NUEVO DIGITAL Internacional - Propuesta de un ministro italiano para echar de casa "por ley" a los hijos a los 18 años de edad: La infantilización masculina occidental se extiende a los países anglosajones desde los ya tópicos hombres-adolescentes italianos o españoles
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Propuesta de un ministro italiano para echar de casa "por ley" a los hijos a los 18 años de edad: La infantilización masculina occidental se extiende a los países anglosajones desde los ya tópicos hombres-adolescentes italianos o españoles

Propuesta de un ministro italiano para echar de casa "por ley" a los hijos a los 18 años de edad: La infantilización masculina occidental se extiende a los países anglosajones desde los ya tópicos hombres-adolescentes italianos o españoles

28.01.10 • 05:28 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Mamá cocina. Mamá le avisa si la sopita está demasiado caliente. Mamá plancha su ropita. Mamá llama al móvil para comprobar si va bien abrigadito. Mamá le regala por reyes un nuevo jueguecito para su 'play'. Mamá cuida de su hijito. El hijito tiene 30 años y ni por asomo contempla abandonar su paraíso ubérrimo de ríos de miel, vino y leche (bien colada por la nata, que le da asco). Y todo ello sin necesidad de explotar como un mártir en un mercado afgano. Basta con no separarse demasiado de las tibias faldas de mamá. Un ministro italiano ha provocado este mes un pavoroso aquelarre de acusaciones, reproches y humillantes autoinculpaciones después de proponer una "ley" para "expulsar" a los hijos de las casas de sus padres en cuanto las criaturas crucen la mayoría de edad. Pero en el orbe anglosajón ven con horror cómo el ridículo arquetipo latino del 'mammoni' de pelo en pecho pegado a la 'mamma' de pecho de medio metro, literalmente unidos hasta que la muerte los separe, se contagia en un funesto apocalipsis de hombres-eternos-adolescentes, técnicamente castrados.

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Han reservado una mesa en un restaurante romántico. La joven espera una noche preciosa llena de las cosas preciosas y románticas que les gustan a las jóvenes. Velitas. Música lánguida. El agradable calorcillo del vino. Y algunos turbios pensamientos que se agolpan en la cabecita bien peinada. La joven espera que le digan cosas bonitas. Pero, en lugar de todo ello, el membrillo del novio está raja que te raja por el móvil mientras las velitas chisporrotean en las últimas. ¿Con quién? ¿Con su jefe que le da inexcusables órdenes como empleado imprescindible que es? ¿Con el broker cerrando la estrategia de inversión mientras abre Wall Street? No. Es con mamá con quien habla el membrillo mientras a la novia se le empieza a escurrir de tristeza el maquillaje.

"¿Nosotros los ingleses, como los italianos?"

Bien. Es una recreación de una noche desastrosa. Pero, más allá de la literatura, la escena es real y merecía honores de apertura de amplio reportaje de un Times de Londres que se preguntaba espeluznado: "¿Se están convirtiendo también los hombres británicos en niños de mamá?". La joven de la cena no caía en los detalles recreados más arriba, pero sí describía a un novio de 33 años incapaz de no atender las constantes llamadas de mamá al móvil. Incluso en plena cena romántica. Ya ni tan siquiera la deprimida novia protestaba por las inexcusables comidas de domingo en casa de mamá, o porque mamá entrara con total impunidad en el apartamento para dejar bolsas de comida o platos listos para el congelador, preocupada por si su hijito comía bien. El novio tenía 33 años y "era imposible competir" con su mamá, según declaraba la joven.

Pero en el "también" del titular estaba la clave. "¿Podríamos estar siguiendo el camino de los italianos, famosos por su cultura de 'mammoni' (niño de mamá). En Italia, el 37 por ciento de los hombres entre 30 y 34 años de edad aún viven con sus padres -el doble que las mujeres de la misma edad- y un político del país ha perdido la paciencia". Eso es lo que escribía el Times mezclando en pocas líneas el arquetipo de hombre-adolescente latino asfixiado por un matriarcado emasculador y el contraste con la tradicional cultura emancipadora anglosajona, representada en películas y series de televisión sin cuento llenas de jóvenes independizados desde la salida de la adolescencia, compatiendo apartamentos y ganándose la vida como camareros o empleados de hamburguesería. Son tantas esas series y esas películas de humor adolescente como los personajes ridículamente cómicos de jóvenes y hombres hechos y derechos que viven aún con sus padres o, lo que es más caricaturesco aun, con sus madres, como el ya mítico Seymour Skinner de Los Simpsons, virgen por supuesto a sus cuarenta y tantos, y atrapado por su madre Agnes, la madre-araña que atenaza en su red a su propio hijo.

