Los talibanes se extienden más allá de Swat en una violenta ofensiva - Hillary Clinton: Los Estados Unidos, "preocupados" por el arsenal nuclear de Pakistán "si lo inimaginable sucede"
X- NUEVO DIGITAL (20/02/09) - Pakistán rinde a la ley islámica su noroeste fronterizo con Afganistán a cambio del cese de la ofensiva de los talibanes
Dejaron una pelota en el camino de la salida del colegio. Los niños hicieron lo previsible cuando se toparon con ella. Cuando estalló, mató a trece de ellos, entre cuatro y trece años de edad, y dejó malheridos a otros varios. La ‘pelota-trampa’ de los talibanes había sido un éxito. El objetivo es extender un terror inimaginable para que la población aterrorizada se rinda a cualquier paz imaginable. "Haremos cumplir el islam", dicen los jefes talibanes. En Estados Unidos ya se teme abierta y explícitamente un colapso del estado pakistaní que deje el arsenal nuclear en manos de los 'estudiantes del Corán'. Dentro de los despachos de Washington se reconoce que el peor escenario posible es ya un escenario posible.
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Pakistán ha lanzado una nueva ofensiva a la desesperada contra los combatientes del rigor islámico que amenazaban Islamabad. En varios de los más significativos think-tanks occidentales se teme que el ‘centro de gravedad’ de la ofensiva talibán aliada con las organizaciones terroristas musulmanas en la zona se esté trasladando desde Afganistán a Pakistán.
"Si lo inimaginable sucediera"
La propia Hillary Clinton no descarta en absoluto un escenario de armas atómicas en manos de los talibanes. De hecho, las palabras tranquilizadoras que pronunciaba el pasado fin de semana en Bagdad alarman aun más ante la credibilidad que sugieren para la amenaza. “Una de nuestras preocupaciones, que hemos llevado al gobierno y al ejército pakistaníes, es que si lo peor, si lo inimaginable sucediera, y este avance de los talibanes animado y apoyado por Al Qaeda y otros extremistas fuera a derribar el estado ante su fracaso para rechazarlos, entonces ellos tendrían las llaves del arsenal nuclear de Pakistán”, decía la secretaria de estado norteamericana.
“Creo que la opinión actual de nuestro gobierno es que (el arsenal nuclear de Pakistán) está seguro”, añadía Clinton, pero no si matizar que “esto es dada la actual configuración del poder en Pakistán”. “Ni tan siquiera podemos contemplar eso. No podemos, ya sabe, dejarlo que vaya más lejos. Y por eso es por lo que estamos presionando tan duro a los pakistaníes para que adopten una estrategia para retomar su país”, concluía la jefa de la diplomacia estadounidense. Sin embargo, en Pakistán no están para llamamientos retóricos, sino, lisa y llanamente, para solicitar ayuda. Y cuanto antes la obtengan a gran escala, mejor.
"Haremos cumplir el islam"
El embajador de Islamabad ante las Naciones Unidas, Hussain Haqqani, pedía abiertamente eso, “ayuda”, a la comunidad internacional “en vez de lecciones” sobre lo que deben hacen en el país asiático para prevenir su ‘talibanización’. “La mayor parte de los pakistaníes son moderados y no permitirán a los militantes que impongan la sharia”, decía Haqqani. Pero quien permitió la imposición de la sharia en el feudo tribal del noroeste del país aliado con los talibanes fue precisamente el propio gobierno pakistaní en un intento por apaciguar a los militantes islámicos ofreciéndoles ‘territorio por paz’ (ND). Sin embargo, como era de esperar, la rendición de una parte del país no sació la sed de sangre de los talibanes.
A finales de la semana pasada se temía que los rebeldes lanzaran una operación contra la propia Islamabad en su ofensiva contra Buner, en las proximidades del valle del Swat rendido ya a la ley islámica de talibanes y jefes tribales. Los señores de la guerra locales ‘tranquilizaron’ al país asegurando que sus fuerzas se dirigían a Swat “y no a Karachi”. Según estos jefes talibanes, su prioridad es “extender la ayuda (a los rebeldes) y hacer cumplir el islam”. Este domingo, Islamabad exigía la rendición a los talibanes mientras lanzaba una feroz ofensiva que los militantes islámicos se han tomado como una violación del acuerdo que ofrecía un santuario seguro a sus fuerzas en la región. Según un comunicado del ejército pakistaní, serían decenas los talibanes muertos en la operación en medio de un “intenso intercambio de fuego” en la zona del bajo Dir, en las proximidades de Swat.
La presa es Pakistán, no Afganistán
Diplomáticos pakistaníes de alto nivel, como el ex representante del país en el Reino Unido, Akban Ahmad, aseguran que se está sobredimensionando el peligro de un colapso del estado. Según estos análisis, la extensión del cáncer talibán desde Swat a Buner “no es sorprendente” dado que son dos regiones contiguas. Sin embargo, Ahmad se muestra de acuerdo con el análisis de Washington: “Pierde las zonas tribales y perderás Pakistán”. En Estados Unidos, el peor escenario posible es ya un escenario posible. Según el enviado especial de Washington en la región, Richard Holbrooke, “si la situación continúa deteriorándose en Pakistán, el éxito (en la zona) será muy esquivo”.
Según se filtraba al Washington Post, en información rebotada por los cada vez más estremecidos medios de referencia de Pakistán, “es más que probable que el país colapse en una creciente guerra civil”. Los talibanes y las organizaciones terroristas islámicas con ellos aliadas han comprendido algo importante: ¿A quién le importa un polvoriento y misérrimo Afganistán teniendo al nuclear Pakistán aliado de Occidente a tiro de piedra a punto de doblar la rodilla? Dicho y hecho, el terror avanza en todos los frentes, incluyendo el dirigido contra una población civil que ve a sus hijos despedazados por dar una patada a un balón y que cada vez con mayor virulencia clama por paz, sea esta la que sea. Sucedió en Swat y muchos se temen que sucederá en el resto de un Pakistán atestado de misiles atómicos.
