Manuel Torres Soriano, autor de "El eco del terror. Ideología y propaganda en el terrorismo yihadista", a NUEVO DIGITAL (1/2): "El mensaje de los yihadistas está perfectamente adaptado para su 'consumo' en Occidente"
X- NUEVO DIGITAL (13/08/09) - Manuel Torres Soriano, autor de "El eco del terror. Ideología y propaganda en el terrorismo yihadista", a NUEVO DIGITAL (2/2): "Debemos apoyar a los sectores musulmanes más dispuestos a unas relaciones alejadas de complejos"
'Los culpables somos nosotros'. 'En el fondo tienen razón'. 'El terrorismo es condenable pero se ven obligados a utilizarlo'. 'Los estamos robando su petróleo'. 'No todos los musulmanes son iguales'. 'Somos racistas'. 'Somos islamófobos'. Estas son algunas de las ideas-fuerza en el progresismo europeo y estadounidense que demuestran cómo el islam yihadista ha conseguido transferir la culpa del terror a las timoratas y delicadas sociedades de un Occidente que aquel desprecia precisamente por su "debilidad" y su "cobardía". 'Nos humillan'. 'Maltratan y matan a nuestras mujeres y a nuestros hijos'. 'No nos dejan rezar'. 'No nos dejan vestirnos como deseamos'. 'No nos dejan entrar en sus países cuando queremos'. 'Invaden nuestras tierras'. 'Son cruzados'. 'Son infieles'. 'Algunos son hasta apóstatas'. 'Son cobardes'. 'Se merecen sufrir'. 'Se merecen morir'. Y estas son algunas de las ideas-fuerza que, de forma simultánea a las anteriores, el islam yihadista ha conseguido hacer penetrar en cada vez más amplias capas de musulmanes, conversos occidentales incluidos. Pero, ¿cómo un montón de asesinos supremacistas consigue convencer a millones de personas en Europa de que los responsables son ellas y no ellos? ¿Y cómo el mismo montón de asesinos consigue convencer a millones de musulmanes de que son cómplices con la humillación del islam si no se 'defienden' del desdén y las afrentas de los 'islamófobos' occidentales que, por añadidura, se niegan a someterse a Alá?
Seguimiento:
Se cita a menudo a Marshall McLuhan afirmando que “sin comunicación no habría terrorismo” aunque mucho menos se cita el origen de tan famosa frase. Fue en una entrevista en Il Tempo italiano, publicada en 1979 y titulada de forma muy expresiva: “Mc Luhan: contro i terroristi I'arma piu efficace è il silenzio”. Tan sólo unos pocos años después, en 1985, Margaret Thatcher pronunció otra sentencia famosa en un seminal discurso en la estela de la no menos afamada Toma de la Embajada de Irán en Londres en 1980, cuando un grupo árabe (entonces no islamista, sino “democrático revolucionario de liberación”) se hizo con el control de la legación diplomática con 26 rehenes en su interior.
El terror, los medios, el directo
El suceso se convirtió en un hito de comunicación por muchas razones, entre otras por haber supuesto el primer seguimiento mediático en tiempo real de un acontecimiento terrorista, cobertura facilitada por los entonces novedosos equipos ligeros de cámara ENG (vídeo). Delante de un despliegue de televisiones y radios en directo al que sólo hoy ya estamos acostumbrados, Thatcher ordenó el asalto de los SAS a la embajada. Cinco años después, en su discurso ante la organización de la abogacía de Estados Unidos, la aún primer ministro dijo: “Debemos encontrar formas de privar al terrorista y al secuestrador del oxígeno de la publicidad del que dependen”.
Esa parte del discurso es un compendio de todas las disyuntivas y alternativas posibles en la relación entre medios de comunicación y terrorismo, con referencias al posible autocontrol de los medios y la tentación de la censura que, por otro lado, Thatcher descarta como solución de forma clara y explícita. También rechaza de forma meridiana la fácil alternativa censora Manuel R. Torres Soriano, profesor, responsable del Área de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, y autor de un reciente libro de también muy explícito título, "El eco del terror: Ideología y propaganda en el terrorismo yihadista".
