Del 'abajo los sujetadores', a la silicona como 'derecho' - Las 'armas de mujer' ahora son progresistas: El feminismo de Estados Unidos, en pie de guerra contra un impuesto especial que gravará la cirugía estética
X- NUEVO DIGITAL (06/05/09) - Despelleje universal y virulenta reacción de la internacional feminista: La 'guerra de los traseros' entre Carla Bruni y la princesa Letizia, seguida y comentada en todo el planeta
- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO/SELECCIÓN: LA AGONÍA DEL FEMINISMO
Sin tetas no hay feminismo. La nueva frontera de las defensoras de los derechos de las mujeres estadounidenses es la cirugía estética. No la reparadora por razones médicas. Estética. Pura y dura. Y está liderada por las mismas organizaciones que en 1968 promovieron una quema de sujetadores a las puertas de la sede donde se desarrollaba el concurso de Miss América (aunque, en realidad, no ardió ni uno solo, en contra de un mito ampliamente extendido). Las siguientes son las sorprendentes primeras escaramuzas del nuevo frente abierto en el feminismo estadounidense más agresivo que intenta defender cómo la silicona y el Botox son feministas, revolucionarios e imprescindibles para luchar contra la "competencia de los hombres" y la "discriminación de las mujeres" en un duro y salvaje entorno de recesión económica y laboral.
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¿No habíamos quedado en que a una mujer no se la valora por su aspecto físico? "Todas las mujeres bellas son víctimas", se lamentaba, en argumentación clásica, una aguerrida y concienciada columnista del Times a raíz de la espectacular foto de los traseros de Carla Bruni y la princesa Letizia que llevó a la histeria a la internacional feminista (ND). ¿Tiene algo que ver el brusco giro -desde la maldición de la mujer joven, hermosa y tersa, a la maldición de la mujer menos joven, menos hermosa y más ajada- con el largo y muy acomplejado debate entre las feministas que intenta armonizar los conceptos de feminismo y femineidad? Mientras los hombres se feminizan -y se infantilizan, en fenómeno paralelo (ND)-, las feministas intentan desmarcarse de una fama de broncos 'chicazos' que limita su simpatía por parte de millones de mujeres que no se ven reflejadas en las torvas 'mujeras' de pelo en pecho y macarra matonismo dialéctico.
"Puedes ser femenina y feminista a la vez"
En el ámbito de las cada vez más frecuentes reflexiones sobre el modelo de hombre feminizado y "castrado" (ND) que el feminismo ha logado imponer en un mundo de tolerantes padres de diseño acorralados por sus violentos bebés y demás entes pseudo-masculinos de blando gineceo, NUEVO DIGITAL recogía hace unos pocos meses las declaraciones de Ellie Levenson, una muy destacada feminista británica y autora de una guía de referencia del feminismo, que reconocía con franco abatimiento cómo, en paralelo, "el feminismo tiene un problema de imagen" y su solución es "hacer entender (a las mujeres) que puedes ser femenina y ser una feminista”.
Sin embargo, el agrio debate sobre cómo ser una feminista y, al menos, parecer una mujer, sufría un brusco giro en el campo político más insospechado posible, el del tortuoso proyecto de reforma sanitaria que el presidente Obama intenta sacar a trancas y barrancas -en las últimas horas, ya con avances casi definitivos- frente a un levantisco Congreso y un aun más refractario país que lo rechaza en masivas mayorías, según las últimas encuestas de opinión. En medio del fragor del debate sobre los grandes cambios de modelo y su sostenibilidad financiera, pocos habían notado que el proyecto de reforma incluía un oscuro apartado que impone un impuesto especial de un 5 por ciento a las operaciones de cirugía estética.
Abortos, abortistas y cirugía estética
Una vez más la intención era buena. Se trataba -se trata aún- de gravar las intervenciones de pura mejora estética -no las de cirugía reparadora por accidentes o enfermedades- con el fin de recaudar fondos con que sostener el sistema general de atención médica más o menos universal contemplado por el proyecto de ley. Llegó, como cabía esperar, la oposición de los cirujanos especializados en ese ámbito, que, obviamente, pronto sacaron su artillería pesada contra los potenciales efectos negativos de tal medida sobre sus negocios mientras agitaban el espectro de miles de pacientes viajando a países del Tercer Mundo con precios cinco veces más baratos y garantías profesionales también cinco veces menores para su propia seguridad. Lo que nadie se esperaba era que el feminismo más ortodoxo también considerara el nuevo impuesto como 'casus belli'.