El sur europeo de los hijos inevitables

Los estadounidenses -en especial, los anglosajones- 'echan' literalmente a sus hijos de casa al final de la adolescencia por mucho que los sigan apoyando en la distancia. Con frecuencia, utilizan en ese sentido el verbo "to unhook", desenganchar, es decir, los 'desenganchan' de la familia. Y se ríen en sus series de los crecidos 'bambini' latinos incapaces de 'desenganchar' de la 'mamma' tras crecer como "niños gordos y consentidos", como también dice otro personaje de Futurama, de la misma factoría que Los Simpsons, mientras visita una pizzería de italianos extraterrestres absorbentes y sucios. Pero en Estados Unidos también han comenzado a ver con espanto cómo la infantilización de sus jóvenes (ND) está llevando a un profundo cambio social paralelo al de su feminización (ND).

En España, las encuestas oficiales establecen que los "jóvenes" no se van de la casa de sus padres hasta los treinta años, en el caso de que un sujeto de treinta años pueda ser considerado un 'joven'. En el caso de las mujeres, esa edad es sólo un año inferior. Por supuesto, las cifras son similares para Portugal e Italia. Según estos estudios, de ámbito europeo, mientras los jóvenes españoles, portugueses o italianos no abandonan el nido hasta los treinta o pasada con creces esa década prodigiosa, en Alemania, Holanda, Reino Unido, Francia y Finlandia, las edades oscilan entre los 25 y los 22 años (pdf), oficialmente porque estos países son "locomotoras" económicas en comparación con las supuestamente más débiles economías latinas. Pero cuando Italia o España lideraban los rankings económicos, el fenómeno era similar.

"500 euros mensuales para que se vayan"

En un país como Italia donde 7 de cada 10 'jovenes' permanecen en el hogar familiar hasta los 40 años, y en noticia seguida con mucha y comprensible atención en Argentina, la cuestión es ya un problema cultural degenerativo, y así lo entendió Renato Brunetta, ministro italiano de Administración Pública, cuando propuso hace unos días una "ley" para obligar a los 'mammoni' a dejar el hogar familiar a los 18. El escándalo fue tremendo y, en nueva herida donde intentaba poner la venda, el ministro remató la faena sugiriendo una salida "subvencionada" al asunto, esto es, una ayuda mensual de 500 euros -sacando los fondos de una reducción de las pensiones para los jubilados a partir de los 55 años- para que las criaturas pudieran ayudarse en el pago del apartamento y la comida. Demasiado para el gobierno de Berlusconi, habituado a todo tipo de escándalos y sucesos estrafalarios, pero que no se mostró dispuesto a pasar por el asunto de los 'mammoni' y emitía un ultraseco comunicado asegurando que la propuesta de Brunetta era "personal" y en ningún caso "el resultado de un acuerdo gubernamental".

Pero Brunetta hablaba tras otro caso famoso en el país, el de un juez que obligaba a un padre a seguir pasando una asignación mensual a su hija de 32 años, que, además, vivía aún en el domicilio familiar. Entre escandalasos reportajes sobre gañanes de 36 años que explicaban orgullosos al mundo por qué aún vivían con papá y mamá, el ridículo arquetipo latino del "big baby" estallaba en la prensa anglosajona en toda su virulencia tras la propuesta de un Brunetta que admitía cómo su propia madre le hizo a él mismo la cama hasta los treinta. Los sociólogos hablan y hablan sobre la familia latina extensa que asume responsabilidades sociales, pero que precisamente limita la asunción de responsabilidades de sus propios miembros, ultraprotegidos en un entorno además muy hostil de trabajo y salarios. Por su parte, el ministro Brunetta -que no aclaró si, finalmente, había aprendido a hacerse su propia cama- apuntaba que los 'mammoni' son "las víctimas de un sistema de organización social en la que los padres siempre se encuentran en el lado equivocado".

Bares llenos y maternales camas preparadas

Este periodista no podía dejar de escuchar en un transporte público hace unos días la sorprendida conversación de dos jubilados que se maravillaban de las colas de jóvenes ante los bares y los restaurantes de moda de su barrio, uno de los de más 'marcha' de Madrid. Con dinero para las copas, las cenas y lo demás de lo demás, el colofón a una noche perfecta sólo puede ser la inimitable y quizás ontológicamente perfecta forma en que una madre hace una cama -entre las más destacadas categorías platónicas de la metafísica-, bien estiradita y tensa, para cuando la criatura regrese de madrugada de quejarse de la perra vida a que le ha condenado el capitalismo salvaje, los neocón y la Guerra de Irak, con Rumsfeld y todo de por medio.



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