NUEVO DIGITAL Internacional - Infantilización juvenil, feminización masculina: Varios institutos de Estados Unidos ponen un límite de "tres segundos" a la duración de los abrazos ante la moda del mimo indiscriminado
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Infantilización juvenil, feminización masculina: Varios institutos de Estados Unidos ponen un límite de "tres segundos" a la duración de los abrazos ante la moda del mimo indiscriminado

Infantilización juvenil, feminización masculina: Varios institutos de Estados Unidos ponen un límite de "tres segundos" a la duración de los abrazos ante la moda del mimo indiscriminado

12.06.09 • 05:51 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Uno está tan tranquilo en mitad de la calle y a poco que te descuides, en veloz y artero movimiento de comando, se acerca un ignoto sujeto con granos en la cara y te abraza. Pero no un abrazo viril con recios golpes en la espalda. No. Te somete a un frota-frota mientras el tipo no suelta presa. O sea, tú. Si con furia de peluche agredido consigues retirar un poco la cara para contemplar al mimosín agresor mientras activas los brazos en posición hidráulica de rechazo, verás una beatífica expresión de arrobamiento angelical en pleno éxtasis de algún misticismo estomagante. Sí, te ha sucedido a ti también. Estás siendo inmolado. No hay policías alrededor. Y la ley no te ampara. Estás solo ante un abrazador suicida.

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El movimiento Abrazos Gratis es la versión hispana e hispanoamericana de la Free Hugs Campaign que comenzó en Australia un bigardo de inquietante aspecto pero converso radical a la yihad del achuchón cívico alevoso. Prácticamente monopolizada por españoles y argentinos, la web de Abrazos Gratis pide “abrazadores” para días concretos en ciudades programadas, de la misma forma que otros piden “mártires” para atentados ya definidos por devoto dedo. Quién sabe si fue precisamente mano argentina la que relacionó en la Wikipedia al ‘movimiento’ con “el concepto del análisis transaccional de señal positiva incondicional” elaborado por el psicólogo Claude Steiner, “uno de los padres del análisis transaccional”, al parecer.

'Tres segundos' de abrazo

No necesariamente relacionado con escuelas centralizadas ni con nuevas doctrinas de importación extranjera, cualquier observador medianamente avezado anotará la creciente tendencia de adolescentes y jóvenes -de ambos y entre ambos sexos- a besuquearse y abrazarse a las mínimas de cambio, aparentemente sin las aviesas pero lícitas intenciones del restriegue propias de la hormona.

En Estados Unidos, la tendencia ha alcanzado proporciones tan pandémicas que varios centros de enseñanza media por todo el país se han visto obligados a regular el tiempo total del abrazo -“tres segundos”- o a prohibirlo directamente, al menos en sede escolar. Los centros no sólo temen las letales denuncias por acoso sexual, sino, sobre todo, los enormes atascos de adolescentes que no se despegan unos de otros ni con agua caliente en medio de unas clases paralizadas en su inicio por el desbordado afecto de pupilos y pupilas entre ellos.

El 'tierno' e infantil joven contemporáneo

La plaga de sentimientos y sensibilidades desencadenada como una peste negra entre adolescentes y jóvenes estadounidenses merecía la atención del New York Times, quien recogía el testimonio de Beth J. Harpaz, una periodista -y madre ella misma de dos chicos de 11 y 16 años- que acaba de publicar un libro con el extremadamente revelador título de “Los 13 son los nuevos 18”, refiriéndose a la implacable infantilización de los jóvenes contemporáneos. “Contemplar esta interacción (de abrazos) siempre hace que me sienta como una turista en un país en el que no conozco las costumbres y del que no puedo hablar su idioma”, afirma la abrumada y desconcertada madre periodista.

Otros destacan como “lo más chocante para los adultos” la “prevalencia” del abrazo “no romántico” -entre chicos y especialmente a otros chicos- cuando ninguno de los envueltos en el intenso corpóreo trasiego es homosexual, lo que ha llevado a muchos a hablar de la, al parecer también irrefenable, “feminización” -cuando no, “castración”- de los hombres actuales (ND), rendidos a una -hasta ahora- impetuosa sensibilidad ‘mujeril’ de llorosa ternura que culmina con el blando y ultratolerante padre ‘de diseño’ incapaz de hacerse valer sobre sus hijos desde que comienzan a echar diente.

Orgía de sensibilidad-lapa

Según los “expertos”, los chicos “se han vuelto más cómodos expresando sus emociones”, lo que ha sido recogido y, a la vez, promovido, por programas de la televisión adolescente y juvenil, como el de la MTV titulado “Bromance”, término utilizado ya en el lenguaje de la calle -y que ahora cuenta con su propia película- para expresar el desbordado afecto físico de contacto entre adolescentes masculinos heterosexuales que, a veces, no satisfechos con el dúo, se abandonan al trío del abrazo simultáneo en mitad del pasillo del instituto o se mantienen pegados uno al otro como si no fueran a volverse a ver en años cuando, en realidad, se están despidiendo, en pleno desenfreno sentimental, hasta la siguiente clase.

Esta orgía de sensibilidad-lapa está coincidiendo con otro desarrollo paralelo, como es el de la masculinización de ‘las’ adolescentes, cuyas cimas más dramáticas se observan en las ocasionales y cada vez más frecuentes noticias sobre la inusitada violencia de chicas sobre otras chicas o sobre jóvenes en general, muchas veces hasta el asesinato, siempre especialmente retorcido y cruel (ND). Este aspecto ya ha comenzado a preocupar también en Estados Unidos por su contagio al ámbito del hogar.

Violenta masculinización femenina

Contrariamente a la idea machaconamente transmitida de forma acrítica por los medios de comunicación sobre las mujeres como únicas receptoras de la violencia doméstica, estudios académicos recientes aunque ya clásicos como el titulado “La feminización de la violencia doméstica en los Estados Unidos” han levantado la voz de alarma sobre los frecuentes, pero ocultos -y ocultados-, ataques violentos de mujeres contra sus compañeros y contra sus hijos.

Cada vez se presenta como más claro que muchos niños fallecidos bajo la esotérica etiqueta de la “muerte súbita infantil” que nadie investiga a fondo, ‘mueren’ en realidad como consecuencia de una violencia femenina que choca con la inatacable presunción de inocencia para cualquier mujer en un entorno de intensa propaganda ‘anti-machista’, si no, directamente ‘anti-masculina’.

Violencia machista femenina

En España, la primera condena contra una mujer por violencia doméstica hacia su 'esposa' -en el ámbito de un 'matrimonio' entre lesbianas- lleva la duda de cómo calificar ahora este tipo de actos. El de 'violencia machista femenina' podría constituir una de las alternativas. Como, probablemente, las dos sean feministas, el concepto se podría afinar en 'violencia machista femenina entre feministas'. 'Violencia hembrista femenina' sería otra alternativa justa al de "violencia machista". Eso sí, en cualquiera de los casos, sin abrazos gratis. Ni de pago tampoco.



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