NUEVO DIGITAL Internacional - Estados Unidos 'invade' Haití: Medios 'progresistas' y personalidades de la izquierda para-revolucionaria justifican ahora las intervenciones militares unilaterales y el "paternalismo intrusivo" en "culturas resistentes al progreso"
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Estados Unidos 'invade' Haití: Medios 'progresistas' y personalidades de la izquierda para-revolucionaria justifican ahora las intervenciones militares unilaterales y el "paternalismo intrusivo" en "culturas resistentes al progreso"

Estados Unidos 'invade' Haití: Medios 'progresistas' y personalidades de la izquierda para-revolucionaria justifican ahora las intervenciones militares unilaterales y el "paternalismo intrusivo" en "culturas resistentes al progreso"

21.01.10 • 05:39 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Ya no vale echarle la culpa al "colonialismo". Ni tampoco al "post-colonialismo". Ni mucho menos al "neocolonialismo". De hecho, algunos de los más conocidos y recaciltrantes admiradores confesos del "anti-imperialismo" de Fidel Castro recuerdan ahora sin ningún rubor, al hilo del envío unilateral por Barack Obama de 10.000 marines a Haití -la mitad de ellos, desembarcados-, que la "ocupación" estadounidense del país entre 1915 y 1934 llevó a su población "orden, el fin de la violencia y un programa de obras públicas". Con excepción de las enquistadas costras de la lepra internacionalista revolucionaria comunisto-bolivariana, una parte de la 'izquierda' y del 'progresismo' mundiales, muy significativa por su nivel intelectual e 'influencia moral', se abandona ahora a una abierta justificación de las intervenciones sin complejos para terminar con la "fatalidad" interna que atenaza a los países incapaces de salvarse de sí mismos.

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"He seguido con gran espanto y con una profunda emoción, pero también con una gran preocupación, las mortíferas y devastadoras consecuencias del terrible terremoto que tan desgraciadamente ha golpeado a nuestro país". Quien así hablaba desde su cómodo y multimillonario exilio en París era Jean-Claude Duvalier, 'Baby Doc', y, por increíble que parezca, la referencia al "devastador terremoto" que ha asolado a Haítí no se refiere a él mismo, sino al movimiento telúrico que ha rematado la herencia de brutalidad y corrupción de su gobierno, del de su padre, 'Papa Doc', y de los muchos y no menos bestiales gobernantes históricos de su nación.

Salvar a Haití de sí mismo

En un conmovedor rasgo de compasión y generosidad, 'Baby Doc' ha prometido la donación a la Cruz Roja de 8 millones de dólares para afrontar la "gran aflicción nacional" que, una vez más, se refiere al terremoto y no a la herencia de miseria, asesinatos e inmensa corrupción que él mismo dejó, y de la cual sale ahora, como una gota en su vasta y podrida fortuna personal, el dinero que tan enternecedoramente 'regala'. Pero esta vez, la lenta y renuente izquierda -con muy notables ejemplos en la hispanoamericana- se ha abandonado ya sin demasiados traumas a la petición de un nuevo 'colonialismo' que salve a Haití de sí mismo.

Mientras Europa se abandonaba a sus afamadas y farragosas reuniones para alcanzar alguna conclusión que debatir en una próxima y no menos farragosa reunión, y mientras crecía el abierto enfrentamiento entre los países por hacer aterrizar sus propios aviones de ayuda humanitaria en un país dominado por el redoblado caos de la 'normalidad' haitiana del pillaje e imperio de las bandas, mientras todo esto sucedía, el mundo contemplaba asombrado cómo el presidente estadounidense se encomendaba a sí mismo e invadía en la práctica la isla, sin mucha o ninguna de las autorizaciones internacionales exigidas a Bush en Irak, y con la no menos inoperante ONU asistiendo impotente al militarizado puñetazo en la mesa de Obama.

"La brutalidad subyacente de la vida haitiana"

Carlos Fuentes, tan eterno novelista como siempre accesorio admirador de Fidel Castro y coyuntural fustigador del "imperialista" George Bush, alababa ahora en un artículo en el diario mexicano Reforma (lectores registrados - alternativa en abierto) cómo Obama había tenido "cuidado" en que sus "medidas extraordinarias" de intervención en Haití hayan sido vistas como "parte de la solidaridad global". Fuentes, tan incisivo e implacable en la disección de México en sus novelas, parece haber sido de hecho uno de los pocos en todo el mundo que no ha querido ver las "medidas extraordinarias" de Obama como lo que son en la práctica: una 'invasión' militar y una acción tan audaz en su diligencia como gravemente crispadora para los países de la 'multilateralidad', con funcionarios franceses protestando en voz alta antes de ser acallados en voz baja por Sarkozy.

