NUEVO DIGITAL Internacional - Masacre en Fort Hood: La posibilidad de un "terrorismo" islamista dentro del ejército de Estados Unidos comienza a abrirse camino entre el sonsonete de las "perturbaciones mentales" y las llamadas a no extraer "conclusiones precipitadas"
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Masacre en Fort Hood: La posibilidad de un "terrorismo" islamista dentro del ejército de Estados Unidos comienza a abrirse camino entre el sonsonete de las "perturbaciones mentales" y las llamadas a no extraer "conclusiones precipitadas"

Masacre en Fort Hood: La posibilidad de un "terrorismo" islamista dentro del ejército de Estados Unidos comienza a abrirse camino entre el sonsonete de las "perturbaciones mentales" y las llamadas a no extraer "conclusiones precipitadas"

09.11.09 • 05:19 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

EN NUEVO DIGITAL: LAS DOS SEMANAS DE LA 'ACELERACIÓN DE LA HISTORIA' EN LA YIHAD DOMÉSTICA DENTRO DE ESTADOS UNIDOS:

Podía haber gritado muchas cosas. Pero no. Gritó “Allahu Akbar!”. Mientras disparaba contra decenas de los suyos -desarmados, lo que ha vuelto a reabrir el tema de los recintos (incluso militares) de desarme obligatorio (ND)-, el psiquiatra místico Nidal Malik Hasan hacía profesión de fe asesinando a trece compañeros e hiriendo a otros treinta, algunos de ellos, ya paralíticos o mutilados de por vida. Akbar, “grande” o “el más grande”, que ambas cosas significa en árabe, era precisamente el apellido de otro insigne asesino militar, y también con un Hasan de por medio, en este caso en su nombre. “Puede que no haya matado a musulmanes, pero es lo mismo estar en el ejército. Voy a tener que tomar una decisión muy pronto sobre a quién matar”, escribía Hassan Akbar en su diario poco antes de tomar finalmente su “decisión”, y arrojar dos granadas y disparar su arma automática de guerra contra sus camaradas, durmiendo aún en las tiendas de campaña de un campamento de Kuwait en la madrugada del 23 de marzo de 2003. Ambos, Nidal Malik Hasan y Hassan Akbar, eran estadounidenses de nacimiento. Y ambos, militares. Pero también ambos tenían fidelidades muy superiores a las de su país o a las de sus propios compañeros.

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Hasan mató a dos compañeros y posteriormente fue condenado él mismo a muerte por un tribunal. Había nacido con nombre cristiano, Mark Fidel Kools, pero su madre se casó con un musulmán, se convirtió al islam y convirtió a su hijo desde su nombre, ritual y obligatoriamente cambiado al árabe, el idioma de Alá. El de Hassan ni era el primer caso, ni, como se ha visto, ha sido el último en la creciente lista de militares estadounidenses que, o bien nacen en el islam, o bien se convierten a él, y con ello inician el, al parecer, inevitable camino hacia la masacre contra sus propios compañeros.

El súbito yihadismo dentro del ejército de Estados Unidos

Otro converso, Abdul Hakim Mujahid Muhammad, mató a tiros a un soldado y dejó herido a otro en un centro de reclutamiento de Little Rock, en Arkansas. Muhammad no se declaró culpable. Siguiendo la diferenciación entre 'terrorismo' y 'autodefensa' permitida por el Corán -proclamada hasta el paroxismo desde los centros ideológicos de los Hermanos Musulmanes y su descendencia yihadista moderna (ND)-, el converso afirma que su acción fue una simple represalia por la política de Estados Unidos en el Medio Oriente. Otro caso fue el de Ali Mohamed, un boina verde estadounidense que pasó del ejército de su país a Al Qaeda y que se encuentra detenido desde hace años mientras los siempre activos agitadores de la conspiración contra Washington aseguran que se trata de un agente doble de la CIA.

Sólo en lo que va de año se han registrado tres ataques de islamistas contra soldados de Estados Unidos en el propio suelo del país, además de dictarse la sentencia contra los inmigrantes musulmanes balcánicos que prepararon el asalto a Fort Dix (ND 1 y 2). Pero lo que ya preocupa abiertamente en el país es la creciente sucesión de yihadistas espontáneos militares que se revuelven contra los suyos. Por supuesto, siempre de la forma más carnicera que pueden.

El cáncer islamista en el propio ejército de Estados Unidos generado por soldados musulmanes que en él sirven se une a la ya desbocada desarticulación de tramas terroristas islamistas en suelo nacional, diez en lo que va de año, con siete gravísimos incidentes en los últimos cinco meses, y con una implacable y sorprendente 'aceleración de la historia' en los últimos días, tal y como ha ido informando NUEVO DIGITAL en una inquietante anticipación -ahora ya finalmente reconocida por la 'gran prensa' española- del temor a un terrorismo islamista que se veía confirmado por un nuevo acto sangriento al día siguiente de ser lamentados los precedentes.

