NUEVO DIGITAL - Internacional

¿Tienen éxito porque además son guapas?
Javier Monjas - 22/08/2011 - 06:40 AM   GMT+01:00

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Sarah Palin, Michele Bachmann, Christine O'Donnell... Houston, además de lo agresivas que son (ND), tenemos otro problema... no sólo son capaces de liderar grandes masas de descontentos teapartisanos, sino que además todas estas nuevas 'feministas ultrarreaccionarias' permanecen guapas y atractivas tras alcanzar una madurez cargada de hijos y de belicosos éxitos políticos. No se había visto mayor desconcierto en la progresía internacional desde la irrupción del denominado "feminismo de pintalabios" ("lipstick feminism"), aquella reacción interna en los años ochenta del siglo pasado hacia las broncas hembras del odio a sujetadores y depiladoras, cuyo rebote llevó a muchas 'teóricas' hacia el camino de las 'armas de mujer' como recurso lícito de liberación contra la patriarcal falocracia imperante. Fue así como la cirugía estética se transformó en una reivindicación progresista (ND) en su desesperado intento de que las feministas parecieran, además, mujeres, y no ligérsicos vestiglos chonis más o menos intelectualizados.

"Así se convirtió el feminismo en una broma". El crudo titular del reportaje de Forbes refleja ya a tumba abierta la reacción de la columnista a la nueva 'campaña' feminista de boicot a un programa de televisión que, en su opinión, degrada a las mujeres por disfrazarlas de conejitas de Play Boy. Pero lo que degrada a las mujeres es el feminismo en sí mismo, según la autora de la información, ahogado ya entre imputaciones de que las feministas -como los musulmanes- "no tienen sentido del humor", y "son hipócritas" puesto que han convertido a las mujeres en permanentes "víctimas" en vez de en los superseres desarrollados, liberados y realizados que propugnaban. O sea, que, en consecuencia, "ya nadie compra" sus monsergas que han hecho "más daño que bien".

Que se mueran las (feministas) feas

Pero los problemas del feminismo, además de éticos, han sido estéticos. "Puedes ser femenina y feminista a la vez". La casi desesperada proclama de Ellie Levenson, feminista británica de referencia, no hacía sino intentar acabar con la sangría de mujeres espeluznadas ante la perspectiva de terminar como un endriago al primer grito de "vagina, vagina", tan querido -e incluso convertido en monólogo- por las feministas anglosajonas, aterradas desde hace décadas ante el desmoralizador panorama de unas altas ejecutivas 'liberadas' para el poder femenino que se gastaban en lencería y maquillaje no uno, sino varios de los potosíes económicos e intelectuales que ellas ahorraron portando, orgullosas, aquellas lúgubres afrosobaqueras a favor del aborto libre, gratuito y público. En otras palabras: las feministas feas dañaban al feminismo.

El peliagudo asunto del "feminismo de pintalabios" -hoy reconvertido en "feminismo de silicona"- continúa actualmente más vivo que nunca. Arifa Akbar, en el Independent británico, se recuerda a ella misma desconcertada en sus tiempos de estudiante de feminismo ante una Shere Hite cuya apariencia física podía caer en el burlesco patetismo de su propia parodia, tan sobrecogedora que su pinta quizás "estaba ilustrando de forma muy inteligente la teoría de Simone de Beauvoir de que la femineidad es una representación". Es decir, que la caudilla del clítoris se manifestaba como un sobrecogedor y gorgónico adefesio.

Labios y labios

"¿Por qué no abogar por la femineidad antes que por abolirla?", se pregunta Catherine Hakim en su último libro sobre "El poder del capital erótico", propugnando claramente aprovechar un poder que permita hablar a las mujeres "con sus labios".... "los de la boca...", aclara la columnista en un 'chiste' que juega con las distintas palabras en inglés para los labios de la boca y los vaginales, un 'chiste' que, en todo caso, habría sido por completo inaceptable si hubiera sido pronunciado por un falocrático y patriarcal hombre, cualquiera de ellos un violador, como sentenció, en una de las grandes máximas del feminismo clásico, la musa hembrista radical, Marilyn French (ND).

El gran debate sobre la apariencia física de las mujeres y, sobre todo, si debe ser utilizada en su favor tuvo un potente revulsivo en la famosa foto de los traseros de Carla Bruni y Letizia Ortiz subiendo las escaleras del Palacio de la Zarzuela, en Madrid, cuando se desató una denominada "guerra de los traseros" (ND) bajo la que se ocultaba el nuevo choque entre mujeres poderosas y rebeldes que, además, y lamentablemente para el feminismo, eran extraordinariamente atractivas, por delante... y también por detrás. Ahora, las bellas 'ultras' esplendorosamente entradas en años del Tea Party han vuelto a encrespar los ánimos de un hembrismo en gran parte de incontrolada inclinación lésbica bajo el argumento aproximado de que, sí, serán ultraconservadoras, pero, reconozcámoslo, también están ultrabuenas.

Esa bruja... bella

Contra el desconcierto ante políticas que parecen maduras misses de la belleza -Sarah Palin lo fue en realidad, segunda en el concurso estatal de Alaska-, la estrategia contra estas mujeres del Tea Party -además, representantes y senadoras del Congreso federal-, es la de la ridiculización. El último episodio se producía con una Christine O'Donnell que no sólo abandonó el estudio de televisión donde se la entrevistaba ante una pregunta sobre el 'matrimonio' entre homosexuales, sino que, además, después fue crucificada cuando se recordó cómo hace doce años, cuando era una -bella- joven, recordaba en un programa de televisión cómo, muchos años antes aun, en sus tiempos de estudiante de instituto, había "coqueteado con la brujería". Y ahora está recibe mofas y befas por ello en la prensa ultraprogre, por sus curiosidades de adolescente traviesa.

¿Una bruja, mujer tan espléndida? Muchos recuerdan que ya con la irrupción de Sarah Palin, las feministas se lanzaron a degüello sobre ella porque no sólo había conseguido todo el poder y el éxito que ellas no habían podido obtener con sus discriminaciones positivas para ellas y negativas para los violadores falocráticos, sino por el hecho de que, además, en clásico rencor no sólo de rivalidad femenina, sino también feminista y lesbohembrista, "es guapa y no la pueden ni ver". Visto lo visto con "esas chicas" del Tea Party, como las llaman, despectivas, caras rotundamente menos bellas, el 'feminismo de pintalabios' vuelve a irrumpir en la sala del cirujano plástico, donde la silicona y los estiramientos de piel intentarán la quizás imposible alquimia de reconvertir a las áridas feministas en una quinta columna de replicantes bellas que puedan enfrentarse a las agraciadas mujeres del Tea Party, mucho peor que ultraconservadoras, ultraatractivas.


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