NUEVO DIGITAL Internacional - El referéndum suizo sobre los minaretes desvela en toda su crudeza el enorme abismo abierto entre las castas políticas, periodísticas y religiosas europeas respecto a la opinión de los propios ciudadanos que las mantienen
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El referéndum suizo sobre los minaretes desvela en toda su crudeza el enorme abismo abierto entre las castas políticas, periodísticas y religiosas europeas respecto a la opinión de los propios ciudadanos que las mantienen

El referéndum suizo sobre los minaretes desvela en toda su crudeza el enorme abismo abierto entre las castas políticas, periodísticas y religiosas europeas respecto a la opinión de los propios ciudadanos que las mantienen

03.12.09 • 05:42 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Unos dicen que el resultado del referéndum suizo sobre los minaretes destroza la tradición suiza de tolerancia. Otros, que el verdadero problema no son los minaretes, sino lo que se predica bajo ellos. Y los de más allá argumentan que un resultado similar, si no superior en rechazo a las torres islámicas, se habría producido en la mayoría de los países de la Europa occidental. Y todo ello en un entorno de furibundos editoriales condenatorios de los medios, de contundentes diatribas de políticos y religiones de toda condición -con el gobierno de Sarkozy y el Vaticano muy destacados en este sentido (ND)-, de apresuradas y agobiadas “explicaciones” -en realidad, disculpas- del ejecutivo helvético a lo largo y ancho del orbe musulmán, y de temor -en realidad, casi pánico- a los posibles “riesgos” en materia de seguridad derivados de la consulta. Y todo ello sin olvidar los furiosos anatemas contra la “discriminación” de los musulmanes en Suiza lanzados por la mayor parte de los más brutales y discriminatorios países del mundo islámico apoyados por sus medios de prensa, tan callados, cuando no agitadores, no sólo respecto al odio anticristiano y antioccidental, sino en relación a la propia barbarie interna de los regímenes en los que medran.

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Pero por debajo de todo ello se deslizan dos fenómenos fuera de toda discusión: la enorme capacidad corrosiva de la presencia de los musulmanes para los cada vez más inestables sistemas democráticos europeos, y el no menor abismo abierto entre las castas políticas, periodísticas y religiosas respecto a los ciudadanos que las mantienen. Y la renovación de un clásico promovido por esas mismas castas dominantes en el debate consiguiente a un resultado político por ellas no deseado: los ciudadanos han sido “manipulados” para mostrar sus miedos “irracionales” a “lo desconocido”.

Bronca desde Al Jazeera contra la 'hipocresía' europea

De hecho, incluso la propia Al Jazeera se permite abroncar a los suizos en particular y a los europeos en general por su "crisis de identidad", y por negar los "derechos humanos" a los musulmanes. "La votación ha desvelado que Suiza, como otros varios países occidentales, se enfrenta a una profunda crisis de identidad que nada tiene que ver con el islam, la sharia, la inmigración o con cualquier otro de los capotes que son agitados por la extrema derecha para incrementar el miedo europeo a los musulmanes", afirma en Al Jazeera, Anas Altikriti, el máximo responsable de la inquietantemente denominada Cordoba Foundation, uno más de los ejemplos de la permanente presencia del mito de Al Ándalus como referencia y paraíso (al menos teórico) que recuperar. Altikriti, un iraquí radicado en el Reino Unido, y un fijo, en medios y conferencias, de las llamadas a la concordia y la condena de los "fascistas" que critican al islam, no se mostraba tan 'concordante' cuando, en plena crisis de las viñetas de Mahoma, aseguraba que éstas "tienen que ver más con la incitación al odio, al racismo y a la islamofobia que con la libertad de expresión".

En su artículo de Al Jazeera, el hombre de la comprensión vuelve a responsabilizar a los occidentales que le acogieron y a insinuar que se deslizan por el mismo camino de "hace setenta años". "La cuestión que los suizos deberían realmente preguntarse es si los valores de los derechos humanos, las libertades civiles y la democracia -mantenidos de forma tan querida por las naciones europea- se practican con tanta reverencia como son predicadas". Por supuesto, ni media palabra de lo que sucede en los países musulmanes con "los derechos humanos, las libertades civiles y la democracia". Los culpables, tanto para él como para los propios medios occidentales -actuando desde dentro como inquisidores contra los suyos- son los que son: los ciudadanos "occidentales", lejos, muy lejos, de "las culturas en diálogo" que proclama el tolerante desde su Fundación Cordoba, en la práctica, un insultante monólogo en una única dirección.

"¿Van a construir catedrales en Arabia Saudí?"

