Manuel Torres Soriano, autor de "El eco del terror. Ideología y propaganda en el terrorismo yihadista", a NUEVO DIGITAL (2/2): "Debemos apoyar a los sectores musulmanes más dispuestos a unas relaciones alejadas de complejos"
X- NUEVO DIGITAL (10/0809) - Manuel Torres Soriano, autor de "El eco del terror. Ideología y propaganda en el terrorismo yihadista" a NUEVO DIGITAL (1/2): "El mensaje de los yihadistas está perfectamente adaptado para su 'consumo' en Occidente"
PREGUNTA. ¿Cómo debilita la propaganda yihadista el apoyo de los ciudadanos hacia las medidas de fuerza y de protección de sus gobernantes? ¿Cómo se lleva a cabo el objetivo de volver a las opiniones públicas occidentales contra la represión de precisamente quienes las están atacando y han jurado destruirlas, y cómo transfieren la responsabilidad de los atentados y los asesinatos no sólo a los propios gobernantes (ND), sino también a las propias sociedades occidentales (ND)?
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RESPUESTA. Básicamente, apelando a los elementos más emocionales y viscerales de la conducta humana. De esa manera se dificulta el razonamiento y se facilitan fenómenos como la transferencia de culpabilidad, se disipa el sentimiento de comunidad, y la gente actúa motivada por el miedo y no tanto por sus intereses en el medio y largo plazo. Para lograr esto los terroristas han recurrido al secuestro, a la teatralización de ejecución de los rehenes, a la propagación de macabros videos de degollamientos, y a lanzar todo tipo de amenazas apocalípticas.
En ese proceso, los atentados suicidas juegan igualmente un papel determinante. Después de la indignación que provocan sus acciones, la sociedad se siente tentada a pensar que semejantes acciones sólo pueden ser fruto de la desesperación ante un cúmulo de injusticias, que resulta inútil cualquier medida que adoptemos contra personas dispuestas a sacrificar sus propias vidas para hacernos daño, y que sólo cabe ceder ante las demandas de los terroristas.
El deseo de revancha
P. La Alianza de Civilizaciones y quienes en ella creen desean generar un ámbito de colaboración y comprensión entre Occidente y el islam con el fin de eliminar el odio y el terror islamista. Sin embargo, el panorama que usted describe en su libro es precisamente el de unas organizaciones terroristas islamistas que no sólo creen en el Choque de Civilizaciones, sino que se muestran muy interesadas en fomentarlo (ND). Por tanto, parecería que, con iniciativas de comprensión y 'alianza', no sólo se legitiman las bases potenciales del yihadismo en las zonas más vulnerables a la propaganda yihadista sino que, además, el mensaje de 'hermandad' y 'alianza' es rechazado de plano por los mismos a quienes se pretende convencer de las 'buenas intenciones' occidentales (ND). ¿Ve usted algún sentido en el halago y la comprensión de sectores de opinión que están básicamente muy interesados en mantener un clima de 'choque de civilizaciones' antes que en su eliminación? ¿Cuál cree que es y será el coste de iniciativas de este tipo dada la "debilidad occidental" percibida desde el islamismo yihadista, tal y como usted constata en su estudio?
R. Sin duda deben emprenderse medidas tendentes a dificultar la labor de movilización social y reclutamiento por parte de las redes radicales, la cual se basa en buena parte en los sentimientos de agravio y deseo de revancha contra Occidente de algunos sectores de la población musulmana. Toda acción que permita que estas sociedades contemplen de manera más favorable el mundo no musulmán y sus intenciones supondrá un duro revés para el movimiento yihadista.
Sin embargo, la gran cuestión es cómo conseguirlo, sin que esto suponga la renuncia a valores fundamentales. Se debe ser especialmente cuidadoso con quiénes serán nuestros 'socios' y cuáles son sus objetivos en ese proyecto. En ocasiones, una de las principales fuentes de la antipatía por parte de las sociedades islámicas ha sido precisamente nuestras 'excelentes' relaciones con unos regímenes políticos que han oprimido de manera cruel a sus propias sociedades.
