"Atronador partidismo, inflexibles ideologías, infinitas maniobras obstruccionistas....": Un senador demócrata estadounidense anuncia su abandono ante el tóxico clima de partidismos que bloquea al Congreso
X, XSe trata del segundo año en la historia contemporánea de los Estados Unidos en el que mayor número de senadores se han retirado o han anunciado que no intentarán la reelección. Describen un clima asfixiante de partidismos radicalizados que aborta cualquier búsqueda dialogada de soluciones. El último en abandonar, teniéndolo todo para ser reelegido sin problemas -incluyendo una bien surtida financiación de campaña desembolsada en el banco- ha sido el demócrata Evan Bayh. La corrupción de la democracia por la dictadura de las mayorías y los agresivos obstruccionismos de las minorías contra la acción del gobierno han llevado al abandono de un hombre que admitía de forma dramática ante la prensa cómo, sencillamente, no podía soportar la comparación entre sus ideales políticos y la forma en que funciona el Congreso.
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"Para expresarlo con palabras que la mayor parte de la gente pueda comprender, he disfrutado trabajando para el pueblo de Indiana, ayudando a nuestros ciudadanos a conseguir lo mejor para sus vidas, pero no me gusta el Congreso", decía el senador y antiguo gobernador del estado que mencionaba durante el anuncio de su retirada del Senado. En un largo y dramático artículo publicado por el New York Times, Bayh resumía las "disfunciones" del sistema parlamentario de Estados Unidos en una larga ristra de acusaciones que alcanzaban por igual a ambos partidos, al propio y al Republicano, del que recuerda con agradecimiento los tiempos en que se ofrecía a su padre, también senador demócrata, para trabajar juntos y ayudar en la reelección.
Sólo dos veces juntos como "americanos"
"Atronador partidismo, inflexibles ideologías, un corrosivo sistema de financiación de campañas, división interesada de los distritos electorales para la elección de los representantes, infinitas maniobras obstruccionistas, bloqueo de nominados por el ejecutivo para el Senado, menguante interacción social entre senadores de partidos opuestos, y un sistema de caucus que promociona la unidad de partidos a costa de los consensos bipartidistas", describía, en denso catálogo de "disfunciones", el senador demócrata en relación con el funcionamiento 'real' de la democracia parlamentaria estadounidense, en un oscuro inventario que no sonará extraño a los ciudadanos de muchos países europeos, muy notablemente España entre ellos.
Bayh recuerda cómo sólo en dos ocasiones de su vida política ha visto rota la brutalidad partidista en aras del bien común: con ocasión del proceso a seguir en la propuesta de 'impeachment' del presidente Clinton, y tras los atentados del 11 de Septiembre, cuando se debatía la "respuesta americana" al ataque y "aquel día no había republicanos o demócratas en la sala, sino sólo americanos". Bayh, que recuerda los amables tiempos de su padre durante los años sesenta en que los senadores se visitaban mutuamente en sus casas, llega al punto de proponer una simple reforma para evitar la furia de radicalización partidista: que cada mes los senadores de ambos partidos coman juntos, sólo para evitar que, al menos ese día, "los demócratas se reúnan en una sala, y los republicanos en otra" para debatir cómo hacerse la vida imposible unos a otros.
El rodillo de la mayoría y los boicots de la minoría
La retirada de Bayh -conocida ya con como "Bye Bayh" ante el idéntico sonido de la despedida en inglés y del apellido del senador- tiene una lectura interna, no menos agria que la causa que la provoca, como es la de una posible caída del escaño del ex gobernador de Indiana en manos republicanas, erosionando aun más la representación de los demócratas en el Senado tras el histórico cambio de color del asiento del fallecido Ted Kennedy.
La retirada de Bayh ha abierto un debate que ha alcanzado a unos republicanos algunos de cuyos miembros también lamentan la furiosa agresividad partidista de la actual política estadounidense. El senador republicano, Judd Gregg, denunciaba en este sentido cómo el Senado se estaba convirtiendo en una especie de Cámara de Representantes "donde (la mayoría) no permite (el paso de) enmiendas significativas" a diferencia de lo que sucedía al comienzo de su carrera política como senador, cuando "el Senado era un lugar donde muy complejas piezas de legislación se discutían durante semanas".
Los límites del 'filibusterismo' político
En los medios de comunicación más 'progresistas', como el Washington Post, los lectores lamentan que no se denuncie con mayor vehemencia el extraordinariamente agresivo 'filibusterismo' de los republicanos en su implacable bloqueo de las acciones ejecutivas y legislativas de los demócratas, sin que existan precedentes de tal fiereza en una oposición que consigue un vitual bloqueo en la toma de decisiones, sean estas las que sean. De lo que tampoco hay demasiados precedentes es del número de senadores que han decidido abandonar, doce, la mayor cantidad en 75 años con la excepción de los trece que anunciaron la retirada en 1976.
Bayh propone una serie de reformas en el funcionamiento del Congreso estadounidense, incluyendo algunas que podrían resultar muy polémicas, como el recorte del poder de obstrucción de la minoría para evitar el colapso en la toma de decisiones. "Lo admito, yo he participado también en el filibusterismo. Si no se abusa de él, el filibustero puede facilitar el consenso político. La minoría tiene derecho a proclamar sus legítimas preocupaciones, pero no debe ser empleada esta táctica para prevenir el progreso en todo en un momento de una encrucijada crítica para nuestro país". Y concluye: "Necesitamos reducir el poder de la minoría para frustar el progreso aunque se debe mantener de alguna forma".
