NUEVO DIGITAL - Internacional
Por motivos de seguridad y ante su negativa a identificarse
@JavierMonjas - 04/10/2014

ImprimirCompartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Menéame

¿Quién, qué o quién llevando qué hay bajo ese bulto negro que se mueve? ¿Qué intenciones esconde bajo su oscura negativa a ser identifcad@? ¿Por qué todos los demás pasan los controles de seguridad y esta/este/esto rechaza cualquier registro o comprobación? La siniestra presencia de los bultos negros en las tribunas de invitados ha preocupado al parlamento australiano y ha decidido separarlos físicamente del resto de los potenciales mortales.

Australia bulle. Su ínfima comunidad musulmana mantiene al país en constante tensión. Una reciente operación antiterrorista fue contestada por organizaciones islámicas, y partidos y entes progresistas como un intento de 'demonizar' y 'denigrar' a la siempre martirizada grey que tanto pánico causa debido al permanente miedo de Occidente a lo desconocido.

Por supuesto, no faltaron las consabidas amenazas como respuesta al raid policial. Según organizaciones islámicas que no se andan con rodeos a la hora de aprovechar la libertad de expresión democrática, si -ejem- se produce un atentado contra Australia -es un suponer- será en justa respuesta a las "constantes agresiones e imposiciones" que el gobierno del país -el presente y los anteriores- lleva a cabo contra la siempre pacífica comunidad islámica (ND).

En aquella intervención policial se deshizo una célula que enviaba yihadistas para que sirvieran en las filas del Estado Islámico. Las autoridades del país calculan en no menos de setenta los 'australianos' que combaten a favor del primer califato moderno. Recientemente, el gobierno del primer ministro, Tony Abbott, pasaba una ley para ampliar los poderes de la policía e intente detener la marcha de decenas de 'australianos' a Irak y Siria mientras los de dentro animan a masacrar a sus infieles conciudadanos 'allí donde se encuentren'.

Mientras tanto, y lejos de las pávidas reservas de los temblorosos mandilones del gobierno de España, Abbott acudía al llamamiento de Obama para dronear y/o avionear a los valientes guerreros del pujante Estado Islámico.

Por supuesto, el primer ministro australiano rodeaba su intervención de la habitual parafernalia retórica entre los dirigentes -políticos, religiosos, sociales- del agresivo Occidente. Tras la 'ejecución' del cooperante británico Alan Henning, Abbot decía: "Esta es una prueba más de la importancia de la coalición contra el Estado Islámico, un culto de la muerte y el asesinato que va contra Dios, contra el islam y contra la humanidad".

A pesar de las disculpas, la posición del primer ministro australiano ha sido recibida entre la progresía como siempre, como un intento de levantar su popularidad. Por ejemplo, el New York Times relacionaba la reciente operación antiterrorista con oscuras conspiraciones de los medios de Rupert Murdoch.

En una impagable y magistral pieza titulada "El primer ministro australiano se lanza contra el ISIS, pero los analistas cuestionan los beneficios", la redactora a sueldo del magno medio seleccionaba tres 'analistas' para 'cuestionar' los 'beneficios' de luchar contra el terrorismo, al parecer, una torticera cortina de humo en medio de una operación de mayor envergadura urdida por Murdoch que la señora o señorita del New York Times, entre constantes y veladas insinuaciones, no termina de aclarar en sus objetivos.

Y entonces, en medio de este panorama, el parlamento aprueba unas nuevas normas de seguridad que incluyen una especial atención a los bultos negros que se niegan a ser identificados a las puertas de las dos cámaras para el acceso a las tribunas de invitados. Ante la férrea oposición de las (supuestamente) mujeres que llevan niqab -pañuelo que cubre toda la cara salvo los ojos- o burqa a ser identificadas y mucho menos registradas, los servicios de seguridad recomendaron que los bultos incontrolados fueran situados en una zona de invitados protegida con una pantalla de cristal.

Se trata de unas gradas habitualmente reservadas a escolares pues, al encontrarse aisladas de la cámara, el previsible bullicio de los pequeños no interfiere con el orden de las sesiones. Y ahí quieren situar a los entes no identificados -ni identificables- que exigen su derecho a entrar en la cámara a presenciar las sesiones como cualquier australiano.

Por supuesto, activistas de 'derechos humanos', activistas de derechos en general, y otras previsibles catropeas han acusado al parlamento de crear nada menos que "un apartheid para los musulmanes", obviando el hecho de que se aparta a bultos negros no identificados, no a personas de una determinada religión.

Hay mucha confusión sobre si Tony Abbot ha pedido o no que el parlamento reconsidere su posición. Desde la oficina del primer ministro se dice que sí y desde el parlamento en sí mismo se dice que no. La Asociación de Mujeres Musulmanas ha dicho en boca -descubierta- de su directora: "No puedo creer que nos segreguen. No son muchas las musulmanas que van al parlamento con niqab". El barullo es enorme.

Los opuestos a la medida hablan de "histeria" y de los derechos constitucionales de las interfectas -en el caso de que lo sean, es decir, mujeres- a ir vestidas como quieran. Eso dice la fundadora del Registro contra la Islamofobia en Australia. Mientras, otras defienden 'la liberación del burqa y el niqab'.

Otros, acullá, animan a luchar contra la "barbarie" en el extranjero, pero a permanecer "civilizados" en el propio país. Es decir, a permitir que los bultos pasen incontrolados al parlamento como signo de 'civilización'. Otra señora, esta la directora de la Asociación de Mujeres Musulmanas Unidas, ha calificado de "broma" la medida y de "patético" al gobierno, y se ha mofado de que "sea asociada con el terrorismo" esta "prenda o el vestuario de las musulmanas".