P. Una gran parte, si no toda, de la propaganda yihadista se basa en poner de manifiesto la "humillación", según proclama, que los musulmanes estarían padeciendo tanto en tierra de infieles (ND) como en los países musulmanes regidos por regímenes supuestamente al servicio de Occidente. Y ello sin mencionar el sentimiento de "humillación" histórica (ND) en el que Al Ándalus juega no sólo un papel primordial simbólico en el pasado (ND), sino también en el presente (ND), cuando, según comunicado de Al Qaeda que usted reproduce, tan sólo España -denominada como Al Ándalus por los terroristas- dispone de una riqueza superior al conjunto total de todos los países de mayoría musulmana. ¿Qué estrategia deberían seguir los países democráticos frente a unas poblaciones donde cala con enorme facilidad el lenguaje de la "humillación" y el complejo de inferioridad frente a los occidentales (ND)? ¿Y cómo debería evitar que los discursos contemporizadores, como el último y reciente de Obama al mundo islámico (ND), sean percibidos como una prueba más de la "debilidad" de Occidente, tan presente en la propaganda yihadista?
La "asimetría de valores" y el problema de la respuesta
R. No debemos medir nuestras medidas hacia el mundo musulmán estrictamente por la interpretación que realizan los radicales. Estos grupos siempre racionalizarán nuestra conducta de forma que no contradiga su discurso y sus objetivos. Nuestra estrategia hacia las sociedades musulmanas debe ser la de apoyar aquellos sectores dentro de sus sociedades que estén dispuestos a un entendimiento sincero y a entablar unas relaciones alejadas de complejos. Para ello se debe ser muy exigente con aquellos gobiernos del mundo musulmán, que, a pesar de mantener unas relaciones 'fluidas' con Occidente, favorecen o toleran el discurso anti-occidental dentro de sus respectivos países como válvula de escape de la insatisfacción de sus sociedades ante la falta de progreso y libertad.
P. ¿Qué es y qué importancia operativa y comunicacional tiene lo que usted califica de "asimetría en los valores de los contendientes" y que consecuencia tiene sobre lo que usted también resume como "el desprecio que el movimiento yihadista siente hacia el valor y las habilidades combativas de Occidente"?
R. La asimetría de valores se traduce en el hecho de que seremos víctimas de agresiones realizadas a través de medios que no podrán tener una respuesta equivalente por nuestra parte porque contradicen nuestro sistema de valores y nuestra propia identidad.
En el ámbito comunicativo, se traduce en la dificultad de cómo acceder (e influir) en el esquema de pensamiento de algunos sectores de la población, que, por ejemplo, pueden sentir satisfacción ante imágenes que nos pueden horrorizar, como, por ejemplo, los videos de degollamiento de rehenes.
P. ¿Cuál es la trascendencia de Al Jazeera y de lo que usted califica de "beligerante tratamiento de la información" (ND) para el movimiento yihadista internacional en su labor de inestabilización y ataque de los países occidentales y musulmanes?
La "guerra en red" y la "guerra en la Red"
R. Los yihadistas creyeron encontrar en Al Jazeera un medio influyente en el cual recibir un tratamiento ciertamente favorecedor para sus objetivos y su discurso. Este era especialmente valioso en un escenario mediático donde la gran mayoría de los medios de comunicación oficiales vinculados al poder político en el mundo musulmán no estaban dispuestos a dar cabida a los mensajes de una 'organización' que los había calificado de apóstatas.
Al Qaeda benefició a Al Jazeera con algunas de sus principales exclusivas mediáticas tras el 11-S. Sin embargo, el desencanto no tardó en llegar, cuando los yihadistas comprobaron que la cadena qatarí no era un mero transmisor de sus mensajes y empezaron a culpar a la cadena de distorsionar su discurso y de aliarse con el enemigo “cruzado y sionista”. La independencia mediática que les otorgó Internet facilitó el proceso de 'desenganche'.
P. ¿Cómo utiliza el yihadismo a Internet y cómo ha cambiado la naturaleza del terrorismo islamista, incluyendo la importancia de la comunicación electrónica en la nueva "guerra en red"?
