NUEVO DIGITAL Internacional - Un alto cargo británico, atacado por organizaciones islámicas después de que abandonara una boda musulmana al comprobar la segregación por sexos durante la celebración
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Un alto cargo británico, atacado por organizaciones islámicas después de que abandonara una boda musulmana al comprobar la segregación por sexos durante la celebración

Un alto cargo británico, atacado por organizaciones islámicas después de que abandonara una boda musulmana al comprobar la segregación por sexos durante la celebración

20.08.09 • 06:22 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Mientras clérigos musulmanes incendian las mezquitas con violentos discursos de odio para "hacer picadillo a los cristianos" -haciéndolo de forma efectiva, en realidad (ND)-, el Papa abronca por igual a los verdugos y a las víctimas del picadillo para que "todos abandonen el camino de la violencia". En Santiago de Compostela, centro milenario de la cristiandad, a la pía nómina de la catedral ya no le llegan los hábitos al cuerpo de puro "miedo" -antes a Bin Laden, ahora a todos los demás, en general- mientras taponan a la vista como pueden una estatua de Santiago Matamoros "para evitar problemas". "Yo no digo nada... no sé nada... no quiero más líos", dicen allí. Pero líos, lo que se dice líos, los hay. Cada vez más.

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La cuestión es cómo los diversos países -y los diversos individuos- se enfrentan a la constante oleada de desafíos lanzados por las exigencias musulmanas de la 'diversidad'. Mientras en Francia se prohíbe el 'burquini' en las piscinas y en Italia se envía a bañarse "a cualquier país musulmán" a quienes intentaron la provocación, en el Reino Unido no sólo se permite, sino que los centros públicos de recreo se cierran en sesiones exclusivas "para musulmanes" en los que el "recato" islámico se exige, no se admite.

Baño y sauna con 'niqab'

En este último país, el último parte en la 'guerra de las piscinas' -uno de los más significativos frentes abiertos por la 'multiculturalidad' pero extendidos a otros muchos ámbitos, médicos incluidos (ND)- señala cómo en estos momentos cada vez son más las instalaciones públicas al servicio de la sociedad general que no sólo cierran las piscinas para sesiones "acordes con la sharia", sino que exigen el cumplimiento de las obligaciones religiosas -separacion por sexos y vestuario de verdadero creyente, básicamente- a los no musulmanes, de forma que los inflexibles códigos de comportamiento -y de recubrimiento- deban ser acatados también por los no musulmanes. Si es que logran entrar en los días y horarios 'halal', puesto que en ocasiones no sólo se exige sumisión al código de vuestuario, sino también al de seguimiento de religión (ND).

Sin embargo, con mujeres que han llegado a bañarse en piscinas públicas y a tomar saunas recubiertas de pies a cabeza con su 'niqab' (ND), la presión islámica en el Reino Unido implica que la aceptación de normas y costumbres se produce en una sola dirección. La suya, en concreto. En este sentido se registraba hace unos días un nuevo y muy sonado incidente cuando un alto cargo del gobierno laborista -el subsecretario de Alimentación, Agricultura y Medio Ambiente- abandonaba la boda musulmana a la que había sido invitado como parlamentario local después de que ni tan siquiera le permitieran sentarse con su propia esposa.

El "secuestro de una inocente boda"

Según Jim Fitzpatrick, su mujer y él mismo han estado asistiendo a bodas islámica desde hace años, "pero sólo recientemente se ha adoptado esta línea estricta". "Nos fuimos para no ofender", resumía el político. Sin embargo, pronto las organizaciones musulmanas prendieron el fuego de la "discriminación" y la "islamofobia".

Para el Muslim Council of Britain -que se había despachado unas semanas antes con un virulento ataque contra Sarkozy por la prohibición del burka en Francia-, "la segregación (de sexos) es una característica seguida en acontecimientos religiosos, culturales y sociales, y no es específica de los musulmanes. Es un asunto privado sometido a la voluntad de las familias concernidas". De hecho, el novio, Bodrul Islam, se declaraba "asombrado y escandalizado" por el hecho de que, en su opinión, Fitzpatrick había "secuestrado una inocente boda" para convertirla en un asunto político sobre radicalización e integración social.

"La culpa es suya"

Mientras el novio exigía "disculpas" al parlamentario local por su sonada 'espantada', Fitzpatrick recordaba que en esa misma mezquita londinense tiene sus oficinas el denominado Islamic Forum of Europe, una organización radical musulmana que había conseguido revertir la tendencia de mezcla de sexos en las bodas de esa religión. Según el político, y a pesar del caracter de acontecimiento privado del acontecimiento, la segregación por sexos venía a demostrar cómo "hay un grado de intolerancia y de exclusión antes que de inclusión" en el enfoque de tales ceremonias islámicas.

Por su parte, el Islamic Forum of Europe desmentía con un airado comunicado que fuera su voluntad "imponer la sharia" en los países occidentales como había denunciado Fitzpatrick, algo que, por otro lado, se puede comprobar simplemente leyendo la declaración de la propia organización de explícita "adhesión a la sharia" puesto que "el islam ofrece un sistema comprehensivo" para todos los asuntos sociales y personales. En una de las clásicas y ya bien estudiadas 'transferencias' de la culpa y la responsabilidad al Occidente democrático (ND), el Islamic Forum acusaba a Fitzpatrick de "ignorancia e insensibilidad hacia la comunidad que sirve" y de amenazar "el compromiso con la cohesión social" de la organización que, según su propia opinión, "es bien conocido y apreciado".

"¿Por qué reverenciarlos?"

Mientras desde cada vez más ámbitos periodísticos británicos se preguntan "por qué debemos inclinarnos ante las formas intolerantes del islam", lo cierto es que la reverencia se practica ya de forma abierta no sólo en ceremonias privadas, sino también en instalaciones públicas, como las piscinas, donde incluso los no musulmanes deben acatar las normas islámicas durante 'sus' días y 'sus' horas, cuando los centros son regidos por la sharia y el director del centro deportivo cae bajo la autoridad de un ignoto pero inflexible califa.



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