NUEVO DIGITAL Internacional - Malasia, bajo el terror de la palabra "Alá" - Nueve iglesias y un colegio católico, visitados por los profetas del cóctel molotov - Párroco de uno de los templos atacados: "No culpamos a ninguna religión"
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Malasia, bajo el terror de la palabra "Alá" - Nueve iglesias y un colegio católico, visitados por los profetas del cóctel molotov - Párroco de uno de los templos atacados: "No culpamos a ninguna religión"

Malasia, bajo el terror de la palabra "Alá" - Nueve iglesias y un colegio católico, visitados por los profetas del cóctel molotov - Párroco de uno de los templos atacados: "No culpamos a ninguna religión"

11.01.10 • 11:32 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El partido que sostiene al gobierno malayo ha ofrecido locales para que los fieles de las iglesias atacadas puedan continuar sus cultos. Se trata del mismo partido gobernante que sostiene al mismo gobierno gobernante que, dirigido por el gobernante primer ministro, Mohammad Najib bin Tun Haji Abdul Razak, ha liderado los ataques contra el uso del término "Alá" por parte de los católicos puesto que "podría crear confusión y llevar a los musulmanes a la conversión al cristianismo" (ND). A la hora de actualizar esta información eran nueve las iglesias atacadas por bandas islámicas además de un colegio situado en un convento. La tensión sube por momentos entre histéricas manifestaciones callejeras de musulmanes que claman en sus parcartas por la "yihad" entre gritos de "Allahu Akbar" e insisten en que "su Dios no es el nuestro" y, por tanto, "Alá sólo debe llamarse el verdadero".

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A pesar que la religión oficial de Malasia es el islam, la constitución del país garantiza la libertad de cultos: Pero sólo sobre el papel. De hecho, no es capaz de proteger ni tan siquiera el derecho de cada cual para utilizar la palabra que considere oportuna para designar al Dios único. El propio primer ministro ya advirtió hace poco más de dos años que "Malasia nunca ha sido (una nación) laica porque ser laico según los principios occidentales significa la eliminación de los principios con que gobernamos el país" y eso significa "que siempre nos hemos conducido por nuestra adhesión a los fundamentos del islam".

Gobierno: "La situación está bajo control"

Lo que significa supremacismo en estado puro, incluyendo el hecho de que el ejecutivo decidirá -y decide- quién y cómo puede utilizar una palabra como "Alá", por otra parte, de uso árabe preislámico e importada a Malasia -como a otros países asiáticos- para designar a Dios. Y, para poner la acción donde ponía la palabra, Kuala Lumpur no sólo inició una feroz ofensiva de amenazas de revocación de licencias al medio católico que utilizaba el tradicional "Alá" para el Dios cristiano y denominaba a Jesús como el "hijo de Alá", sino que también ordenó -y ejecutó- la quema masiva de biblias y libros religiosos que podían llevar la "confusión" a los musulmanes malayos, según sus gobernantes, muy propensos al parecer a cambiar de fe verdadera bajo la influencia de un simple término lingüístico cargado por el islam patrio de veneno semántico.

Pero ahora la alarma ha comenzado a cundir ante el inflamable clima creado en el país por el monstruo que el propio gobierno contribuyó a alentar. Ante el ambiente de persecución, Internet y los teléfonos móviles se han convertido ya en los medios de comunicación de la catacumba electrónica. De hecho, el ministro del Interior ya ha pedido abiertamente que la población no se deje "influir por las informaciones en Internet o por los sms" puesto que "la situación se encuentra bajo control". El pánico se ha extendido entre muchas organizaciones islámicas -incluyendo las de "consumidores musulmanes"- que ven cómo la ya conocida fiera se descontrola por horas mientras ahora ofrecen voluntarios para hacer guardia frente a los templos cristianos con el fin de mantener la "armonía" y las "relaciones cordiales entre las varias razas y religiones del país".

Sacerdote: "No culpamos a ninguna religión"

Por su parte, el párroco de la Iglesia de la Asunción, en Kuala Lumpur, también ponía su grano de arena para la concordia al sermonear el domingo a sus fieles bajo el argumento de que "no culpamos (de la violencia contra los cristianos) a ninguna persona, a ningún barrio, a ninguna religión". "Somos pacíficos y estamos aquí (en la iglesia) para ofrecer nuestra oración por la nación", añadía. Mientras los coches de quienes son identificados como cristianos también terminan destrozados por la ira semántica, las agencias internacionales constatan el miedo de los parroquianos a pesar de sus palabras sobre cómo, en su opinión, "la mayor parte de los malayos aman la paz" de forma que "el diálogo debería resolver este asunto".

Pero poco diálogo están ofreciendo los políticos musulmanes, empezando por los gobernantes y por los de la oposición, que unos exigen y otros anuncian estrictas medidas para regular en qué forma un no musulmán puede utilizar siquiera la palabra "Alá", sea o no en un entorno de culto religioso.



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