R. La revolución en las tecnologías de la información favorece la aparición de formas de organización en red y permite que grupos pequeños y, en otro tiempo, aislados, puedan comunicarse y coordinar sus acciones. Todo ello da lugar a una nueva forma de conflicto donde los protagonistas utilizan la estructura de red en su organización, doctrina y funcionamiento. Sus integrantes son, en ocasiones, fruto de coaliciones temporales, células semiautónomas, grupos terroristas independientes, asociaciones no directamente violentas, clérigos, intelectuales y pensadores, traficantes de armas y miembros de diferentes gobiernos, produciéndose una variación de sus componentes en función de los intereses puntuales de cada uno de los posibles integrantes.
El marco explicativo de la "guerra en red" no sólo es interesante por su capacidad de describir la estructura y funcionamiento del complejo yihadista, sino porque aporta un concepto de enorme importancia para entender la dimensión propagandística del terrorismo: el "nivel narrativo". Dicha expresión hace referencia al elemento donde radica la unidad y la coherencia de los diferentes nodos que integran la red. Es la existencia de una ideología, de un relato y de una particular cosmovisión sobre la realidad lo que permite hablar de una red como un elemento coherente.
Que los integrantes del movimiento yihadista compartan una misma visión sobre el papel que cada uno debe desempeñar como miembro de esa unidad, les permite actuar como un todo coherente, independientemente de que carezcan de conexión y conocimiento entre ellos. Este relato permite que exista una centralización en lo estratégico (la consecución de un mismo fin) a través de una descentralización en lo táctico (qué acciones se emprenderán para lograrlo y quiénes se encargarán de llevarlas a cabo).
Musulmanes y 'antisistema'
P. En relación a Internet, a usted parece preocuparle más su utilización en la difusión de propaganda que los potenciales planes de acciones terroristas contra objetivos y servicios vitales para las sociedades atacadas. Incluso en web islámicas españolas -incluso subvencionadas con dinero público- se observa una constante reproducción de versiones 'antisistema' y 'alternativas' sobre los acontecimientos internacionales que, mezcladas con noticias de carácter victimista islámico, resultan en 'comprensiones' cuando no en 'justificaciones' de la agresividad musulmana hacia Occidente (ND). ¿Cómo se puede combatir esta extensión de la propaganda islamista que no sólo se da a través de webs semiclandestinas yihadistas árabes, sino que también llega a tener en países occidentales como España una especie de 'agitprop' blando adaptado al lenguaje y la 'sensibilidad' locales?
R. El discurso yihadista tiene un indudable 'atractivo' antisistema que le facilita su presencia en los lugares más insospechados. Los terroristas yihadistas se han convertido ante los ojos de una nutrida audiencia radical (aparentemente contrapuesta) en la nueva vanguardia revolucionaria y la última oportunidad para derrotar a un sistema opresor e injusto. Esto no sólo ocasiona 'extraños compañeros de cama', sino que también explica la militancia yihadista de determinados individuos que buscan objetivos que poco tienen que ver con la coherencia con una determinada interpretación religiosa.
P. Según su investigación, Internet no sólo es una herramienta potente en el reclutamiento yihadista, sino que, en sí mismo, constituye un factor de radicalización. ¿Quiénes son los sectores más vulnerables (ND) y cómo se puede combatir la propaganda yihadista protegida fuera de Occidente por la clandestinidad y las redes ocultas, y en Occidente por las leyes de la libertad de expresión?
R. Internet juega un importante papel como refuerzo y potenciador de la radicalización que algunos individuos pueden experimentar de manera simultánea en otros ámbitos como centros educativos, el grupo de amigos, la mezquita, las prisiones, etc.
Internet será especialmente determinante en aquellos individuos acostumbrados a dedicar gran parte de su tiempo a las 'experiencias virtuales' que tienen lugar en la Red, y que les permite sentirse socialmente integrados en la comunidad virtual del yihadismo global. La propaganda yihadista debe ser combatida realizando un esfuerzo de comprensión y exponiendo sin miedos y de manera pedagógica sus contradicciones junto a la cruel y escasamente heroica realidad de las redes yihadistas, y sus frutos a lo largo y ancho del mundo.
