Durban II: Los países islámicos y anti-imperialistas intentan 'colar' una declaración revisada que reafirma la condena a Israel y a la "difamación" de las religiones
X- UNITED NATIONS - DURBAN REVIEW CONFERENCE - Rolling text based on the revised version of the technically reviewed text (A/CONF.211/PC/WG.2/CRP.2) submitted by the Chairperson-Rapporteur of the intersessional open-ended working group mandated to continue and finalize the process of negotiations on and drafting of the outcome document (pdf)
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Las primeras reacciones de diplomáticos occidentales al texto revisado fueron entusiastas. “El texto va en la dirección adecuada”, decía a Reuters un diplomático de la Unión Europea sin identificar. Hablando en nombre de unas Naciones Unidas bajo control casi absoluto de los países islámicos y ‘anti-imperialistas’, otra fuente indicaba: “El documento (ya) no contiene referencias a Israel, al Oriente Medio o a la difamación de las religiones”. Parece mentira que diplomáticos profesionales pudieran caer en una trampa tan burda. Deberían haber estudiado en las escuelas diplomáticas qué es la “incorporación por referencia” (1 y 2), un concepto, por otro lado, de sentido común al alcance de cualquier persona.
Seguimiento:
Se han eliminado del primer borrador las referencias a Israel –las únicas a una nación individual- como un estado que practica el “apartheid” y una doctrina “racista” como el sinonismo. Se han eliminado las referencias a la “difamación de las religiones”, el concepto forzado por los países musulmanes para aplastar cualquier crítica al islam, a sus practicantes o a los gobernantes políticos de sus países que convierten a estos en jueces y parte de lo que es ‘difamación’, equiparada en la Declaración de Durban de 2001 con el “racismo”. Todo esto se eliminó tras los anuncios de boicot de Estados Unidos, Canadá, Italia e Israel a la reunión de ‘revisión’ de Durban I que se debe celebrar el próximo mes. Pero el ‘truco’ comenzaba ya en el primer párrafo efectivo del texto revisado.
El 'pequeño detalle' de la reafirmación
Punto número 1 del borrador de acuerdo: “Se reafirma la Declaración de Durban y el Programa de Acción tal y como fue adoptado en la Conferencia Mundial de 2001 contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y la Intolerancia”. ¿Y qué afirmaba aquella declaración? Que Israel era un estado racista, que los palestinos son víctimas de ese racismo israelí y que las críticas al islam, como tal religión, son “racistas”, concepto del que han venido tirando musulmanes anversos, reversos y conversos para tildar precisamente de “racista” cualquier referencia ‘non grata’ a la extremadamente delicada sensibilidad islámica, por cierto, con devastadoras consecuencias para las arcas de las subvenciones públicas de los países occidentales, siempre generosas en la lucha contra la "islamofobia".
Con una Italia que ya se ha desmarcado por su cuenta, y con Holanda y Alemania amagando con hacerlo –y España manteniendo su habitual equidistante silencio-, la Unión Europea sigue empantanada intentando encontrar una posición común que, por el momento, ni tan siquiera ha intentado a menos de un mes del inicio de la conferencia en la ciudad sudafricana. El ministro francés de asuntos exteriores, Bernard Kouchner, sí establecía los ‘mínimos’ que, en su opinión, la declaración de Durban II debería respetar para contrarrestar -esta vez sí- el huracán de odio anti-occidental y anti-israelí que se desató -y se sancionó- en Durban I.
Las 'líneas rojas' europeas
En opinión de la misión diplomática francesa, no se debería tolerar la estigmatización de un país en particular, o la condena a cualquier crítica a una religión (a cualquiera); no se debería tolerar la afirmación de la discriminación contra las mujeres o la discriminación contra las personas basándose en su condición sexual; y, por último, tampoco deberían ser aceptables las incansables exigencias de “reparaciones” (económicas) por la esclavitud, sorprendentemente alentadas desde un bloque árabe y musulmán cuyos gobernantes antepasados eran, por cierto, los ‘mayoristas’ de esclavos tanto para la ‘exportación’ como para el ‘autoconsumo’, y cuyos sucesores actuales son los únicos que la mantienen en determinadas zonas del África islámica.
El documento revisado -entusiastamente presentado por el delegado ruso que preside la comisión- no ‘coló’ en Israel, a pesar de las primeras noticias optimistas en ese sentido sobre "una retirada de las críticas a Israel en el borrador de resolución". Sin embargo, con el texto ya en la mano, Tel Aviv pronto detectó cómo, a pesar de haber sido removido su nombre del texto, la primera cláusula ya reafirmaba Durban I, donde sí se condenaba al estado hebreo y al sionismo. De hecho, también lo entendieron los palestinos, que amenazan por su parte con retirarse si no se “reafirma” Durban I.
La "difamación" del islam
El embajador israelí en Ginebra ya ha advertido de que Israel mantendrá su boicot si no se elimina la reafirmación de Durban I. Desde los países musulmanes se insiste en que de alguna forma habrá que contemplar la “difamación” de las religiones, en concreto, de la suya en especial, la única que exige tal tratamiento -la afamada carta blanca contra la "islamofobia"- con el indudable, aunque no explícito, apoyo de un Vaticano que añora idéntico tratamiento para el cristianismo y que, por tanto, quiere ir a "discutir" a Durban (ND) a pesar de las graves bases de la 'discusión' puestas sobre la mesa.