El libro se centra casi en exclusiva en la 'agit-prop' de Al Qaeda, marginando el análisis de las hoy mucho más inquietantes fuentes de terror como son las del yihadismo sobrevenido doméstico formado por conversos, y segundas y sucesivas generaciones de inmigrantes islámicos, sin conexión directa en ambos casos con grandes redes terroristas (ND).
Guerra santa y santos inocentes
No obstante, y desde su misma publicación a principios de verano, el estudio de Torres Soriano se puede ya considerar referencia absoluta no sólo entre especialistas e interesados en la 'guerra santa' declarada por una parte del islam contra Occidente, sino -y quizás especialmente- entre periodistas y comunicadores en general que se nieguen a hacerle el juego a los terroristas santos, ya sean estos los 'duros' de las bombas y las decapitaciones, o los 'blandos' de las retaguardias que, desde antiimperialismos y luchas contra islamofobias y otras fobias varias y surtidas, actúan como voluntariosas -pero casi siempre ignoradas por las vanguardias yihadistas árabes- quintacolumnas dentro las sociedades que las protegen y hasta subvencionan.
Doctorado por la Universidad de Granada con una tesis sobre la dimensión propagandística del terrorismo yihadista global y subdirector de la Fundación Athena Intelligence (ND), el profesor Torres Soriano analiza en una larga entrevista con NUEVO DIGITAL (de la que hoy se publica la primera parte) cómo precisamente el terrorismo islamista manipula a los medios de comunicación para, entre otras cosas, transferir la responsabilidad de sus acciones a los países occidentales mientras, a la vez, 'activar' a las audiencias árabes y musulmanas, sensibles a los victimistas discursos sobre supuestos agravios y humillaciones cometidos por aquellos.
PREGUNTA. Ya desde el prólogo de Peter Bergen para su libro, el lector comienza a percibir la inquietante sensación de que Al Qaeda no sólo ha ‘utilizado’ a placer los medios occidentales y todo su poder tecnológico e informativo, sino que la propia organización y todo lo que gira en torno a ella no existiría sin ese ‘colaboracionismo’ periodístico. Independientemente del gran fracaso que supuso el hecho de que Occidente no percibiera como una peligro real las constantes amenazas -por no hablar de los atentados previos consumados en África o Asia-, ¿considera usted que Al Qaeda y, en general, el terrorismo islamista no habría podido existir sin haber sido creado -y recreado- por los medios occidentales?
Maestros de la manipulación de los medios
RESPUESTA. Cualquier grupo terrorista, independientemente de su naturaleza, necesita del 'oxígeno' que le proporcionan los medios de comunicación. El rasgo distintivo del terrorismo con respecto a otras formas de violencia política es precisamente su deseo de ocupar 'espacio público' y entablar una comunicación directa con la sociedad. Eso es lo que explica, por ejemplo, la 'ausencia' de actividad terrorista dentro de países con regímenes totalitarios como la Alemania nazi, la Unión Soviética o Corea del Norte. En estos, el poder ejerce un control absoluto sobre los medios de comunicación, evitando que los terroristas puedan acceder a ellos. El resultado, es que las acciones terroristas sólo son conocidas por las víctimas más inmediatas.
El bloqueo mediático y la represión policial provocan que el grupo desaparezca al poco tiempo como fruto de su desconocimiento público. Evidentemente, la receta de los regímenes liberticidas basada en la represión de las libertades y la brutalidad no es la solución contra el terrorismo Sin embargo, nos permite formarnos una idea muy clara sobre la importancia vital que para el terrorismo tiene acceder a los canales de comunicación de una sociedad.
En el caso de Al Qaeda, este grupo ha sido especialmente hábil a la hora de lograr ese propósito. Ha entendido perfectamente en 'lenguaje' de los medios de medios de comunicación, y cuáles son las claves que le permiten ejercer influencia y poder en la moderna sociedad de la información.
