresión
XEl último en estallar contra el borrador de Durban II ha sido el ministro holandés de Asuntos Exteriores. “No se centra en el principal reto de enfrentarse al problema del racismo. Por el contrario, la conferencia temática mundial es utilizada por algunos para intentar hacer pasar por la fuerza su concepto de difamación de las religiones e imponer sus puntos de vista sobre un conflicto regional”, declaraba Maxime Verhagen en Ginebra, la sede de la conferencia mundial contra el racismo auspiciada por las Naciones Unidas. La versión completa de su discurso no incluye ni una sola vez las palabras "musulmán" o "islámico", pero la dureza de sus acusaciones van en esa dirección. Estados Unidos e Israel ya han anunciado que no asistirán al nuevo aquellarre antioccidental. Pero varios países europeos también se plantean la asistencia. Entre ellos, por el momento no se encuentra España, que mantiene su habitual y equidistante silencio aliado de las civilizaciones.
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Dinamarca, Bélgica, y la propia Holanda ya han mostrado su nerviosismo por la extremada virulencia que los países musulmanes y sus satélites anti-imperialistas han conseguido introducir en el borrador del documento. Por el contrario, Alemania ya ha anunciado su retirada, en una decisión suscrita por su ministro de Asuntos Exteriores, un socialdemócrata que ha hecho oídos sordos al clamor de condenas de activistas y 'ong's' por el "escandaloso" -y progresista- boicot de Berlín.
Obama, dice adiós (igual que Bush)
España no se encuentra entre estos países críticos. De hecho, lo que sí se ha formado en España es un grupo de 'seguimiento' y 'control' del racismo y los derechos humanos en España con participación de "unos 250 colectivos de discriminados", es decir, "mujeres, discapacitados, homosexuales, inmigrantes (y) grupos étnicos", en el que la voz cantante la llevan latinoamericanos, y que se quejan de la escasez de "ayudas" -es decir, de subvenciones-, a pesar de que empresas privadas y el ayuntamiento de Burgos -en manos del ex ministro del Partido Popular, Juan Carlos Aparicio- les han facilitado dinero y medios suficientes para sus reuniones y sus informes 'antirracistas' contra España.
Para este grupo de 'activistas' y 'concienciados' en general, su estrategia se basa en el mensaje político de Obama, pero, sus constantes quejas y acusaciones no les deben haber permitido escuchar el clamor que se levantaba en Estados Unidos contra la marcha de Durban II y que desembocaba en el anuncio de la administración del nuevo presidente estadounidense en el sentido de que no asistirá a la conferencia de las Naciones Unidas, como ya antes hiciera su predecesor, George Bush, con la primera conferencia de Durban, en 2001. Según filtraba el Departamento de Estado, el borrador de la declaración final de Durban II iba "de mal en peor" y era sencillamente inaceptable.
"La religión, no por encima de la persona"
En su dura intervención en Ginebra, el ministro holandés resumía el rechazo de los países occidentales contra "cualquier texto" que "ponga la religión por encima de las personas, no condene la discriminación por la orientación sexual, justifique el antisemitismo y señale en particular a Israel". Cómo se puede decir todo esto sin pronunciar en una extensa intervención las palabras "árabe", "musulmán" o "islámico" pertenece a las sutiles habilidades de la corrección política mezclada con las finuras diplomáticas.
Sin embargo, el documento que los países árabes y musulmanes están imponiendo en el foro internacional ante la mirada complaciente de las Naciones Unidas -cuya 'lideresa' de 'derechos humanos', Navi Pillay, insiste en condenar las críticas al documento que ella misma auspicia- es cualquier cosa menos diplomático y políticamente correcto, con unas agrias y explícitas referencias a "la violación de los derechos humanos internacionales, los crímenes contra la humanidad y la forma contemporánea de apartheid" en los territorios ocupados por un Israel que promulga "leyes basadas en discriminaciones raciales" y que es una "amenaza contra la paz y la seguridad internacionales", según el texto del borrador.
El "racismo" de las críticas al islam
Los primeros en tomar la puerta de salida fueron los propios israelíes, pero después los siguieron los habitualmente tibios canadienses y, finalmente, los propios estadounidenses. Pillay ha intentado tranquilizar a los países occidentales afirmando que Durban II no se convertirá en el "descarado" altavoz del "antisemitismo" que la israelí Tzipi Livni sí ha denunciado. De hecho, la jefa del antirracismo de las Naciones Unidas responsabilizaba a " medios de comunicación desdeñosos y a campañas de lobbies" (sin duda, en referencia al Congreso Nacional Judío y sus llamamientos de boicot) de las reservas que 'su' conferencia antirracista está levantando.
Sin embargo, el borrador, aún secreto en su contenido íntegro, es mucho más que antisemita. Se mete de lleno en una de las obsesiones de cualquier musulmán que se precie, como es el de convertir en "racista" cualquier crítica a una religión, muy notablemente la islámica, que es la única cuyos fieles exigen tal imposición sobre la libertad de expresión tal y como ésta se entiende en Occidente. Este año, la marcha de miles de jóvenes -judíos y no judíos- que recuerda el Holocausto se celebrará a las puertas de Auschwitz coincidiendo con la conferencia de Durban II pero con un eslógan dirigido a los líderes y activistas internacionales de los 'derechos humanos' allí congregados: "Dí 'no' al odio".
