NUEVO DIGITAL - Internacional
Los estados dejan de financiar con fondos públicos la mutilación genital masculina
@JavierMonjas - 30/06/2011

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¿Por qué está proscrita la mutilación genital femenina, y no lo está la masculina? Es más, ¿por qué determinadas religiones continúan hoy obsesionadas por cortarle a la gente trocitos de sus partes ya desde el mismo momento de nacer? Y ya puestos: ¿por qué financia esas prácticas la magrísima sanidad pública estadounidense cuando no se preocupa de atender las involuntarias y graves enfermedades de la población general? La circuncisión -pagada en muchos casos con fondos públicos del Medicaid- se encuentra en el punto de mira en Estados Unidos. Esta vez, musulmanes y judíos combaten aliados contra una práctica que también se aplica, por razones culturales, sobre bebés, niños y adolescentes que no pertenecen a ninguna de esas dos creencias.

Colorado se ha convertido en el decimoséptimo estado del país en dejar de prestar cobertura pública a la circuncisión con fondos del Medicaid. Por supuesto, se trata de una cuestión de ahorro presupuestario para administraciones estatales ahogadas por los déficits, y los legisladores que aprueban el recorte no dejan de repetir que se trata de una cuestión "por completo económica". En vano. Judíos y musulmanes se han lanzado a una galerna de acusaciones sobre violaciones de derechos religiosos, discriminación, racismo, y el resto de la habitual patulea de agrias imputaciones.

Prepucios 'progresistas'

Pero mucho más que la eliminación de fondos públicos con que costear la cisura de prepucios por razones religiosas y no médicas, lo que preocupa a musulmanes y judíos es el gravísimo precedente sentado por la pregunta que un grupo activista ha conseguido introducir en los comicios que se celebrarán en noviembre en San Francisco (ND). En prácticamente días, consiguieron muchas más de las miles de firmas necesarias para incluir la cuestión de si se debe prohibir la circuncisión masculina, excepto en los casos en que sea aconsejable por razones médicas. Para los promotores de la medida, la circuncisión no es más que una dolorosa e inútil -cuando no contraproducente- práctica de base religiosa que no debía ser tolerada en su aplicación sobre bebés y niños que aún no tienen capacidad de decisión sobre sus propios cuerpos.

La ofensiva contra la pregunta de San Francisco está siendo feroz en un país donde existe una sobresensibilidad 'progresista' con el tema musulmán -a favor, para contrarrestar la 'islamofobia'-, y donde los poderosísimos lobbies judíos penetran cualquier resquicio de cualquiera de los poderes locales, estatales y federales.

Pero no sólo los poderes públicos. Los grandes medios de comunicación californianos -es decir, también 'progresistas'- se han implicado a fondo en la batalla. Por ejemplo, Los Angeles Times se descolgaba con un editorial en el que argumentaba que "si ciudades como San Francisco fueran autorizadas a determinar qué procedimientos médicos son aceptables y cuáles no lo son, nos dejarían a merced de un ridículo mosaico de normas", afirmación ajena a su propia y cínica manipulación puesto que nadie ha cuestionado la circuncisión por razones médicas.

Una musulmana contra el "oscurantismo" islámico

Sin embargo, el diario iba mucho más allá dentro del soberbio clasismo 'progre' al afirmar cómo "no se necesita acosar a muchos compradores de supermercado para conseguir las firmas necesarias para una consulta como esta". Además, el editorialista apelaba a la autonomía de las autoridades locales para decidir en este tipo de asuntos, argumento que, al parecer, no conduce a "un ridículo mosaico de normas", donde si se le corta o no a un niño el prepucio depende de la autorización del ayuntamiento de turno.

Dicho sea de paso, cada vez más 'progresistas' comienzan a estar hartos del reverencial respeto y hasta sumisión que su bando mantiene hacia los judíos y, muy en especial, hacia los musulmanes. Precisamente, acaba de aparecer en Estados Unidos el nuevo libro de Irshad Manji, la escritora musulmana que no sólo se ha empeñado en luchar contra el masivo "oscurantismo" (sic) de su religión y de la mayoría de sus practicantes, sino contra los "progresistas occidentales" y su "corrección política" que les impide "criticar al islam o a sus culturas por miedo a ser catalogados de racistas", con lo cual "mantienen a los musulmanes en un estándar inferior" en cuanto a la reclamación de las libertades personales (ND).

Pero mientras estas cosas se dirimen y se modifican actitudes, una coalición de médicos, ciudadanos en general, y activistas en favor de los derechos de musulmanes y judíos han demandado a la ciudad de San Francisco por haber admitido la famosa pregunta sobre la prohibición o no de la circuncisión. Pero esta vez la estrategia ha cambiado. En lugar de la argumentada conculcación de derechos personales (personales para bebés y menores de edad en general) y religiosos (judíos y musulmanes), la acción judicial intenta esta vez atacar precisamente la supuesta conculcación de los derechos de las ciudades para establecer las normas "médicas" que consideren oportunas en este sentido.

Votantes tontos

Además, una pregunta de este tipo en una consulta "confundirá a algunos votantes y frustrará a otros", con lo que, de nuevo, comprobamos cómo los votantes padecen una sorprendente y repentina estupidez -tal que la de los "compradores de supermercado"- cuando la cuestión a dilucidar no es del gusto de los "activistas" progresistas, judíos y musulmanes. De esta forma, los argumentos sobre la "inconstitucionalidad" de la pregunta se convierten en apoyatura ideológica para un ataque de la medida que se pretende casi técnico, en el escueto nivel de las competencias locales.

En un país como Estados Unidos, donde según la Organización Mundial de la Salud, el 75 por ciento de niños y hombres están circuncidados por razones culturales -como por razones culturales no se practica en la mayor parte de los países europeos-, son los grupos religiosos los que una vez más están poniendo el grito en el cielo de sus deidades, extrañamente obsesionadas con el prepucio de sus fieles desde que nacen.

Una de las musulmanas que ha lanzado la acción legal contra San Francisco por admitir -según la legalidad vigente- la polémica pregunta, no sólo asegura que, de aprobarse, tal medida "infringiría mis derechos como musulmana para practicar (mi religión) aquí", sino que además, "también me arrebataría mis derechos como madre para elegir lo que es mejor para mi hijo". Lo que constituye exactamente el mismo argumento de los padres y madres que exigen el derecho de poder decidir sobre el clítoris de sus hijas, salvo que esta vez, la cosa va de niños y hombres, y en este caso las mezquitas y las sinagogas están blindadas contra quienes topan contra ellas.