Despelleje universal y virulenta reacción de la internacional feminista: La 'guerra de los traseros' entre Carla Bruni y la princesa Letizia, seguida y comentada en todo el planeta
XMuac, muac. El fotógrafo congeló el helado beso protocolario entre Carla Bruni y Letizia Ortiz. El tenso y contraído gesto de proximidad entre la princesa real y la princesa republicana no hacía presagiar nada bueno. Y nada bueno trajo. Las columnistas y feministas de medio mundo se han lanzado a degüello sobre el “pulso” entre las dos damas que ya se venía calentando antes del encuentro con titulares como “¿Quién es la más guapa de todas, Letizia o Carlita (sic)?”. Pero la crisis se desbordó con la imagen de los sendos -y bellos- traseros subiendo una escalinata, una fotografía que publicaron los medios de referencia de todo el mundo y que volvieron a republicar a placer bajo el pretexto de la enorme polémica planetaria provocada. En realidad una polémica femenina, puesto que en una proporción abrumadora han sido mujeres las que han liderado el llanto y el crujir de dientes en torno al ‘combate del siglo’ entre el glamour de las dos bellezas, y en el que, en medio del acoso y la refriega y quizás tapándose la nariz, han invocado el espectro -ahora bueno y positivo- de nada menos que Margaret Thatcher.
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En la fotografía de Carla Bruni y Letizia Ortiz subiendo la escalinata del Palacio de la Zarzuela se observan muchos más fenómenos que los traseros de ambas mujeres. Los peinados, los trajes, un bolso, zapatos, una planta para los aficionados a la botánica, la perfecta limpieza y cuidado de los escalones… Sin embargo, por increíble que parezca, el planeta sólo se ha concentrado en los traseros.
"Todas las mujeres hermosas son víctimas"
En los traseros, y en los tobillos, dado el minuciosísimo -y crudelísimo- despiece de Ortiz y Bruni realizado por algunas reporteras 'del corazón', entre ellas, Katy Guest, del Independent londinense. Refiriéndose a la princesa Letizia, la cronista social constataba cómo “la mayor parte de las madres lucharían para recuperar una cintura de avispa como la de Letizia (…). Los rumores hablan de cirugía plástica, pero no hay cirujano en el mundo que pueda construir unas pantorrillas esbeltas y unos tobillos como los suyos, así que suponemos que cualquier trabajo de cuchillo se ha limitado a su cara sin arrugas”.
Sin embargo, otras columnistas no estaban por realizar el esmerado y prolijo desguace llevado a cabo por sus compañeras y enemigas, las cronistas sociales. La ferocidad comenzaba por el propio Times de Londres, donde India Knight entraba a saco desde el titular con un expresivo "Pobre Carla, vencida con una palmadita en el trasero" y lamentaba la bautizada en la prensa británica como "the battle of the bottoms", la batalla de los culos. Knight saca a relucir la ultraortodoxia del feminismo clásico para relacionar poder, género y mujer, y así convertir a Bruni en un bello objeto de explotación y en una "víctima de su apariencia". "Como todas las mujeres hermosas", según asegura.
Mujeres de "bovina docilidad"
Liz Hunt, en el también británico Telegraph, se preguntaba "¿Dónde han ido las mujeres con cerebro?" y, en un espectacular salto retórico, relacionaba el encuentro entre Ortiz y Bruni con "la (falta de) verdadera igualdad en el trabajo". La cólera de estas columnistas feministas fue tan desmedida que incluso invocaron el nombre de Margaret Thatcher para preguntarse "dónde están las mujeres que inspiran la atención internacional por su presencia y su política".
Joan Smith, en el progresista Independent, decía que "Barack Obama es muy alto y Nicolas Sarkozy, no" en un agrio artículo en el que despellejaba a placer el físico del presidente francés quizás en represalia por "su esposa-trofeo". Otra columnista, Rupa Sengupta, esta desde el Times de India, entraba a saco con su tesis del "género, aún una prisión", condenando de paso "el obsceno interés" en la forma de vestir de ambas mujeres y llamando en su ayuda a sesudos ensayos feministas que concluían cómo, a pesar de la ruptura de las barreras legales, económicas, sociales y políticas, las mujeres de hoy están más "esclavizadas" que "nuestras no liberadas abuelas" por un "ideal impuesto de belleza que ellas parecen aceptar con bovina docilidad".
"No odio a Carla Bruni por su belleza"
Artículos de este tipo, prácticamente siempre escritos por furibundas mujeres, son comunes en la prensa de todo el mundo, pero también son comunes los comentarios de lectores que les siguen constatando "cuán vacía ha llegado a ser la retórica feminista" sacada a relucir en la artilleria pesada de la cólera anti-Bruni y anti-Ortiz. Esa era una de las reacciones recogidas por -esta vez un abrumado articulista- en el National Post de Canadá el cual comenzaba preguntándose "¿Quién dice que una mujer de 42 años no puede hacer volver cabezas?".
Recogía las reacciones de los lectores a la furiosa columna de su compañera Anne Marie Owens que, bajo la nuevamente publicada y odiada fotografía de los dos ya míticos traseros, declaraba a Bruni "mala para el feminismo" y, aunque se curaba en salud desde la primera línea reconociendo con inconstatable sinceridad que "no odio a Carla Bruni porque es hermosa", concluía con el también universal lugar común de que nunca se compararon los dispares físicos de Nicolás Sarkozy y el Príncipe Felipe de España, por lo que todo el asunto retrotaía "a los tiempos en que ponerse bellos vestidos, casarse bien y competir a ver quién era la más guapa de todas era el estándar por el que se juzgaba a las mujeres".
'And the winner is...'
"Has Carla Bruni met her match?", se preguntaba Sky News como otros muchos medios en todo el planeta bajo la fotografía de las mujeres subiendo la ya no menos mítica escalinata, y no precisamente por su pasado de haber sido pisada en los más cruciales momentos y por los más decisivos personajes en la historia reciente de España. Carla Bruni ha conocido a su auténtico rival y las encuestas de los sitios más ligeros dan por vencedora a la princesa española en el 'combate del siglo' mientras, con vocabulario de carrera de caballos, medios publicados en inglés en la propia España para los expatriados británicos en el sol mediterráneo daban como vencedora a Letizia "por una cabeza y una tiara".
