NUEVO DIGITAL Internacional - "Las mujeres duermen menos", nuevo agravio reivindicativo: El hembrismo vira desde la 'igualdad' entre sexos a la exigencia del reconocimiento supremacista de la 'diferencia' femenina
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"Las mujeres duermen menos", nuevo agravio reivindicativo: El hembrismo vira desde la 'igualdad' entre sexos a la exigencia del reconocimiento supremacista de la 'diferencia' femenina

"Las mujeres duermen menos", nuevo agravio reivindicativo: El hembrismo vira desde la 'igualdad' entre sexos a la exigencia del reconocimiento supremacista de la 'diferencia' femenina

14.01.10 • 05:50 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El primer domingo del año moría Mary Daly, descrita por los medios 'progresistas' como una "prominente teóloga feminista", en realidad, una de las viejas arpías del feminismo más rencoroso y acomplejado. Ella misma se autocalificaba de "feminista lesbiana radical" y su mayor contribución, -como la de Marylin French, otra de las viejas momias creadora del "Todos los hombres son unos violadores" y también fallecida el año pasado (ND)- fue un feroz odio uterino a los hombres que la llevó a pasarse la vida intentando vetarles el acceso a sus clases para que las alumnas no se sintieran cohibidas al expresar sus puntos de vista. La paradójica consideración de las mujeres como seres débiles que necesitan una especial protección -una 'discriminación positiva'- fue quizás la mayor de las contradictorias creaciones de un feminismo que exigía 'igualdad con los hombres' y, para ello, necesitaba la desigualdad masculina.

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Mary Daly se hizo famosa con su libro "La Iglesia y el Segundo Sexo", ensayo en el que criticó los "trucos patriarcales" de la sociedad en general, y de la Iglesia Católica en particular Y, para combatirlos, se negó a aceptar a alumnos hombres en sus clases del Boston College, una universidad católica privada de jesuitas que debió abandonar tras décadas de odio antimasculino después de que precisamente un alumno del cenro la amenazara con los tribunales por no aceptarle a su aula de "estudios feministas".

El patriarcado, el sueño y la facilidad de palabra de las mujeres

No parecía recordar por entonces la "lesbiana feminista radical" que fue precisamente la presión de su entonces clase íntegramente masculina la que impidió que el centro la despidiera después de publicar su salvaje 'estudio' de odio antimasculino y anticatólico bajo el pretexto del "patriarcado eclesial". Y es así como, con el fin de superar la presión "patriarcal", Daly consideró que las mujeres en general, y su alumnas en particular, debían vivir en un ambiente esterilizado de hombres.

Avergonzadas del innato complejo de inferioridad de las prominentes lesbianas del hembrismo, ya cadáveres en toda la extensión semántica de la palabra, las feministas se han lanzado a una enloquecida y a veces patética carrera por encontrar a la desesperada nuevas fronteras con que justificar en Estados Unidos sus aulas de estudios antipatriarcales y, en España, sus no menos prominentes cargos funcionariales blindados a sus propias e inherentes incapacidades intelectuales y, en algún caso, quizás mentales. En ese contexto se enmarca la nueva ofensiva lanzada desde la 'biblia progre' por antonomasia en Internet, el Huffington Post.

Las mujeres son incapaces no ya de estructurar un discurso coherente, sino siquiera de terminar sus propias frases. Una afirmación como esa habría sido sometida a una comprensible descarga de fusilería feminista 'antimachista', por mucho que amplias capas de la sociedad española hayan quedado traumatizadas de por vida por ministras de tal ramo léxico-disléxico que, al menos, reconocen tener "la cabeza" y "las posibilidades" que tienen. Lo que no muchos cabrían esperar es que alguien reconozca como femenino el problema de ser "incapaces de terminar una frase" y, lo revierta, en un nuevo horizonte feminista: el de que las mujeres en general duermen menos que los hombres en particular.

Dormir más: De la belleza femenina a la lucha feminista

Tras el lanzamiento, vía The New York Times, de la cirugía estética como un nuevo e irrenunciable derecho feminista que incorporar a las prestaciones sanitarias públicas gratuitas (ND), ahora nada menos que la propietaria, fundadora y editora en jefe del medio que, en sutil demostración de humildad intelectual, lleva su propio nombre, ha sido quien, en persona, ha refundado en el mismo sentido feminista el viejo agravio de quién duerme más por la noche y quién se levanta para tranquilizar al bebé. Si las mujeres no pueden competir con los hombres se debe a que duermen menos que ellos porque ellas "se ven significativamente más privadas del sueño" que ellos. Y, para ello, se apoyan en la habitual torpedería de estudios de 'expertos'.

Uno de estos avezados papiros técnicos precisamente 'confirma' el agravio somnoliento para la generalidad de las mujeres en general frente a la particularidad de los hombres en particular, y propone más y mejor dormir, aunque, con el vergonzante objetivo de "parecer más joven, perder peso y sentirse bien", plomo de rol tradicionalista femenino trasmutado ahora en oro feminista de "potenciar a las mujeres tomando el control de sus propias vidas". Otro de los 'estudios' fundacionales para el victimismo de la 'inferioridad femenina' como consecuencia de la 'privación del sueño' se basa en que las mujeres se despiertan con mayor facilidad que los hombres frente a estímulos relacionados con su papel tradiconal de madre, como, por ejemplo, el llanto de un bebé.

En realidad, y aunque ellas mismas aún no lo sepan, las feministas han cambiado su estrategia desde buscar la igualdad con los hombres basada en la igualdad de facultades, a promover la desigualdad positiva con los hombres centrada en la desigualdad funcional, intelectual y mental entre hombres y mujeres. Siempre, por supuesto, con ventaja para las mujeres frente al rígido, opresivo y violento patriarcado histórico materialista.

La moda de las mujeres 'más y mejor de todo'

La atormentada búsqueda de la desigualdad positiva llevada a la magna superioridad divina-femenina lleva precisamente a la deificación de más estudios que ven en las mujeres gestoras unos seres más hábiles no sólo en el "pensamiento lateral" -uno de los bobos conceptos de moda que nadie sabe concretar muy bien-, sino, por añadidura, más "idealistas", más "transformadores" y más "interactivos", todo ello, aplicado a las mujeres en general frente a los hombres en particular. Por ello, las "sensibles" mujeres son "más valiosas" en el mundo de la empresa que los "agresivos" hombres. Con comprensible estupor, medios de rancio abolengo de información económica y corporativa como el Economist constatan que tales puntos de vista están saliendo de las enloquecidas aulas del feminismo lesbo-hembrista para instalarse en las grandes consultoras de gestión y búsqueda de talento.

"Más ganarían las mujeres con ser bien aconsejadas para ignorar los cantos de sirena del nuevo feminismo" en lugar del abandono de la "meritocracia al viejo estilo" como forma de conseguir "ventajas para las mujeres", recomienda el semanario económico en su quizás ya vano intento de que los puestos sean ocupados de acuerdo a las capacidades intelectuales, profesionales y hasta mentales de la persona, en lugar de en función de los nuevos arcanos religiosos del hembrismo supremacista en su intento por resucitar en sus tumbas a las dolidas viejas momias del odio antimasculino.



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