Recordando la abierta invasión estadounidense de Haití entre 1915 y 1934, Carlos Fuentes defendía ahora cómo "no hay que ser pro-yanqui, entre paréntesis, para notar que la ocupación trajo orden, el fin de la violencia y un programa de obras públicas, aunque no trajo la libertad, ni acabó con la brutalidad subyacente de la vida haitiana".

Del mal unilateralismo de Bush al buen unilateralismo de Obama

Con el fondo de la inaudita y descarnada referencia a la "brutalidad subyacente de la vida hatiana", no hacía mucho que el mismo Carlos Fuentes saludaba con entusiasmo, al hilo de los "triunfos (deportivos) de China y de Rusia" en los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, la "definitiva emergencia de dos grandes potencias mundiales y el fin del pasajero unilateralismo de los Estados Unidos de América", un unilateralismo que, ahora, en Haití, es saludado por mucho que el novelista mexicano intente disfrazarlo de un primer paso en una colaboración internacional que, sin embargo, Obama ha ignorado por completo con su resuelta toma de decisiones.

En este sentido, lejos, muy lejos, parece quedar la ferocidad de Fuentes contra la "invasión unilateral e ilegal" del "gobierno ilegítimo" de Bush en Irak, y sus entonces sombrías premoniciones de un "dominio colonial de los Estados Unidos", colonialismo ahora bien visto por el escritor como una necesidad contra "la brutalidad subyacente de la vida haitiana" en pleno Caribe, a las puertas de México y a tiro de piedra de la Cuba revolucionaria y de los bolivarianos vástagos de las larvas anti-imperialistas crecidas al calor venezolano.

El fracaso de la ayuda al desarrollo

No muy lejos tampoco andaban los medios del 'progresismo' estadounidense en la emisión de propuestas que, de haber surgido de mentes menos pías, inmaculadas y temblorosas de solidaridad internacional, habrían sido desechadas con furor sumario como 'racistas'. Por ejemplo, nada menos que el New York Times prestaba sus sagradas páginas de opinión a un feroz artículo de David Brooks, un articulista que, con su columna, sacudía al mundo, incluyendo a la timorata, tópica, fácil y acartonada prensa española, a cuyo autor se apresuraba a etiquetar en acostumbrado rango que va de "conservador" a "ultraconservador" una vez que el término "neocón" falleciera extenuado por el uso sin que la inmensa mayoría de sus denigratorios usufructuarios supieran nunca con exactitud qué demonios significaba.

Mientras las "naciones ricas" proponían peticiones de cancelación de la deuda de Haítí o la apresurada concreción de enormes fondos de ayuda urgente y al desarrollo con el trasfondo futuro de planes internacionales de reconstrucción, Brooks, desde las progresistas y solidarias páginas del New York Times, se lanzaba a degüello sobre la constatación de lo ya cada vez más aceptado en voz alta entre las benditas conciencias no "conservadoras" ni "ultraconservadoras", esto es, que los billones de dólares ("trillions of dollars") que el mundo se ha gastado en ayuda al desarrollo en el Tercer Mundo no han servido en absoluto para generar tal desarrollo, mientras que países como China, que no han recibido esa 'solidaridad', "han visto un formidable crecimiento y unas tremendas reducciones de la pobreza".

La necesidad de "paternalismos intrusivos"

Si Haití tiene un pasado de "opresión, esclavitud y colonialismo", también lo tienen a escasos kilómetros la República Dominicana o a pocas millas Barbados, con situaciones muy diferentes a la del país que lideró las independencias americanas tras Estados Unidos y se convirtió en el primer símbolo del 'poder negro' sobre la primeria y sumaria extinción de blancos a machetazos. Con no explícito regusto de la vieja y no menos casi tópica relación entre religión, y desarrollo económico y social propugnada por Max Weber, el articulista del New York Times responsabilizaba del desastre histórico de Haítí, con y sin terremotos, a la cultura del "vudú" y a cómo las "responsabilidades no son a menudo interiorizadas", sino, por el contrario, 'externalizadas' en 'los demás', una coartada que, por otro lado, tanto utilizan los países islámicos para achacar su miseria al "pasado colonial" o al presente no menos "neocolonial".

"Se supone que debemos ser respetuosos respecto a las culturas de los demás, pero algunas culturas son más resistentes al progreso que otras, y una horrible tragedia es simplemente exacerbada por algunas de ellas", escribía Brooks antes de exigir "la promoción de un paternalismo dirigido localmente" puesto que los único programas de ayuda que "realmente funcionan" son los que están "relacionados con un paternalismo intrusivo". Ha llegado el momento de crear "contraculturas de la No Excusa en lugares como Haití" donde se extiendan "asunciones de clase media" en torno a "una ética de consecuciones, así como de duras y medibles demandas", concluía el articulista en las sorprendidas páginas del New York Times.



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