Organización de veteranos musulmanes: "Ningún acoso en el ejército"

Cuando los investigadores ya se encuentran indagando los hechos de Fort Hood -incluyendo la posibilidad de colaboradores o inductores de la masacre-, las organizaciones musulmanas, en su línea habitual, pasan a convertir a los musulmanes en general en potenciales víctimas de unas "represalias" por parte de la población general que jamás se han producido salvo alguna pintada aislada en algún lugar del inmenso país y algunos correos "de odio" a las propias organizaciones musulmanas de la agitación victimista, cuando no agresora, como en el caso de los "imanes voladores".

Mientras la organización más virulenta de todas, el Council on American-Islamic Relations (CAIR), hacía un dramático llamamiento a "la calma" a los fieles del islam en las horas posteriores a la masacre como si se fueran a producir los masivos linchamientos de musulmanes que jamás se han insinuado ni tan siquiera en el más mínimo incidente esporádico, los propios musulmanes veteranos del ejército estadounidense, reunidos en otra asociación, desmentían que dentro de las filas se produzca cualquier tipo de acoso a soldados musulmanes o que haya cualquier clase de problema con los soldados de religion islámica dentro de la propia base de Fort Hood, como la familia del asesino había comenzado a propagar minutos después de conocerse el nombre del vengador, y como medios de comunicación de todo el mundo habían también empezado a propagar -en la habitual línea de irresponsabilidad y fácil credulidad- en escandalosos titulares 'justificadores' de la 'reacción', sin recordar que se trataba simplemente de la versión de familiares directos.

"Demasiado miedo a reconocer que es terrorismo"

Muchos se preguntan si la corrección política no está pasando a ser la colaboradora necesaria del súbito estallido del terrorismo islamista en suelo patrio por impedir la adopción de medidas contundentes, entre ellas, un seguimiento más minucioso (el tan famoso como denostado "profiling" exigido ya abiertamente por cada vez más políticos y expertos en seguridad (ND)) entre alguna 'comunidad de riesgo'. Y es que indicios de lo que rondaba por la cabeza del psiquiatra musulmán no faltaron. Más bien lo contrario.

Un imán en el entorno de Nidal Malik Hasan ha reconocido ahora que el militar le cuestionó recientemente qué debía responder "si otros soldados me preguntan porque tienen problemas en combatir a otros musulmanes". En foros yihadistas en Internet, Hasan también había realizado comentarios sobre los ataques suicidas y le había comentado a un compañero que "quizás los musulmanes nos debiéramos levantar y combatir al agresor". Nada hubo de locura espontánea en la acción de Hasan. El psiquiatra vació su apartamento días antes, regaló sus pertenencias a sus vecinos, se rodeó de coranes antes del ataque y entró disparando al grito de "Alá es grande".

Paralela a esa corrección política que muchos ven ya como cómplice en los asesinatos de americanos por americanos, y de militares por militares, -corrección política representada en la insistencia periodística en la "enfermedad mental" así como en las insistentes llamadas de Obama a "no sacar conclusiones precipitadas" y a loar la "diversidad" del ejército-, los pocos medios que se atreven a publicar lo que muchos comentan ya en conversaciones privadas condenan ya sin ambages que en el gobierno y en el Congreso estén "demasiado asustados para reconocer que se trata de terrorismo".

Entre las "conclusiones precipitadas" y el "terrorismo"

Con todo, poco a poco han comenzado a abrirse inesperados signos de una cierta rebelión contra una correción política que se está traduciendo en la mejor aliada de asesinos de todo tipo, en especial, los protegidos por las grandes 'libertades', la religiosa a la cabeza. El senador Joe Lieberman -político de alto perfil que preside la Comisión de Interior en esa cámara y que, a pesar de ser un independiente, suele votar con los demócratas- abriá ayer mismo la puerta a que la acción de Hasan no sea la de un perturbado sino un ataque terrorista hecho y derecho.

La sola posibilidad de yihadistas e islamistas de variado pelaje en el ejército dispuestos a matar a traición a los suyos en cualquier momento es una posibilidad difícilmente digerible para la política de apaciguamiento de Obama con los musulmanes del mundo. En este sentido, George Casey, el jefe del estado mayor del ejército estadounidense -patéticamente traducido su cargo por "jefe de personal" por la agencia estatal española de noticias EFE desde Washington- realizaba el enésimo llamamiento a no "especular" para no provocar "represalias" contra los militares musulmanes, por cierto, una muy pequeña minoría entre los que se encuentran en activo.

Sin embargo, las preguntas continúan agolpándose sobre la mesa, entre otras, del 'jefe de personal', en realidad, el jefe del estado mayor y general de mayor rango del ejercito de Estados Unidos. ¿Por qué no se investigó a Hasan cuando había dado muestras de simpatías yihadistas desde hacía meses? "Cualquiera que grita 'Allahu Akbar' y abre fuego sobre una multitud de personas desarmadas es un terrorista; si el mayor Nidal Malik Hasan no es un terrorista, nadie lo es", se recuerda desde los únicos editoriales que reflejan en voz alta lo que ya se reconoce abiertamente con susurros entre los que luego, públicamente, mueven el agua de la corrección política a favor del gravísimo cáncer que bombea cada vez más matanzas de americanos sobre americanos.



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