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Mientras descalifican e insultan a sus propios fieles y un cardenal católico califica de "sagrado" al Corán
@JavierMonjas - 13/09/2014

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Las autoridades australianas han elevado el nivel de alerta antiterrorista. Se han decidido a hacerlo tras descubrir una célula clandestina de verdaderos creyentes prestando apoyo al ISIS, el primer califato moderno fiel a los sabios y píos mandatos del Corán. ¿Y quiénes están asustados ante la aparición de un nuevo nido yihadista en su propio país? Por supuesto, los musulmanes, pero no de sus hermanos más desahogados en el seguimiento del libro sagrado, sino, según proclaman, de los infieles que de forma tan artera oprimen a la siempre pacífica comunidad islámica.

Dicen los líderes islámicos australianos más aguerridos que elevar el nivel de alerta antiterrorista es convertir a los hermanos en injustos objetivos de una criminalización generalizada. Conclusión: los criminalizados por la grey islámica son los ciudadanos de la nación en la que se incrustaron sin que nadie los llamara. Y, por supuesto, no podía fallar la no menos imprescindible amenaza: Si -ejem- se produce un atentado, los responsables serán los sucesivos gobiernos australianos "por sus constantes agresiones e imposiciones" sobre los musulmanes.

No les faltarán aliados a los ofendidos. En especial, no les faltarán aliados entre las distintas iglesias, todas siempre tan caritativas con los "sufrimientos" e "injustos señalamientos" de los musulmanes, y tan repugnantemente silentes con el exterminio generalizado de las comunidades cristianas en los distintos países árabes y musulmanes. Por cierto, en este silencio se destaca -y mucho- la iglesia católica (universal, jerarquizada y centralizada), cuyo jefe reparte tibias equidistancias allí donde va, y a quien jamás se le ha escuchado siquiera una palabra de aliento para quienes son aniquilados -sin la piedad que incluso Jesucristo mereció- en la mayor limpieza religiosa presenciada en el planeta desde hace siglos.

En apenas unos pocos días, un destacado cardenal católico, un arcipreste ortodoxo y una potente organización de iglesias protestantes han prestado apoyo incondicional a los musulmanes a la vez que, en algunos casos, han descalificado de forma ultrajante a sus propios fieles cristianos.

En el estado de Oklahoma, dos parlamentarios estatales, ambos republicanos, hablaron claro tras presenciar la coránica decapitación del último periodista masacrado por el califato. Uno, John Bennett, dijo: "El Corán claramente ordena que los no musulmanes deben ser matados. Cuidado con quienes se proclaman estadounidenses musulmanes, en especial si eres cristiano".

Tras la inevitable tormenta, el presidente del Partido Republicano en Oklahoma City, prestaba apoyo a su compañero: "El islam ha existido durante los últimos catorce siglos [amparado] por la espada. Se ha extendido principalmente por la espada", por lo que los cristianos harían bien en sentirse concernidos por lo que sucede en el Oriente Medio.

Era de esperar la agria petición de dimisiones y responsabilidades políticas por parte del siempre activo y [oscuramente] bien financiado Consejo de Relaciones Islamo-Americanas. Lo que no era tan de esperar era la afrentosa condena de la Conferencia de Iglesias de Oklahoma. El director de la organización, el -seguramente- muy reverendo, William Tabbernee, dijo que "en nombre de las iglesias" a las que representaba, "quiero pedir disculpas a la comunidad musulmana por lo que una ínfima minoría ha hecho".

A ninguno de los dos políticos se les ha pasado por la cabeza dimitir. Bennett ha respondido: "Prometí defender y luchar por los valores de Oklahoma y de Estados Unidos. Ni voy a dimitir, ni me voy a disculpar". El jefe del partido, por su parte, calificaba de "ridícula" la posibilidad de una dimisión.

No pensará lo mismo monseñor Theodore McCarrick, arzobispo emérito de Washington y uno de los más prominentes boicoteadores de cuanto intento regulatorio de la inmigración ilegal centro y sudamericana a Estados Unidos -mayormente, católica- se ha acometido en los último años (ND). En una reunión organizada por el Consejo de Asuntos Públicos Islámicos, el reverentísimo cardenal comenzó su intervención con las siguientes palabras: "En el nombre de dios, el clemente y compasivo". Y tras el saludo ritual islámico en plan imán, la descarga colaboracionista.

"Las enseñanzas sociales del catolicismo están basadas en la dignidad de la persona humana. Cuando estudias el sagrado Corán [sic], cuando estudias el islam, eso es básicamente lo que enseñó Mahoma el profeta, la paz esté con él [sic]". En unas declaraciones periodísticas, la Asociación de Coptos de Estados Unidos no se mostró muy de acuerdo con la interpretación del bendito cardenal. Hay quien se preguntaba si McCarrick se había "convertido" al islam ante tal abrumadora cantidad de genuflexiones al "sagrado Corán" y a cuanta exclamación ritual expresa un musulmán cuando se refiere al profeta o a su dios.

Seguramente, McCarrick, a su venerable edad, ha alcanzado la sabiduría. Es mejor someterse porque el futuro es de los musulmanes. Así lo cree, sin ir más lejos, otro pope de los gordos, este, arcipreste ortodoxo, que lo es de todas las Rusias habidas y por haber. Y Dmitri Smirnov está más cabreado que una mona (que lo esté) con los cristianos en general y con los ortodoxos en particular.

Resulta que una mujer mayor le dijo que el taxista [cristiano] le había cobrado la carrera cuando iba a misa. Y, aparentemente, conductores musulmanes no lo habían hecho en otras ocasiones cuando se dirigía al mismo destino. El acontecimiento planetario hizo estallar de ira al arcipreste ortodoxo. "Un musulmán que te trae a la [celebración de la] Pascua o a cualquier otra cosa está más cerca del Mesías que un cristiano que quiere dinero, porque el conductor cristiano no tiene compasión, ni piedad, ni generosidad en su corazón".

"De hecho, durante sus festividades [musulmanas], la gente se asusta de entrar en sus zonas [musulmanas en Moscú] porque hay decenas de miles de jóvenes musulmanes arrodillados y adorando a dios", dijo el arcipreste. Y remató: "Por esta razón, el futuro pertenece a los musulmanes. El futuro es suyo. De ellos será esta tierra porque los cristianos de hoy no necesitan estas cosas".