Terry O'Neill, presidenta de la National Organization for Women (NOW), se encontraba hasta el momento muy ocupada en su virulenta ofensiva de campañas activistas para defender el aborto como una prestación básica sanitaria en el proyecto de ley frente a los intentos limitadores en ese sentido, en esencia, frente a la conocida como 'Stupak Provision', enmienda presentada por el miembro demócrata de la Cámara de Representantes de ese apellido (quien se autodescribe como "demócrata pro-vida") que se niega a incluir la interrupción voluntaria del embarazo como una prestación básica de los seguros médicos bajo cobertura pública. Sin embargo, NOW, extraordinariamente beligerante en este tema, pronto iba a abrir un nuevo frente de guerra.
La irrupción del 'Botax' (sic) en el feminismo ortodoxo
O'Neill, como presidenta de la organización feminista por antonomasia, entraba a saco de forma sorpresiva contra el ya conocido como 'Bo-tax', en un juego de palabras entre el famoso Botox antiarrugas y la palabra 'tax' (impuesto). La líder de la organización que en 1968 organizó la mítica -por falsa- quema de sujetadores en Atlantic City (la policía no permitió las hogueras) durante una protesta frente al centro donde se desarrollaba el concurso de Miss América, declaraba ahora que el 'Botax' penaliza a las mujeres de mediana edad que confían en la cirugía estética como un arma para su desarrollo profesional. "Deben encontrar trabajo. Y se lanzan al Botox o a recursos estéticos porque el hecho es que vivimos en una sociedad que penaliza a las mujeres por hacerse mayores", declaraba O'Neill.
La feminista, en un hábil giro para encontrar cobijo en uno de los pocos lugares comunes del feminismo contemporáneo, relacionaba cirugía estética y los supuestamente salarios inferiores percibidos por las mujeres para concluir que, en su opinión, mientras ellas cobran menos y pagan más por sus seguros médicos, "ahora van a poner un impuesto sobre las mujeres maduras en una sociedad que las devalúa por ser de una edad mediana". Con declaraciones así, las reacciones, como dice el tópico, no se hicieron esperar.
'Armas de mujer' para competir con los hombres
Desde la propia progresía feminista del New York Times se comenzaba a ofrecer cobertura a la sorprendete propuesta retórica de O'Neill en medio de un desconcierto aparentemente opositor. Por ejemplo, con argumentos en torno a una nueva rivalidad con los hombres en un mundo de altos niveles de desempleo en el que las mujeres maduras deben de competir con ellos para mantener sus propios niveles de seguridad financiera con que sostener, a la vez, a sus familias. Es decir, si los hijos tienen que comer, la madre se tendrá que quitar las patas de gallo o dar un repasillo al declinante busto para hacer frente al 'macho' competidor.
Además, a este argumento se unía la prevalencia entre las mujeres de las fuertes y muy extendidas inseguridades -estrictamente femeninas- en relación al futuro, inseguridades y miedos materializados una vez más en uno de los nuevos y últimos 'síndromes' inventados por la brigada psicológica de inventa-síndromes: el 'bag-lady syndrome', aquel que lleva el terror a muchas mujeres frente a la perspectiva de terminar como una vagabunda arrastrando por los parques un par de bolsas -'bags'- con sus pertenencias, miedos lanzados hasta el paroxismo en un clima de recesión económica. Contra el pánico femenino al futuro -un 90 por ciento de las mujeres lo sufren, agravado con un 50 por ciento del total con un "terrible miedo a convertirse en una 'bag lady', según estudios de aseguradoras estadounidenses-, todo vale. Incluyendo el Botox.
La revolución feminista alternativa de la "sensualidad inteligente"
El enfoque de la presidenta de NOW no era muy bien recibido en los cenáculos ultra-progres del Huffington Post. Pero, de nuevo, con sorprendentes argumentos. "El Botox no te hace necesariamente parecer más guapa o más joven, sólo menos arrugada. ¿Es una ventaja real en el mercado laboral parecer estirada?", se preguntaba una columnista del nodo online ultra-demócrata sin abandonar el argumento de la belleza externa como 'arma de mujer'. Un par de contundentes implantes de silicona era la fotografía elegida por los no menos progres de Time-CNN para ilustrar el repentino ansia feminista por la cirugía estética y su oposición al 'Botax'.
Mientras desde el feminismo clásico algunas articulistas consideran la nueva bandera del Botox como una "traición a la causa", en las zonas más templadas del feminismo que intenta descubrir "una sensualidad inteligente del siglo XXI para las mujeres en acción", las críticas a ese feminismo clásico no eran menores, preguntándose si todo el movimiento quedado "reducido a decir 'no' al impuesto sobre el Botox". Anne of Carversville, una de estas mujeres del 'feminismo femenino y sensual' ha adoptado esta posición, con la potente fotografía del flanco trasero de Carla Bruni y la princesa Letizia subiendo la escalerilla del madrileño Palacio de la Zarzuela -en ya icónica foto tormentosa para el feminismo internacional (ND)- como un posible y atractivo símbolo del poder de las mujeres en su intensa y desbocada femineidad, incluso cuando esta va necesitando una pequeña ayudita sobre la mesa de un quirófano.