P. Permita que incida en la anterior pregunta y en un debate que en España conocemos bien por ETA. Puesto que, según se comprendió desde los primeros momentos tras el 11-S, “en Al Qaeda la gestación de un atentado iba indisolublemente unida a su posterior explotación propagandística” o a “asustar a muchos matando sólo a unos pocos”, según refleja usted en su estudio, ¿existiría el terrorismo islamista y toda la propaganda de la que se nutre -a veces hasta casi constituir su única sustancia- si los medios decidieran un ‘apagón’ informativo -o, al menos, una ‘degradación’ de su potencia noticiosa- en torno a él o sería contraproducente esta actitud por la posibilidad de ignorar un amenaza que continuaría viva?
El "innecesario espacio de los terroristas en nuestras vidas"
R. Esa es la gran paradoja a la que deben hacer frente actualmente los medios de comunicación. En ocasiones, dichos mensajes suponen la reiteración de un mismo discurso ideológico, de un conjunto de amenazas, o de actos de autoexaltación. Su cobertura no aporta nada a la sociedad y sólo concede a los terroristas un espacio innecesario en nuestras vidas que alimenta su determinación y relevancia.
Sin embargo, en otras ocasiones, dichos mensajes especialmente relevantes o novedosos deben ser conocidos adecuadamente por la sociedad para que esta tenga una opinión formada y rigurosa sobre la gravedad de la amenaza, y cuáles son los riesgos que esta implica o sobre cuál debe ser nuestra respuesta.
Sin duda, los periodistas tienen aquí una importantísima misión a la hora de discriminar adecuadamente lo que es información de lo que es propaganda, un papel vital dentro de una sociedad democrática que requiere formación y una elevada dosis de especialización en estos temas, para que los informadores no se conviertan en cómplices involuntarios de la estrategia mediática del terrorismo.
Un mensaje diseñado para su consumo en Occidente
P. En un entorno donde los conflictos armados son mediáticos y el frente de guerra es también doméstico, ¿considera usted que la yihad propagandística a través de los medios de comunicación occidentales está ganando una creciente legitimidad entre amplias capas de las sociedades occidentales debido a la mezcla de culpabilizaciones externas y autoculpabilizaciones internas? Se lo pregunto teniendo en mente las inmediatas manifestaciones contra la guerra en Irak y el vuelco electoral que sucedieron a los atentados de Madrid, donde la responsabilidad de cientos de miles de ciudadanos fue puesta -y aún es puesta- en el gobierno español y en la “agresión” de Estados Unidos antes que en los propios autores de las masacres, los cuales sólo habrían respondido quizás de un modo un tanto 'excesivo' pero 'legítimo'...
R. El mensaje que los yihadistas elaboran para su 'consumo' en Occidente está construido sobre una serie de argumentos perfectamente entendibles por esta audiencia. A diferencia de lo que sucede con los mensajes orientados hacia la población de los países de mayoría musulmana, se prescinde de los argumentos elaborados en clave religiosa o histórica. La idea fuerza es que sus ataques suponen una legítima defensa ante una agresión previa e infinitamente más atroz. El terrorista se presenta asímismo como la víctima de una injusticia, como un mero resorte de una maquinaria que han activado otros.
Existe una indudable legitimidad en la respuesta occidental frente a estos ataques. La mejor estrategia es precisamente conocer en profundidad su discurso y ponerlo en relación con la realidad de estos individuos y grupos. Eso nos permite apreciar el cinismo que esconden sus mensajes, las continuas contradicciones que encierran sus argumentos políticos y religiosos, o cómo la realidad de los terroristas yihadistas tiene poco que ver con el desprendimiento o la entrega a los demás.