En España, como en el resto de Europa, basta leer las noticias en Internet sobre rabiosas condenas de políticos y periodistas contra la voluntad de los suizos expresada en las urnas, y compararla con la ristra de comentarios de los lectores, que, a pesar de haber pasado el filtro -la censura- de los editores, se abandonan de forma masiva no sólo al apoyo de la prohibición de los minaretes, sino de las propias mezquitas en general, al menos con los mismos criterios con que se veta la construcción de iglesias (ND) y la libre práctica de la religión en la inmensa mayor parte -si no en todos, en mayor o menor medida- de los países musulmanes, por mucho que, en Europa, nadie llame a asesinatos masivos de musulmanes como sí se produce, de forma puntual, o en repetidas y abiertas masacres, contra las perseguidas comunidades cristianas en una mayoría de las naciones de la ‘Umma’.

Desde las comunidades cristianas de Pakistán, que mucho saben de apocalípticas escabechinas cometidas contra ellos por sus conciudadanos de la verdadera religión (ND), se preguntan por la exquisita sensibilidad democrática del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas condenando el referéndum suizo, cuando en el propio Pakistán "la construcción de nuevas iglesias debe seguir las estrictas directrices que vetan el uso de altavoces y las prohíben si se encuentran a un estadio de distancia (aprox. unos 200 metros) de mezquitas ya existentes". "¿Va a permitir Arabia Saudí la construcción de catedrales para desafiar a la prohibición suiza de minaretes?", se pregunta el modesto Pakistan Christian Post sin recordar que en Arabia Saudí ni tan siquiera está autorizado el acceso de no musulmanes a ciudades enteras.

"La gente aprueba lo que nunca habría sido ni votado en un parlamento"

Geográficamente lejos de la polémica, y, por tanto, con un potencial mayor distanciamiento para el análisis, un diario 'progresista' como Los Angeles Times, editado en una nación democrática por excelencia como los Estados Unidos, mostraba -quizás a su pesar- en un duro editorial contra el resultado del referéndum, la radical división entre la opinión y la voluntad de los ciudadanos, y la acción política de los propios representantes de aquéllos. Y lo hacía bajo el ya mencionado argumento clásico de la "manipulación" de los votantes, por supuesto, tan sólo en el caso de que las cosas no hayan ido com el editorialista hubiera deseado. Para el diario, el resultado del referéndum "es un recordatorio de que las preocupaciones culturales pueden ser inflamadas incluso en el país más tolerante" y, además, muestra cómo "la democracia directa amenaza a una sociedad con medidas que nunca habrían sobrevivido a los debates de un proceso legislativo".

Para el diario, defender que los minaretes son un intento de introducir un sistema legal paralelo musulmán al sistema democrático suizo es como sostener que "la cruz cristiana es un símbolo de la Inquisición española o de la violencia cometida por los cruzados contra los musulmanes". Lo que, por otra parte, es exactamente como es percibido el signo cristiano por ampias -si no mayoritarias- capas de población islámica fuera y dentro de los países musulmanes. Sin embargo, incluso los propios imanes que se sorprenden de "cómo pueden ser los minaretes vistos como un símbolo de nada excepto del lugar donde la gente va a rezar", admiten que el auténtico problema radica "en cómo son capacitados los imanes" para que "respeten el espíritu del islam" y "no se alejen de su papel definido por las leyes del país" donde viven. Es decir, queriendo disminuir el problema de los minaretes lo amplían al más general de la rebeldía de los inflamables líderes religiosos bajo ellos, tan renuentes a aceptar las leyes democráticas, cuando no abandonados a su predisposición a extender el odio contra las sociedades que los acogen (ND) en medio de una feligresía -incluso femenina (ND)- de odio desatado entre toneladas de propaganda extremista de naciones extranjeras avivando el subterráneo trabajo de zapa (ND).

Lección de autocrítica... desde la prensa musulmana

No deja de resultar extremadamente curioso -y un tanto vergonzante para las castas políticas y periodísticas occidentales-, que hayan sido algunos medios en países islámicos los que interpretan el resultado del referéndum como una útil lección de la que pueden y deben aprender los propios musulmanes para corregir sus propias actitudes. En este sentido iba el editorial del Yakarta Post -el más influyente medio internacional en Indonesia- cuando lejos de "lamentar el resultado de un proceso democrático, nosotros en Indonesia y el mundo islámico debemos ver el voto suizo como un reto a superar". "Si una nación tan pacífica como Suiza ve los minaretes como un símbolos del fundamentalismo y el radicalismo islámicos, ¿cómo verán este símbolo del islam otros países menos tolerantes?".

Sin condenar en ningún momento la opinión de los suizos expresada en las urnas, como sí hacen con descalificaciones amontonadas en su furia, los políticos y los medios de la propia Suiza y del resto de países occidentales, el equilibrado editorial del diario indonesio recuerda que "el voto es sólo contra los minaretes" de forma que "los musulmanes tienen aún las mezquitas, sólo que sin los símbolos que muchos suizos ven como ofensivos". "Esto ya es mucho más de lo que muchas minorías religiosas tienen en un país predominantemente musulmán como Indonesia (por lo que) antes de que prediquemos el mensaje de la tolerancia, debemos practicarla en casa", concluye, con argumentación contundente que ni se vislumbra en los medios occidentales, el editorial del diario indonesio.



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