El Estado de Florida concede protección especial a una adolescente conversa al cristianismo desde el islam que huyó de su familia por temor a ser "ejecutada por honor"
XDiecisiete años. Pequeñita de tamaño. Y guapa, muy guapa. Y cristiana conversa desde el islam. Fathima Rifqa Bary se convirtió al cristianismo hace cuatro años y lo mantuvo en absoluto secreto para su familia, procedente de Sri Lanka y en situación ilegal en Estados Unidos. La adolescente encontró compañía y apoyo en grupos de cristianos conectados a través de Internet, para muchos conversos desde el islam una especie de catacumba electrónica. Hasta que un día algunos asistentes a la mezquita familiar detectaron la presencia de la traidora en grupos cristianos de oración y la delataron a la familia. Fathima asegura que comenzó a recibir amenazas, se aterrorizó y cogió un autobús al lugar más lejano que pudo encontrar. Y ahí comienza el duelo entre Estados, religiones, iglesias, familias, jueces y abogados por la pequeñita y guapa Fathima.
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La cosa es muy simple. Fathima no quiere estar con sus padres. Afirma que su vida corre peligro después de que la amenazaran por haber abandonado el islam y haber llevado la "deshonra" a la familia. Y si se sintieron 'deshonrados' con la conversión, quién sabe cómo se pueden sentir en su fuero interno ahora que han devenido en noticia nacional e internacional por su supuesto deseo de ejecutar el "asesinato por honor" que su hija veía ya pendiendo de su cabeza. Por su parte, los abogados ven el caso endiabladamente complejo: una menor, además no ciudadana estadounidense que, para más inri, ha cruzado varios estados en su huída desesperada en un agravamiento de los problemas de jurisdicción legal.
La cuestión es qué hacer. ¿Devolverla a su familia con los potenciales riesgos que ello implicaría ahora que, además, es mundialmente famosa, y con mucho y muy enconado rencor pisándole los talones entre los vengadores de la letal apostasía desde el islam? ¿Separarla de sus parientes y conceder credibilidad a unos miedos que, según sus padres, han sido inducidos por la manipulación de los grupos cristianos que ahora la protegen? ¿Arrancarla de su familia con el poder absoluto y despótico del Estado? Estas son algunas de las dudas que ahora se debaten en múltiples foros formales e informales. Por el momento, éste, el Estado, encarnado en los tribunales de Florida, ha adoptado la custodia de Fathima mientras se aclara la situación.
De huida de adolescente a escape de conversa
Columbus, Ohio. Noreste de los Estados Unidos. Una nota en la prensa local informa de que se ha localizado en Orlando, Florida, al sur del país, a una adolescente desaparecida a mediados de julio. Poca relevancia a un suceso demasiado común. Algún novio conocido en Internet. Problemas familiares derivados de una etapa rebelde y difícil. O sea, lo de siempre. Una desaparición más de adolescente. Hasta que en Florida, las cosas comienzan a tomar otro cariz muy distinto. De pronto, el 'novio' se llama Jesucristo, y los padres no la persiguen con una fotocopia de sus malas notas y algo de hierba encontrada en su habitación, sino con una supuesta sentencia a muerte por haber renegado del islam. Y ahí comienza el duelo, para empezar, entre Estados norteamericanos.
Al norte, la policía de Columbus concede credibilidad al progenitor, que dice que su hija ha sido manipulada por los pastores de la iglesia cristiana de Florida a los que Fathima llamó en su huída y que, finalmente, la acogieron antes de informar del caso a las autoridades de protección de menores. Mohamed Bary "parece ser un padre cariñoso", dicen los responsables de la unidad de personas desaparecidas de la ciudad de Ohio.
"Sinceramente, no es mi hija la que habla", asegura Mohamed respecto al vídeo en el que Fathima aparece llorando y desesperada, sin mucha convicción dicho sea de paso, en lo que parece una dudosa puesta en escena. "Ni el señor ni la señora Bary han amenazado nunca la vida de su hija y pacientemente esperan su regreso sana y salva", afirma el abogado de la familia, ya instalado en los informativos matinales de costa a costa. Pero cosa distinta dice la atribulada conversa.
"Mi sangre es ahora 'halal'"
En el vídeo, la adolescente afirma entre unos sollozos no muy naturales: "Ellos (mis padres) me amenazaron con matarme. Tienen que matarme. Mi sangre es ahora 'halal' porque ahora soy cristiana viniendo de un pasado musulmán. (Para ellos) es un honor (matarme). Aman a Dios más que a mí. Deben hacerlo". Con una escenificación más o menos cuestionable, lo cierto es que Fathima no quiere regresar a su hogar ni muerta. Asegura que mantuvo oculta su biblia durante años y que engañaba a su familia cada vez que acudía a la iglesia a rezar. En eso no parece mentir. De hecho, el padre asegura haber sabido de la nueva fe de su hija "desde hace meses" a pesar de los ocultamientos de la clandestina.
En todo caso, Fathima cruzó el país en su huida, actitud incompatible con el supuesto entorno de respeto familiar que el abogado de los Bary describe en las mismas televisiones que reproducen el vídeo de una adolescente "manipulada y con el cerebro lavado" por unos pastores que la habrían puesto "delante de las cámaras para una renuncia pública de su religión previa", según la versión oficial del lado islámico. La imagen de la pequeña Fathima abrazada al pastor delante del tribunal que debía ver su caso ha dado la vuelta al país. Con diecisiete años y con la madurez suficiente como para haber cambiado de religión a los doce o trece, Fathima demostró claramente con su actitud dónde y con quién prefería estar. Tras la vista, el Estado de Florida tomaba su tutela y su protección hasta que se alcance una decisión definitiva.
La catacumba soñada junto a los suyos
A políticos, abogados, policías, jueces, pastores, imanes y familiares, se unirán ahora psicólogos y otros "trabajadores sociales" del Departamento de Menores que intentarán delimitar "a dónde pertenece Fathima", si a sus padres musulmanes o a sus protectores cristianos. O a ella misma y a su decisión, mantenida en los casi dos mil kilómetros de huida en autobús desde Columbus a Orlando, ciudad esta última donde pidió a un transeunte el favor de una llamada de teléfono móvil para que se le abrieran las puertas de su refugio, de su catacumba plenamente elegida y plenamente soñada junto a los suyos, junto a quienes desea estar.