P. A diferencia de otros movimientos terroristas, el islamismo violento no pretende 'convencer' a sus potenciales seguidores, sino "activar" -el término es suyo- una serie de valores vivos en las sociedades islámicas y a los que el islam da amplia cobertura de legitimación, comenzando por la "yihad defensiva". Aunque usted afirma de forma inmediata que "no pretendo insinuar la idea de que cada musulmán 'esconde' un potencial terrorista", lo cierto es que, en un entorno de constante victimismo islámico -que usted también describe con precisión y extensión en la supuesta conjura de "judíos " y "cruzados" contra los musulmanes-, todo musulmán, incluso -quizás, especialmente- los occidentales conversos -esta vez, bajo la horasca de la lucha "antiimperialista"-, ven con 'comprensión' la 'respuesta' a la 'agresión', aunque, al menos de cara a la galería, condenen el terrorismo. ¿Cómo se puede luchar contra esa 'comprensión' que se manifiesta en toda una batería de justificaciones casi siempre bien explícitas junto a las 'condenas' del terrorismo? ¿Se puede combatir la extensión de la 'compresión' del terrorismo islámico y su apoyo más o menos comprometido cuando se trata de un mandato con cobertura coránica 'activado' por la propaganda yihadista?
La "yihad defensiva"
R. El discurso yihadista que pretende legitimar y justificar los actos de terrorismo está construido en varios niveles. En clave religiosa, pretende que sus seguidores estén convencidos no sólo de la permisibilidad religiosa de estos actos, sino de su obligatoriedad para todos aquellos que se consideren musulmanes. Sin embargo, esta apelación a la yihad defensiva y obligatoria también tiene una lectura 'no religiosa' que puede resultar muy atractiva para un amplio número de personas.
Al Qaeda proclama luchar dentro de una guerra contra un cruel enemigo infinitamente más poderoso y dispuesto a utilizar de la manera más despiadada -incluyendo contra mujeres y niños- esta superioridad material y tecnológica para expoliar y someter a pueblos enteros. El terrorismo aparece así como el único recurso disponible en mano de los más débiles dentro de una lucha por la propia supervivencia. Sin duda, tiene un elevado componente 'romántico' que resulta especialmente grato para determinadas audiencias.
P. La propaganda yihadista incide en las supuestas y magnificadas masacres de los 'cruzados' contra mujeres y niños musulmanes con el fin de activar también la "yihad defensiva" como respuesta a la agresión 'judeo-cristiana'. Si me permite el calificativo, esa obscena utilización de niños y mujeres no sólo se da en zonas en conflicto -como vimos con los 'paseos antes las cámaras' de pequeños muertos (ND) en las ofensivas contra Hezbollah o Gaza-, sino que también se produce entre musulmanes occidentales conversos, también abonados a la lastimosa 'exhibición impúdica' de mujeres y niños supuestamente amenazados por la "islamofobia" como en la Alemania nazi lo estaban los judíos. ¿Qué deberían hacer los medios en este sentido?
Internet: Diferentes discursos para diferentes audiencias
R. Los medios deben abordar este tipo de noticias con un elevado espíritu crítico. Siendo conscientes de las verdaderas magnitudes de alguna de esas noticias, y de cómo pueden ser instrumentalizadas cínicamente por determinados actores que persiguen objetivos despreciables. Sin embargo, la realidad es que este tipo de noticias encajan perfectamente dentro de las exigencias de la 'cultura de la imagen': tienen dramatismo, espectacularidad y rebosan violencia. Demasiado 'atractivas' como para que los medios las ignoren.
P. La propaganda yihadista se enfoca en dos sentidos, según su estudio: por una parte, hacia el 'exterior', donde se encuentra el enemigo, y, por la otra, hacia el 'interior', donde se encuentran musulmanes a quienes se quiere imbuir del espíritu yihadista contra "cruzados y judíos", según nos denominan ellos. ¿De qué forma se articulan estos dos sentidos en la propaganda y cómo se complementan entre ellos en la acción de las organizaciones terroristas islámicas?
R. El propósito de estos propagandísticas es construir diferentes discursos para diferentes audiencias, explotándose así determinadas claves culturales, idiomáticas o históricas que les permiten resultar más eficaces. Sin embargo, este propósito resulta cada vez más difícil con la difusión de tecnologías, que como Internet, permiten un acceso global a estos materiales. Eso provoca que sus mensajes puedan resultar contraproducentes cuando llegan a una audiencia diferente a la perseguida. Esto les ha forzado a elaborar un mensaje más 'neutro' y dirigido a una audiencia más difusa, lo que les ha restado eficacia.
