Suecia financia con dinero público una película pornográfica "feminista" en un proyecto para compensar que "el porno siempre ha sido hecho por hombres y para hombres"
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Una frondosa maleza de tan potentes como espesas cavilaciones "feministas". Una apocalíptica descarga de barrocas pero previsibles divagaciones sobre la "sexualidad femenina", siempre descrita en engolada retórica de mantecosa superioridad. Un contundente y no menos insolidario bombardeo de cháchara sobre una "nueva estética" cuyo único horizonte es el infinito en toda su infinitud. Una napoleónica ofensiva hembrista contra el "sexismo" comandada por "artistas, cineastas y activistas", todas pertenecientes a la internacional de las 'mujeras' a pesar de la ambivalencia de género de los términos en español. Pero, sobre todo, nada de todo ello gratis para el contribuyente sueco. El equivalente en coronas a 48.000 euros es lo que les ha costado en impuestos la película pornográfica de una directora que ha rodado sin buscar el "beneficio de la audiencia masculina", aunque sín despreciar la ineludible, por "compensatoria", mordida tanto de los impuestos fálicos como de los femeniles, escisión no lésbica. En realidad, es "arte". Y, por tanto, públicamente caro.
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De todas formas, algo de jugo le sacará la siempre fácil "audiencia masculina" a la docena de cortos pornográficos rodados por Mia Engberg con el objetivo principal de "mostrar la sexualidad a través de la perspectiva femenina". "No está hecho para satisfacer a la audiencia masculina y no está hecho para ganar dinero", afirmaba la subvencionada "activista" y "artista".
Pornografía "maricona, feminista e innovadora"... y subvencionada
Sin embargo, al final el porno es porno y de las imágenes que muy arteramente Engberg ha incluido en el sitio web promocional de "Dirty Diaries" ("Los diarios sucios") se puede colegir que no sólo la audiencia masculina heterosexual algo sacará en limpio de los funcionales genitales de bellas señoritas en pleno desempeño y a no menor pleno gas -frutitas mordisqueadas mediantes y demás-, sino que también algo o mucho de beneficio extraerá la audiencia masculina homosexual, dada la no escasa proliferación de tiernos efebos masturbándose en aparente satisfacción de la libido femenina. Mientras tanto, los indeterminados y a veces indeterminables seres que se masturban de espaldas a la cámara frente a un metro repleto de pasajeros en una estación pública habrán servido de involuntario solaz o de intolerante agresión a los sorprendidos, inadvertidos y gratuitos extras de la nórdica orgía bollywoodiense.
Los cortos han sido rodados con teléfonos móviles, lo que ha llevado al lado artístico del artefacto activista a disquisiciones sobre la nueva estética de la imagen desenfocada en un entorno donde la pornografía se "redefine" como "maricona ("queer"), feminista e innovadora". Sin embargo, nadie hasta ahora ha sabido explicar muy bien las razones de por qué todo este sin duda laudable y rompedor proyecto para el futuro del arte debe ser financiado con dinero público. Pero para el Instituto Cinematográfico Sueco, que ha sido quien ha extendido el cheque, la cuestión no es por qué si, sino por qué no.
"Un ambicioso proyecto"
"Todos en la película son mayores de 18 años, nadie está realizando nada contra su voluntad, y todos comparten de forma equitativa el dinero de los films", por lo que se trata de "un proyecto diferente al porno normal en muchos aspectos" y, por tanto, es "un proyecto ambicioso tanto en forma como en contenido que encaja en las demandas que buscamos para los trabajos que apoyamos". En cualquier caso, el "ambicioso proyecto" no se habrá quedado corto en financiación dado que el rodaje se realizó con teléfonos móviles en situaciones no precisamente demandantes de grandes decorados ni iluminaciones de superproducción. Puesto que no busca "ganar dinero", según la explícita confesión de la directora, la inversión ha debido realizarse a fondo perdido, una de las características principales en la financiación pública de películas en la Europa del Estado del Bienestar.
Con agudeza, algunas articulistas -como Beatrice Fredriksson, del Partido Moderado y autora del blog Iniciativa Anti-Feminista- han aparecido en los medios suecos preguntándose por qué "chicas teniendo sexo con chicas y mujeres masturbándose son de alguna forma una buena alternativa a las películas pornográficas comunes" dado que, precisamente, "una de las principales razones por las que la industria pornográfica está dominada por hombres y por mujeres no especialmente atractivas es que las películas pornográficas 'normales' a menudo muestran una buena cantidad de sexo entre mujeres".
"Chicas malas": Oh, qué miedo
En otras palabras, alguien ha confundido el lesbianismo con la pornografía para mujeres. Y, además, gastando dinero público. Y ese alguien cae bajo el calificativo de "feminista" mientras espera además que esto "sólo sea el comienzo" en la "creación de más imágenes alternativas que se enfrenten a los papeles estereotipados de género".
Todos los cineastas que han participado en "Dirty diaries" son mujeres, excepto una que antes era hombre y después se hizo mujer, aunque no consta que fuera para cumplir con los requisitos de género de la directora. Además, y junto con la falta de rentabilidad para el dinero público, el proyecto "activista" cumple con los dos principales requisitos de cualquier proyecto de este corte "artístico": no sólo cuesta dinero a los contribuyentes, sino que también cuenta con su propio "manifiesto". El del film de Mia Engberg pide a las mujeres que "luchen por su derecho a estar cachondas ('horny')" y establece el bien conocido principio ñoñi-feminista de que "una buena chica es una chica mala".
El aborto, invitado a la pornografía feminista
Y el resto de la 'superestructura' es también la esperable, aunque no se conocen muy bien las razones de su colocación en el entorno de la 'nueva feminidad pornográfica': "El aborto libre y legal es un derecho humano". No sorprende la toma de posición en un entorno feminista, pero sí alrededor de los "avances" de 'Dirty diaries' y su obsesión con las lesbianas, donde sólo cabe la posibilidad de que las nuevas mujeres metidas en su nueva sexualidad se queden embarazadas bañándose en una piscina pública o secándose con las toallas que acaban de utilizar los ternísimos y equívocos efebos recibiendo a puerta gayola, tan caros a la nueva sexualidad femenina activada esa.
