"Todos los hombres son unos violadores": Muere Marilyn French, diosa del feminismo radical y la activista que más intensamente odió a los hombres al menos en sus novelas
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"Todos los hombres son unos violadores, eso es lo que son. Nos violan con sus ojos, con sus leyes y con sus códigos". La propia Marilyn French se pasó media vida desmintiendo y matizando unas palabras que la persiguieron desde que en 1977 las publicara en "The Women's Room" ("Mujeres", en la edición española), uno de los libros míticos del feminismo moderno. Ahora, feministas de medio mundo recrudecen el lavado de imagen de una French insistiendo en que aquellas sólo fueron las palabras pronunciadas por uno de los personajes de su famosa novela. Sin embargo, hasta sus más acérrimas partidarias describen una vida personal desgraciada en la que el egoísmo de su marido y la violación de una de sus hijas pudo provocar en French un rencor y un odio que extendió a todos los hombres por el hecho de serlo.
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La propia French intentó desmarcarse en vida una y otra vez de una frase que no dejó de perseguirla en cualquier entrevista y que continúa siendo la más citada después de muerta, reverdecida y versionada en cualquier manifestación de feministas que se precie. Según decía, nadie considera a Shakespeare responsable de la brutalidad de Ricardo III.
Hombres y tazas de váter
"No odiaba a los hombres ni pensaba que 'todos eran unos violadores'. Estaba satisfecha con el progreso que la había tocado ver durante su vida, con la comprensión y el apoyo entre sexos, y, en especial, con el mayor papel que vio en muchos hombres asumiendo su responsabilidad en la cría de los hijos", dicen sus partidarias feministas. "Esas palabras proceden de un personaje; ella no fue una odiadora de hombres y nunca dijo eso en su vida personal. Pero sí quiso que los hombres aceptaran su parte en la dominación de las mujeres", se afirma desde los lobbies feministas. Es en este último sentido en el que se recuerda otra de sus famosas y lapidarias frases: "Sólo los hombres ponen perdida la taza del váter y sólo las mujeres la limpian".
Sin embargo, las mismas que insisten en desmarcar a French de la virulencia del odio contra los hombres de una gran parte del feminismo moderno -con letales consecuencias legales en países como España, donde se produce una verdadera persecución legal y penal con discriminación negativa en las leyes contra los hombres por el hecho de ser hombres-, esas mismas defensoras no pueden evitar referirse a una biografía desgraciada que pudo desembocar en los terriblemente pérfidos y malísimos personajes masculinos de su novela. Según esta versión 'exculpatoria' por la que "French tenía buenas razones para estar encolerizada por sí misma", el egoísmo de un marido del que terminó divorciándose y, sobre todo, la violación de su hija de 17 años por una banda bien pudieron influir en su percepción de los sexos.
"La escritora más radical"
Diosa del feminismo radical, no fue escasa sin embargo en frases famosas que aún hoy hacen relamerse a comehombres resentidas de medio mundo. "El sexo que no puede controlar su órgano sexual se considera a sí mismo como el adecuado para controlar el mundo", decía French, esta vez ella misma y no ninguno de sus personajes. Para sus seguidoras es precisamente este odio lo que la convierte en un personaje "íntegro". "El compromiso de French nunca está en duda. Es su furiosa urgencia, su ataque, su misma falta de estilo lo que parece garantizar su integridad", dicen ahora las feministas que no dudan en calificarla de "la escritora más radical".
Clásica hasta en la clásica imagen de la feminista fumadora empedernida, Marilyn French se enfrentó a un cáncer de esófago que también reflejó en algún libro autobiográfico. En un eco más noble que el memo feminismo de la ministra socialista española que se dirigía a las "miembras" del parlamento, sus discípulas y amigas ponen por testigo no a Dios, sino a "la Diosa", de que Marilyn French dejará una "impresión perdurable" a pesar de que, en uno de sus nucleares accesos de victimismo, "al final de su vida no fue demasiado optimista sobre nuestro progreso y nuestro futuro", refiriéndose por supuesto sólo al progreso y al futuro de las mujeres.
