NUEVO DIGITAL - Internacional
Cientos de musulmanes utilizan una triquiñuela religioso-legal
@JavierMonjas - 09/09/2015

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Varias regiones de Pakistán han sufrido graves inundaciones este verano. El gobierno del país y las organizaciones musulmanas de asistencia se han volcado en la ayuda a los damnificados... musulmanes. A las familias cristianas se les ha ofrecido una doble alternativa: o bien se convierten al islam para recibir agua potable, auxilio sanitario y cobijo temporal, o bien aceptan contratos laborales que los equiparan a modernos esclavos. Han tragado... con la esclavitud, no con la conversión.

El cuarto Reich será islámico (ND), un califato que se extenderá a su alrededor hacia los países escandinavos y la Europa central. Angela Merkel sabe que está cambiando la historia de su país y, por contagio, la de Europa. Lo ha dicho con una franqueza fronteriza a la desfachatez: "Lo que estamos viviendo ahora es algo que ocupará y cambiará a nuestro país en los próximos años". Y, con un voluntarismo fronterizo en la inconsciencia y la más desahogada de las irresponsabilidades, ha añadido: "Queremos que el cambio sea positivo, y creemos que lo conseguiremos".

Son declaraciones que provocan la paranoia hasta en un muerto. En un muerto sí, pero no en el apéndice Mariano, cuyo desmayo vital se encuentra al otro lado de la muerte, en un extraño limbo de ectoplasmas absurdos, ni buenos, ni malos, sino absurdos. "No voy a discutir cifras" de 'refugiados', ha declarado tal aberración política. Ya entonces, a España la habían colocado la tercera mayor cantidad de musulmanes del Medio Oriente tras la propia Alemania y Francia. Merkel sabe lo que está haciendo. Mariano, en su servil limbo, ni sabe que Merkel lo sabe, ni sabe que haya algo que saber. O quizás no, sino todo lo contrario.

Estos días abundan por ahí los entusiastas reportajes sobre el islam en Alemania, sobre cómo los renegados germanos abrazan el mahometismo con "una sincera pasión por la religión", tanta y tan sincera, que desprecian a los nacidos ya musulmanes porque consideran los primeros que los segundos no encarnan suficientemente "la belleza de la doctrina islámica y su espiritualidad", tales son sus místicos arrebatos, según las trémulas hagiografías que los medios islámicos de Alemania proclaman, extasiados.

No es extraño que se extasíen ante los sumarios refuerzos que llegan en tropel al antiguo Sacro Imperio Germánico. Pero, en paralelo a la "reversión" de los alemanes a la fe con la que todos nacemos -la islámica- y que, al no seguirla, inmediatamente nos convierte a los demás en renegados que no merecen la vida, en paralelo a tanta belleza como nubla los ojos de los alemanes más inteligentes y sensibles, cientos de musulmanes de nacimiento están convirtiéndose al cristianismo en la Alemania en la que ya han sentado los reales.

Los curas y pastores que los están bautizando quieren creer que hay sinceridad en las conversiones, que si luego vuelven a las iglesias es que no se trataba de una estratagema. Pero muchos de los propios iraníes y afganos que también se convirtieron al cristianismo desmienten esa idea, echan pestes de las oleadas de interesados renegados del islam que dificultan la concesión de los estatus de asilo a quienes realmente se sentirían en peligro si fueran devueltos a sus países de origen.

Porque en eso se encuentran las repentinas ansias de cambio de fe entre miles y miles de inmigrantes económicos en Alemania y los países escandinavos. Si se convierten al cristianismo, luego dicen que si se los expulsa a sus países, su vida correrá peligro, de manera que el rechazo de los papeles es condenarlos a una muerte casi segura, especialmente en los lugares liberados por las armas occidentales como Afganistán.

Se trata de un simple chantaje que hasta muchos de entre ellos denuncian porque, con su incontrolada extensión, provoca una 'inflación' de conversiones que arroja las sospechas tanto sobre quienes dicen que realmente morirían si regresaran como sobre quienes desean abandonar la barbarie, aun a costa de renunciar a su cuota de vírgenes.

Una de las profesiones del futuro será la de 'perito en conversiones'. Por el momento, deberían informar sobre las de los miles de musulmanes que, de forma súbita, encuentran la fe cristiana mientras rellenan sus peticiones de asilo. Pero, en el futuro, cuando la siniestra profecía de Merkel se haya consumado y Mariano continúe vegetando con los mismos signos de vida que un canto rodado que mueve la corriente, entonces los peritos deberán decidir sobre las conversiones en sentido contrario, sobre si son sinceras o tratan de salvar el pellejo de quienes quedaron en minoría aun cuando todavía constituyan una acallada mayoría.