NUEVO DIGITAL Internacional - Mensaje del cardenal Tauran a "los musulmanes" por el fin del Ramadán: El Vaticano comprende la "violencia" en el "deseo de venganza” por la "pobreza"
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Mensaje del cardenal Tauran a "los musulmanes" por el fin del Ramadán: El Vaticano comprende la "violencia" en el "deseo de venganza” por la "pobreza"

Mensaje del cardenal Tauran a "los musulmanes" por el fin del Ramadán: El Vaticano comprende la "violencia" en el "deseo de venganza” por la "pobreza"

14.09.09 • 06:33 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Continúa la política de ‘apaciguamiento’ y de halago hacia los musulmanes. Desde el secretario general de la OTAN -que no dejó de sudar explícito “respeto” por el “islam” en su visita a Turquía (ND)-, a los países occidentales -donde un nuevo aniversario del 11-S se celebra entre autoinculpaciones y ajustes de cuentas internos (ND)-, parece que la “transferencia de la responsabilidad” de los mensajes yihadistas desde los martarifes a las víctimas (ND) ha sido plenamente aceptada en Europa y en Estados Unidos. Y el catolicismo ‘organizado’ en torno al Vaticano no se queda atrás. Por no hablar del catolicismo rebelde que se autodenomina ‘progresista’, ‘de base’ o de ‘liberación’. Cada vez va siendo más difícil distinguir los mensajes de ambos sobre las causas de la violencia islámica y la, según también ambos, indisoluble y prácticamente única responsabilidad del Primer Mundo en relación a la ‘justa cólera’ del terror musulmán.

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El Vaticano, a través del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, se lanzaba la pasada semana a felicitar el fin del Ramadán a los “queridos amigos musulmanes”. Ya de entrada, el mensaje del organismo dirigido por el cardenal Tauran -abierto y entusiasta propagandista del islam en los últimos meses (ND 1 y 2)- anteponía la fecha islámica, 1430, a la universal ‘occidental’ de 2009. Todo parecía indicar que la carta abierta a “los musulmanes” del mundo se centraría en una de las espesas y más bien teóricas disquisiciones de buena intención con algún tema concreto de reflexión, en este caso, “Cristianos y musulmanes, juntos en vencer a la pobreza”.

¿Persecución de cristianos? ¿Qué persecución?

Sin embargo, un tema aparentemente tan incuestionable volvía a convertirse en las manos de los actuales inquilinos de San Pedro en una potente toma de posición política que venía a reforzar no sólo las apabullantes declaraciones ‘anticapitalistas’ de furia bolivariana de la última encíclica del Papa (ND), sino también la increíble y fría equidistancia del pontífice reclamando a “todos” -sin distinguir entre asesinos y asesinados (ND)- que se alejen de la violencia en el mensaje con motivo de los disturbios en la localidad pakistaní de Gojra, donde miles de musulmanes saquearon e incendiaron las casas de sus vecinos cristianos abrasando vivos a ocho, entre ellos, cuatro mujeres y un niño.

El que una vez más no se haya producido ni una sola mención a la persecución que padecen miles de cristianos en los países de mayoría islámica es normal. Al menos, normal en los mensajes del Vaticano bajo Benedicto XVI, y con el precedente del mismo cardenal Tauran afirmando de forma clara y contundente que un tema como ese no iba a arruinar el denominado “diálogo interreligioso” (ND). Sin embargo, faltaba por justificar de forma también explícita el terrorismo islamista en algo, y ese algo coincide con los argumentos siempre victimistas del orbe islámico apoyados por sus quintacolumnas ‘progresistas’ en Occidente (ND).

"Cólera, odio y deseo de venganza"

Tras una untuosa introducción en la que se alaban como “signos de amistad” y “causa de alegría” por la que “deberíamos dar las gracias a Dios” los “cordiales encuentros en muchos países entre muchos cristianos y musulmanes”, la carta del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso se mete en faena al afirmar la relación entre violencia y pobreza. “Todos sabemos que la pobreza tiene el poder de humillar y de engendrar intolerables sufrimientos”, comienza la argumentación central de la pastoral a los musulamanes, hasta hace no tanto “no creyentes” a quienes era necesario “llevar la luz del Evangelio”.

“A menudo, (la pobreza) es una fuente de aislamiento, cólera e, incluso, odio y de deseo de venganza. Puede provocar acciones hostiles mediante la utilización de cualquier medio disponible, incluso buscando su justificación en bases religiosas, o arrebatando la riqueza de otro hombre, junto con su paz y con su seguridad, en el nombre de una supuesta ‘justicia divina’. Esta es la razón por la que enfrentarse al fenómeno del extremismo y de la violencia necesariamente implica tratar de resolver la pobreza mediante la promoción de un desarrollo humano integral que el Papa Pablo VI definió como ‘el nuevo nombre de la paz’”.

Nuestros pilares del islam

El mensaje del cardenal Tauran se abandona entonces a los retos de la “globalización” y de la necesidad de que los “creyentes” trabajen “juntos” por una solución de la pobreza así como en la “adopción” de un “código ético común”. En el habitual tono de celebración de las relaciones entre cristianos y musulmanes, Tauran destaca cómo “parece que en diversas partes del mundo hemos pasado (musulmanes y cristianos) desde la tolerancia a una reunión conjunta que comienza con una experiencia de vida en común y de preocupaciones reales compartidas”. “Este es un importante paso adelante”, concluye Tauran antes de ensalzar a los pilares del islam -aunque sin identificarlos como tales y dejando de lado la menos encajable peregrinación a La Meca o la aceptación explícita de la sumisión a Alá y a Mahoma-, en un camino de “dar las riquezas de una vida de oración, ayuno y caridad de uno hacia los otros”.



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